Daniel, 25 años, Arica – Parte II

Coffee 8…continuación

Dogmas, Ignorancia y Prejuicios con los que crecemos

Es increíble, pero a la vez tan lógico que tu entorno, tu familia, tu realidad, las creencias, todo, te predisponen a odiar, a rechazar y temer a lo que somos. A esto sumémosle que en televisión, Internet y otros medios, ves a homosexuales o personajes que se convierten en iconos y ellos son objeto de burlas y risas de todo el mundo. El común de la gente, cree que todos los gays somos iguales. Que somos afeminados, que somos expertos en moda, que nos encanta la música de divas, que tenemos un tono de voz suave, que caminamos diferente, que amamos a los gatos, entre tantos y tantos prejuicios.

Ahora, igual me parece algo extraño que nosotros mismos nos discriminemos, ¿No deberíamos hacer todo lo contrario? Aceptar la diversidad dentro de la misma comunidad homosexual. Nosotros mismos deberíamos empezar a ser más tolerantes, a no denostar a nadie o creer que somos mejores que otras personas. Deberíamos ser más empáticos, si somos tan víctimas de discriminación como cualquier otro grupo que sea minoría. Por otro lado, también pienso que el odio y la discriminación a los homosexuales, no es más que ignorancia. Yo mismo me declaraba ignorante a lo que soy realmente, llevado por los prejuicios, y si le agregamos la religión, tenemos como resultado un rechazo categórico.

Poco a poco, tuve que empezar a aprender e instruirme acerca de lo que es ser homosexual y desinstalar de mi mente este rechazo inculcado desde niño por nuestra sociedad. Es una lástima que en Chile no se nos enseñe nada de esto, ya sea en colegios, medios de comunicación, empresas privadas y públicas. Que de una vez por todas se eduque a la población y así podamos librarnos de esta cultura del odio que existe en nuestro país. Cambiarla por una cultura de la integración, del respeto y la tolerancia. Espero que la Fundación Sin Odio, ayude en esto, pero que en el largo plazo sea finalmente el Estado que realice políticas públicas y legislaciones efectivas para educar a la población en estas materias, como ya otros países lo hacen.

Compartiendo mi secreto con Jaime Parada Hoyl
La idea no es compartirlo con cualquiera, idealmente confesar tu “secreto” a un “igual”, a alguien de la misma orientación. Una persona que te escuche, que te brinde su experiencia, te aliente y te cuente cómo lo vivió. Pensé que necesitaría un pololo para hacerlo o un amigo gay. Pero no tuve nada de eso, muy por el contrario, sólo un desconocido, pero no cualquier “NN”, sino que Jaime Parada Hoyl, Concejal de la comuna de Providencia. Activista de Derechos humanos. Defensor de los derechos de las minorías sexuales. Jefe de Proyectos de la Fundación “Sin odio” y antes vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual. Una clase de Superman de los Gays.

Antes de reunirme con Jaime, había leído su libro “Yo, gay” y sentí la impetuosa necesidad de escribirle una carta contándole acerca mis opiniones y similitudes que tenía con él, además de contarle de mi vida. Me respondió que mi historia lo impresionó, que se emocionó hasta las lágrimas, que quería ayudarme y conversar conmigo. Mantuvimos contacto por email y luego nos empezamos a seguir vía Twitter. Nos juntamos a la semana, la idea era tomar un café. Él ya me había invitado antes y rechacé su invitación, pero con los días cambié de parecer.

Fue un Jueves 06 de Marzo, lo recuerdo bien, porque al día siguiente tenía un vuelo de retorno a Arica, ya que era el cumpleaños de mi hermano menor y debía volver a trabajar. Mis vacaciones habían terminado. Jaime llegó tarde y lo único que quería era precisamente que no llegara. En mi mente repetía, “qué no llegue este huevón, qué no llegue este huevón”. Incluso, ya estaba con la idea de dejar avisado que simplemente me iba, pero volvería después. Claramente para no hacerlo, pero finalmente y mientras yo hablaba por teléfono, Jaime llegó.

Estuvimos hablando casi una hora, y si me preguntan qué me dijo exactamente, qué fue lo que más me marcó de conocerlo, la verdad es que no lo recuerdo con claridad. Estaba tan nervioso, que bloqueé algunas partes de ese encuentro. Reunirme con él a conversar fue una experiencia muy incómoda para mí. Era la primera vez que conversaba con un homosexual y que a la vez esta persona supiera que yo también lo soy. Tenía escalofríos, el lugar del café tenía aire acondicionado encendido. En un comienzo fue muy atento conmigo y me sirvió un café con leche y me dijo que si quería comer algo, a lo que inmediatamente respondí que no, después de todo yo había desayunado, pero Jaime aún no.

