Ara, 14 años, Asunción. Paraguay.

Girl On TracksMe recomendaron la página hace unos días, y me dio cierta confianza para desahogarme. Soy una niña bisexual y católica,  de esas que van a la Iglesia todos los domingos. Además, disfruto escribiendo, y escribo sobre temas del neobarroco (homosexualidad, travestismo, la búsqueda de una identidad, lo punk/gótico… en fin, gente que otra gente no considera del todo gente) porque sufro de una empatía demasiado intensa y mi objetivo ha sido siempre crear una conciencia de que todos somos verdaderamente iguales.

Bueno, yo nací en el seno de una familia católica (aunque mis padres van a la Iglesia solo para bautizarnos y no vuelven a pisarla). A los 4 años, mis padres y yo nos mudamos para que yo pudiese estudiar. Nos mudamos con mis abuelos, ya que era gratis. Ahí empecé a ir a un colegio de monjas, pero como estaba bastante caro, me mudaron a otro, igualmente católico. Me acostumbré a ir a la Iglesia casi todos los días con mi abuela. Rezaba con ella en casa, y también la ayudaba a limpiar copas y platos para la Misa, ya que ella se encargaba de eso. Nunca me disgustó la Iglesia ni ayudarla.

A los 7 tuve que mudarme, pero continué en la misma escuela. Como la anterior, Iglesia a la que iba estaba lejos, empecé a ir a una parroquia en la que nunca hice amigos. Yo debía ir a la Iglesia sola, porque a mis padres les parecía tedioso.

El mismo año que hice la Comunión, cuando tenía 9 años, me fijé por primera vez en un chico. Él era de la escuela, y era, con todo respeto, un idiota.

Siempre fui muy diferente a las niñas de mi edad. MUY diferente. A los 8 años ya había tenido mi primer periodo y estaba muy desarrollada. Se burlaban de mí por eso. Además, leía muchísimo. Nunca había sentido asco o pudor por temas sexuales, y me dejaban leer libros para adultos (bueno, lo más probable es que mi madre no hubiese sabido que esos eran libros para adultos, pero el punto es que los leía). Estaba enterada de muchas cosas.

La primera vez que  escuché de alguien bisexual fue cuando practicaba teatro (ese mismo año). Ya sabía qué era la homosexualidad. Sabía que Oscar Wilde era homosexual, por ejemplo, pero nunca había escuchado de alguien bisexual.

Me presentaron a un chico, cuyo nombre no recuerdo, al que llamábamos Cebra. Era todo un personaje. Usaba tacones y estaba lleno de perforaciones. Era algo molesto y afeminado, pero llegué a tomarle cariño.

Para el año siguiente, tuve que mudarme. Como no tenía teléfono ni e-mail, no pude mantener contacto con mis viejos amigos. Lloré mucho, principalmente por ese niño idiota que había conocido en la escuela.

Empecé a ir a un colegio extremadamente estricto. Me fijé en una niña por primera vez. Mi corazón se disparó apenas la vi. Era muy diferente a todas las personas que había conocido en mi vida. Fueron unos meses muy confusos. Al acostarme pensaba en ella sin darme cuenta. Cuando lo notaba, me repetía a mí misma que “no, no, no, no y no”.

Conocí a varias personas nuevas ese año. Como me sentía sola, me creé una cuanta de FB y me hice amiga de un chico 6 años mayor que yo. Se convirtió en mi mejor amigo y confidente. Gracias él superé muchas cosas.

Volví a fijarme en otra chica. De nuevo, me decía a mí misma que no y que no.

En ese tiempo, estaba en el coro de la iglesia y asistía frecuentemente. Me refugiaba en la iglesia cuando me encontraba mal y siempre encontraba gente que me apoyaba. No digo que la Iglesia fue lo que me llevó a pensar que estaba “pecando”, porque aunque se supone que la Iglesia Católica ve mal esas cosas, nunca tocábamos el tema en Catequesis. Quizás fueron mis padres, quienes son muy homofóbicos.

Después de dos años de hablar con el chico de Internet, me di cuenta de que estaba enamorada de él. De nuevo, mucho tiempo me dije a mí misma que estaba mal porque él tenía 18 y yo 12. Él me consideró siempre una hermana menor.

Al final, acabé aceptando en mi interior que lo quería, pero no tenía a quién decírselo, con quién desahogarme. Yo seguía yendo a la Iglesia, y recé para que Dios me enviara a alguien. Aparentemente me escuchó. Ese año conocí a la niña que hasta ahora es mi mejor amiga.

Además, alrededor de junio, una vez que llovía mucho, resbalé en el lodo y un chico que iba por el mismo camino empezó a reírse de mí. Le causó tanta gracia que decidió hablarme. Nos presentamos y nos hicimos amigos.

Un tiempo después, hubo una tormenta horrible que cortó la corriente eléctrica de la ciudad por una semana. Apenas volvió la luz, decidí ir a la escuela. Estuvimos menos de 60 de los más de 1000 alumnos de la escuela, y entre ellos el chico que aquella vez se rió de mí. Como no estaba ningún otro conocido, pasamos todo el día juntos y en un par de horas, sabíamos todo el uno del otro. Me contó cosas muy personales, y decidió decirme que era gay. Yo lo tomé con naturalidad, no me importaba mucho. Confesé que estaba enamorada de un chico 6 años mayor que yo.

