Pablo, 30 años, Santiago, Chile

Man on Racing BicycleHola, mi nombre es Pablo. Creo que no se puede poner el apellido, pero me da lo mismo porque todo el mundo que me conoce sabe que soy homosexual, o eso creo. Soy de Santiago de Chile y tengo 30 años. Soy abogado, me va normal y en el aspecto laboral soy feliz. Llegué a la página por casualidad y sentí una especie de responsabilidad en contarles mi historia. Leí muchos testimonios de niños, adolescentes y algunos jóvenes que están sufriendo mucho. Incluso algunos hablan de suicidio. Eso me preocupó mucho, me entristeció y me pareció bueno hablar las cosas por su nombre.

Me di cuenta que me gustaban los hombres a los 12 años cuando vimos una porno heterosexual escondidos con compañeros de colegio. Por lo que me habían enseñado, se suponía que tenía que excitarme con las mujeres, sus partes íntimas, y el placer que recibían ellas. Pero para mí fue tan natural que me fijara en el hombre, en todos sus aspectos físicos. No lo entendí al principio, pero después tenía impulsos sexuales mirando otros jóvenes en la calle, en el colegio, etc. De hecho fue muy natural que mis masturbaciones fueran pensando en hombres. Nunca me pasó eso de tener la primera experiencia sexual con el compañero de colegio (como después me han contado que es casi normal), yo era muy asustadizo.

Estudié en un colegio de puros hombres, católico y progresista en lo social, en el cual predomina el fútbol, el bullying al distinto, al que se equivocaba, etc., se exigía una masculinidad base (muy mal entendida, por su puesto). Yo zafé de que se burlaran de mí porque no soy afeminado, pero sí homosexual, entonces no me molestaron, fueron otros quienes tuvieron que pasar por ese injusto infierno. Nunca jugué fútbol (cosa que no creo que tenga que ver con o ser homosexual), pero también me salvé porque era parte del grupo “intelectual” del curso. Sin embargo, el progresismo de este colegio sólo nos enseñaba a ser iguales como personas en cuanto a lo material, a no tener diferencias por razones socioeconómicas (aspecto que lo agradezco como formación, por que hasta hoy pienso así y así mismo he encausado mi vida), pero no en cuanto a la diferencia ni diversidad sexual. Jamás se habló de la homosexualidad como algo normal, como una condición más, si no que se entendía como algo malo, con connotación negativa. Eso se lo reprocho hasta el día de hoy a ese colegio, que sin embargo sigo queriendo tanto.

Pasaron los años y mi angustia fue en aumento. Me paseaba por mi casa rogando a dios que me gustaran las mujeres (actualmente soy absolutamente ateo, pero por un tema intelectual más profundo, no por ser homosexual y los conflictos con la religión que eso conlleva), era un sentimiento de angustia máxima, sin precedente. Desde esa época me HE querido CASAR y TENER HIJOS con la persona que me case, y en ese tiempo lo veía como imposible siendo homosexual. Me obligaba a conocer mujeres, a tener pololas, a hablar de eso con mis amigos, a hacerme el “tipo que le gustan las minas”. No me iba mal por que no soy mal parecido, pero tuve suerte por que mis pololas (a quienes quise mucho, porque fueron más bien buenas amigas) eran “cartuchas”. Mi vía de escape era internet.

Mi adolescencia fue doble. Las fiestas con las amigas, la relación de cariño con los amigos, la relación familiar, pero en las noches o cuando podía conocía hombres en algún chat y de ahí al MSN, y sacaba mi excitación haciendo cosas por cámara. Siento que fue hace tanto tiempo cuando algunas personas ya salidas del closet o no salidas me hablaban para conocernos como seres humanos, no para tener sexo: eso me aterraba y siempre respondía que no. Yo pensaba que dar ese paso era el fin, el inicio de otra vida. El juntarme con otro homosexual era un paso mayor. Y yo no conocía ninguno en mi vida “pública”. Qué terror tenía. Veía como pasaba mi vida por delante de mis ojos en ese aspecto tan relevante (el sexual-emocional) y no la vivía (ni siquiera escondido), y como siempre he pensado que algunos homosexuales por tener esa doble vida tenemos una comprensión mas madura de la existencia, me daba cuenta que no la vivía. Sí, se sufre, pero sigan leyendo sobre alguien que sufrió igual que ustedes y no se dio por vencido en el camino….

Yo ya hice mi “duelo” como dicen los psicólogos, pero me habría encantado tener un pololo a los 15, 16 años, incluso a los 20 cuando estaba en la Universidad estudiando Derecho. Y hacer las cosas que todos mis amigos hacían con sus pololas. Cosas normales. No sé… haberme ido a esos viajes a la playa o al Valle del Elqui con un pololo. Bueno, no las hice en ese tiempo… y me arrepentí de más viejo.

A los 22 años iba en el último año de carrera, estaba con una polola. Siempre he pensado si lo hacía para aparentar o porque nos llevábamos bien y era “lo que había que hacer”. Claramente cada vez que empezaba lo sexual, me venía una angustia indescriptible que no quiero volver a tener. Terminé con ella y no sé por qué, ni qué me pasó, porque me atreví y un día decidí conocer a alguien del MSN para juntarnos a comer algo. Creo que fue natural, la vida es sabia a veces, fue casi inconsciente. Tenía nervios, miraba a todos lados, llegó, hablamos, me gustó y fue el primer hombre con el que me besé después de un tiempo y tuve sexo. Empezamos una relación oculta. O sea, ¡perdí mi virginidad a los 23 años!. Empezamos a salir, y empezó el acoso de los amigos.