Luego me empezó a hablar y fue algo golpeado, sentía que me retaba. A veces, Jaime levantaba un poco la voz, y había más gente en el café. No quería que escucharan de qué hablábamos, me quedaba mirando a los demás para ver si habían oído algo. La verdad, es que esperaba mayor empatía de su parte. Luego, recuerdo que le comenté vía Twitter, que tuve la sensación de que mientras conversaba con él, sentía que me retaba, y él me dijo que necesitaba que alguien me remeciera. Jaime tenía toda la razón.

Él me manifestó que ya se ha reunido con muchas personas en mi misma situación, los testimonios que recoge pueden ser útiles para muchos otros. Creo que se ha reunido con varias decenas de personas y recolectado muchos más testimonios. Recuerdo una frase de Jaime: “El activismo hoy es el testimonio”. Eso es lo que estoy haciendo a través de estas palabras. Siento que me le debo a mí mismo y es una forma de gratitud hacia él. También lo hago para ayudar a otros en este proceso auto aceptación y salir del clóset, que en mi opinión, es el más difícil en la vida homosexual.

A Jaime le comenté que la temática homosexual es muy “distinta” en regiones que es de donde yo provengo. Mientras que en Santiago Centro, Providencia, por decir algunos lugares, vi a parejas homosexuales tomadas de la mano en pleno día. Por lo menos yo, no había visto nunca esto en Arica, y la verdad me chocó, me hizo sentir extraño y preocupado a la vez, como queriendo decir, ¡Qué hacen! ¡Suéltense, es peligroso!, pero eso también me expondría a mí. Si yo sentía eso siendo gay, ¿qué pensará un heterosexual? Ahora, cuando los veo, incluso hasta les regalo una sonrisa. Son personas valientes.

El día anterior que me reuní con Jaime, me avisaron que podía quedarme trabajando en Santiago, porque además me aceptaron en la Universidad de Chile para continuar estudios de perfeccionamiento allí. Así que no tenía que regresar a Arica. Realmente era como un escape quedarme en Santiago, un verdadero regalo para saber realmente quién soy y lo que quiero ser. Si soy honesto, diría que esa fue la principal razón por la cual decidí estudiar y trabajar en la capital. Jaime me comentó que él en su tiempo hizo lo mismo.

Cuando me despedí de Jaime y como sabía que tenía que ir al trabajo a ver si estaba todo lo necesario para desempeñar mis labores allí, decidí caminar a aquel lugar. Caminé alrededor de una hora u hora y media, pensando y pensando en todo lo que Jaime me dijo.

En otra oportunidad, me pude reunir con Jaime nuevamente. Fue un sábado 15 de Marzo, en una Librería en Providencia donde él estaba firmando su libro. A propósito de que la vez anterior olvidé pedirle que lo hiciera. Cuando llegué había mucha gente y claramente gays que compraron el libro para que Jaime les escribiera una dedicatoria. Mientras esperaba a que Jaime estuviera solo, busqué un libro con el que me sentía identificado, “Las ventajas de ser invisible” de Stephen Chbosky. Debo reconocer que aquel libro me fascinó y que es muy superior a la película. Realmente me identifiqué mucho con el protagonista. Bueno, luego de 15 ó 20 minutos decidí a acercarme y hablarle, él tenía mucha gente alrededor, pero finalmente me atreví y conversamos un rato.

Me escribió la dedicatoria, la leí y me gusto. Recuerdo que le dije que iba a contarle a mi hermano mayor que soy gay. Yo vivo sólo con él actualmente en Santiago. Luego, viajaría a Arica a contarle a toda el resto de mi familia. Me despedí, le di la mano y un abrazo, algo forzado debo reconocer, pero me fui tranquilo. Quien iba a pensar que esa dedicatoria sería clave en el “momento de la verdad”. ¡Qué curioso!, cuando leí el libro de Jaime Parada, y le escribí una carta con mi historia, en ella le decía que iba a estar en el clóset de forma indefinida, que veía tan lejana y compleja la idea de salir. Pasaron unos días más y finalmente ¡¡¡Lo hice!!!

continuará…

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