Pasaron como dos años desde entonces, y este año,  por ciertas razones, empezaron a molestarnos a mí y a mi mejor amiga diciendo que somos lesbianas. Dos personas, mi primo y un chico que siempre estaba con nosotras y nos consideraba sus mejores amigas, lo tomaron con mucha naturalidad, tanto que costó hacerles entender que no era verdad. El resto de la gente se volvió algo rara, hasta que un chico me dijo que estaba enamorado de mi amiga y quería que yo lo ayude. Él se encargó de desmentir los rumores.

Por ciertas razones, una de las chicas por las que solía sentir algo se volvió muy cercana a mí. Empecé a recordar lo que sentía por ella. Aunque sigo enamorada del chico de internet, me sentí muy atraída por esta niña. No soy el tipo de persona que suele sentir atracción meramente física, así que honestamente no me importa. Pero recordé que estaba enamorada de ella. Empecé a analizar las cosas, y llegué a la conclusión de que soy bisexual.

Solo lo saben 3 personas: el chico de internet, la niña que creían que era mi pareja, y el chico que se rió de mí cuando caí en el lodo. Los tres me apoyaron mucho.

Para desahogarme, decidí hacer lo que hago desde pequeña: escribir. Hice dos cuentos sobre el tema. Asisto a clases de literatura y decidí mostrarle los cuentos a mis compañeros y a mi profesora, sin decirles que había descubierto mi sexualidad. No les importó.

Siempre he tenido un gran problema, y es que mis padres quieren que escriba sobre temas inocentes y adorables. Nunca aceptarían ni los cuentos ni mi sexualidad. Los chicos de la clase de literatura saben cómo son mis padres y por eso no puedo compartir ciertos cuentos en los encuentros con el público que solemos organizar. He recibido muchos consejos, y sé que aunque no les haya dicho que soy bisexual lo saben. La profesora me dijo esto, y me imagino que no se refería solo a mis cuentos: Algún día tendrás que defender los temas sobre los que escribes. No tiene nada de malo que quieras escribir sobre esto. Vemos gente así todos los días y ni tú ni tus padres pueden vivir en una burbuja.

Ahora me gustaría ser más abierta con el tema. Me molesta mucho tener que mentir con respecto a mi sexualidad. Por otro lado, se que los bisexuales son discriminados incluso por homosexuales, y que escucharé que “¡No pueden gustarte las dos cosas!”. Me han dicho que podría estar confundida, porque soy virgen, nunca di mi primer beso, nunca tuve novio, nunca probé nada… ¡pero la primera vez que me fijé en una chica tenía 10 años! Me da miedo lo que puedan pensar en la escuela y en la Iglesia. Me conocen demasiado como para intentar cambiarme, pero no sé cómo reaccionarán. Fue en la Iglesia donde aprendí que no está mal marcar la diferencia y a “hacer lío” (sí, usamos esa frase muy seguido ahora), y siento que me apoyarán una vez más. Además,  me da esperanzas el Papa Francisco xD

No digo que quiero ir por ahí con un cartel pegado a la frente que diga que soy bisexual, pero si la sociedad me permitiera ser más abierta con ello estaría bien. A cierta gente le molesta mucho de lo que hago y no dejó de hacer cosas solo por eso, así que no sé por qué debería ser diferente esta vez. Aún así, estoy feliz de saber que tengo gente que me comprende y me apoya, aunque sean pocos.

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Matías, 25 años, Ecuador
Muchos saludos, soy Matías, tengo 25 años y soy un Tr@ns masculino. Desde chico me sentí disconforme con mi cuerpo... pensaba siempre por qué mi hermano mayor podía sacarse la polera y yo no. Pero gracias a Dios, tengo una familia espectacular. A los 17 años recién les conté lo que me pasaba y...
Pablo, 29 años, México.
Hola, que tal, amigos de Joven Confundido. Les escribo desde algún lugar de México. Les escribo porque paso por una etapa de mi vida en la que de pronto la soledad comenzó a pesarme. Tengo 29 años, soy homosexual y hace ya un par de años que oficialmente dejé de ser un joven confundido. Bueno, co...
Juan, 22 años, Montevideo. Uruguay
Hola, buenas noches al equipo de JC. Me llamo Juan, soy de Montevideo, Uruguay. Acudo a este sitio para contar mi historia y sobre todo encontrar respuestas. Tengo 22 años y desde hace algunos años me viene atormentando algo que muchas veces me provocó depresión y estados de ataques de ansiedad por ...

2 Respuestas a “Ara, 14 años, Asunción. Paraguay.”

  1. Pablo 5 octubre 2014 10:03 am #

    Amiga y hermana en Cristo: sigue adelante “haciendo lío” y nadando contracorriente, que eso forja a las personas de verdad. Un abrazo fraterno.

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    • robert 13 octubre 2014 13:14 pm #

      Hola Ara,

      Yo soy bastante abierto. Quizas sea por que soy extranjero. Asi que si te comunicas conmigo haremos amistad y tal vez algo mas…

      Robert

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