Tengo que ser sincero jóvenes amigos: nunca me ha gustado la mentira ni la omisión y para mi el closet es mentir y omitir. Lo siento, pienso así. Así me lo enseñaron. Estar almorzando en mi casa con mis papás y hermanos, estar con mis amigos, y estar con este alguien en las sombras no lo soporté. Si analizamos el closet desde que alguien empieza a estar con hombres, el mío duró solo un año. Si es desde que gustan los hombres, fueron 10 años. Pero después de casi un año que conocí a mi primer hombre, el día que cumplí 24 años y ya no estaba con él, porque no resultó no más, la mentira (de ser homosexual y tener que aparentar ser heterosexual) me tenía tan podrido que me fui en auto a tomar al Cerro San Cristóbal, y no respondí llamadas, ni nada (algo muy irresponsable por lo demás, no lo hagan).

Volví a la casa de mis padres y mis hermanos me querían pegar, mis padres desesperados y dije “basta”. Llevé a mis papás a su pieza y empezamos a hablar, y les dije. Fue algo increíble. Tantos años sintiéndolo, pensándolo, ocultándolo, el tema de mi vida, porque así lo era y se lo estaba diciendo a gente real de mi ambiente. Nadie lloró. Mis papás son progresistas en lo social, pero conservadores en lo valórico. Pero también son de esos papás que aman a sus hijos por sobre todas las cosas. Sé que no entendieron, pero me dijeron que me querían. Eso no quiere decir que en los años posteriores hemos analizado con peleas la situación, yo he exigido respetos, pero cuando personas de closet me dicen “tuviste suerte con tus papás”, yo digo que tal vez sí, porque simplemente me querían, pero nunca lo entendieron. El sufrimiento estuvo igual. De más está decir que fue una pésima salida del closet, algo traumática. Fue tan raro todo ese tiempo, ya son 7 años, es como una vida entera con todo lo que ha pasado. Después vinieron mis hermanos, ambos también progresistas, pero ninguno con amigos homosexuales o que pudieran entender. No hubo problemas, o si les dolió o molestó no me lo dijeron nunca. También a mi hermana chica de 14 años, se lo expliqué con cariño y tranquilidad.

De a poco le comencé a contar a mis amigos. Fui por partes, empecé por mi mejor amigo, se sorprendió, me dijo que me iba a querer siempre, que era raro, pero que lo contaba con tanta seguridad y “pachorra”, que no había nada más que decir. Le dije que nuestra amistad claramente estaba basada en una historia, viajes, lealtad, cariño, conocer a nuestros padres de tantos años… no éramos amigos por que nos gustaran las mujeres y por ende no teníamos por que dejar de serlo. Luego le conté a varios más. Dejé a uno de los que más quiero para el final. El más “bueno pa’ las minas”, para la talla sexual, morbosito, pero mi gran amigo. Yo tenía miedo, él es machista, es de bromas, pero fue el más cariñoso, me dijo que siempre íbamos a ser amigos, y que sus hijos el día de mañana podían ser mis hijos, que todo iba a estar bien. Fue uno de los momentos más lindos de mi vida… a todos les pedí que por ahora quería estar en un closet moderado, que no lo dijeran, no lo hicieron.

Yo un día entendí que nací así, que soy igual a todos mis amigos, hermanos, familia, y mundo en general y que no tengo por que andar con miedo por la vida porque al resto le puede molestar una condición mía. Tampoco me tiene que gustar Madonna, ni el pantalón pitillo, ni decirle amiga a mis amigos, ni reírme del show del transformista y sus tallas sexuales, no me van esas cosas y punto. Pero el hecho es que soy homosexual y me gustan los hombres igual. Haganse respetar.

Fue largo, pero es mi testimonio. Gracias,

Pablo

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Una respuesta a “Pablo, 30 años, Santiago, Chile”

  1. JuanEs1eban 13 octubre 2014 12:51 pm #

    Muy buen testimonio, me sentí bastante identificado porque mi colegio es de esos católicos progresistas y, probablemente, sea incluso el mismo (aunque prefiero dejarlo en un romántico misterio).

    En mi caso nunca me di cuenta (o la negué) de mi orientación hasta mis 31 años, en parte porque mis únicos amigos eran machistas y homofóbicos y mi entorno era muy represivo sexualmente. En lugar de preguntarme porque me gustaban los hombres, me preguntaba porque era tan diferente y no me gustaban las “minas”.

    Tampoco corrí mucha suerte con esos “amigos” que lo único que sabían eran hundirme, a pesar de que me divertí con ellos.

    Y me llama la atención tu testimonio porque en general, yo sentía que yo era diferente en mi posición a la vida, cuando en realidad esos “amigos” (del cual comparto el mismo colegio) eran los cerrados a la diversidad, algo que me hace sentir muy bien en este momento. Fue tanto que hice de mi algo habitual el sufrir y considerare que estaba equivocado en todo.

    Gracias por tu testimonio.

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