Miguel, 23 años, Lima. Perú

Kareem ... Young ... Gifted ... and Black ....¿Quién soy?
Hola a todos. Soy Jorge tengo 23 años y vivo en Lima. Me reconozco como homosexual, y no he tenido problemas en cuanto a mi aceptación personal. Sin embargo, mis problemas empiezan de mi mente hacia afuera. Nadie sabe de mi boca que soy homosexual, aunque pienso que hay gente que lo sospecha. Me considero un hombre, soy formal en todo sentido, no discrimino a los “extravagantes” o “locas”, pero considero que contribuyen a la estereotipación negativa del homosexual en la sociedad.

El contexto de mi vida
Vivo con mi madre, ama de casa, encargada de alquilar algunas propiedades nuestras, y mi hermana, estudiante universitaria como yo. Mi padre migró cuando tenía 10 años a los EE.UU. y desde entonces nos envía dinero para nuestra subsistencia. Sólo nos comunicamos con él por teléfono o Internet. He vivido entre dos mundos distintos. Mi padre, progresista pero de orígenes humildes, tiene una familia numerosa de gente venida de provincias, tradicional, machista y conservadora. La familia de mi madre es diferente, tiene la rama de mi abuela, familia de la costa norte de mi país, similar a la familia de mi padre, y la rama de mi abuelo, cuyos hermanos ascendieron socialmente casándose con gente adinerada, de buena posición, económicamente envidiables, con sus hijos en los mejores colegios de Lima. Sin embargo, también muy conservadores y celosos guardianes del “qué dirán”, gente elitista y que se fija en todo.

En cuanto a mi salud, sufro desde niño de una alergia que considero ha limitado considerablemente mi desarrollo social y personal. La dermatitis atópica empeora con el estrés y es por eso que hasta ahora continúo con ese círculo vicioso. He llegado al extremo de nunca usar camisetas de manga corta ni shorts. Evidentemente hace muchos años que no voy a la playa o la piscina. Las secuelas de esta alergia han mermado mi autoestima.

Mi historia
Siempre crecí con el estigma de ser alguien “diferente” al promedio de los chicos. Mi madre alguna vez me contó que hasta cierta edad (3 años estimo) parecía un niño “normal”, pero desde que un día golpeé a mi primo y mi tía me regañó duramente, mi carácter cambió volviéndome una persona insegura. A veces me pregunto si eso tendrá que ver algo con mi orientación sexual (es una cuestión que me llena de dudas cuando trato de convencerme que la homosexualidad es algo con lo que se nace).

Mi primera infancia transcurrió relativamente tranquila, pero siempre mantuve una tensión permanente con las personas con las que convivía a diario, mis compañeros del nido (kindergarten). Recuerdo ser el “acusete” del aula, siempre fijándome en algún mal comportamiento para avisar a la profesora. Esa actitud me crearía anticuerpos con el resto del aula, ya que pasaría a la primaria con los mismos compañeros.

Antes de continuar con la siguiente etapa de mi vida debo contar una experiencia importante de mi niñez. Tenía 4 ó 5 años. Recuerdo a mis padres en su habitación echados en la cama con mi hermana (año y medio menor que yo) viendo la TV. No recuerdo bien por qué lo hice, pero a modo de travesura, me fui a la habitación contigua, donde había ropa recién lavada, y entre la ruma de ropa había un vestido de blondas de mi hermana. Lo tomé y me lo puse. Esa fue mi primera experiencia con una parafilia de la que no he podido librarme, y que me acompaña hasta ahora: el travestismo (aunque sólo íntimo y muy discreto, nada de transformaciones).

Luego pasaría a primaria. Allí las cosas se volverían más complicadas. Las diferencias con mis compañeros se hacían notorias. No jugaba al fútbol con mis compañeros, evitaba involucrarme en sus juegos de cartas y el trato era tenso con la mayoría de ellos. Me pasaba los recreos en la biblioteca para evitarlos. Sin embargo tuve un “amigo” en aquella época, lo llamaba siempre que necesitaba las tareas, él era muy amable, lo llegué a invitar a mi cumpleaños, hasta que un día me enteré por mi madre (que había hablado con la madre de él) que el chico lloraba cuando lo llamaba para pedir los apuntes. Me di cuenta en ese momento que lo había convertido en un instrumento. Por supuesto, dejé de llamarlo y me di cuenta que el que alguien sea amable contigo no significa que le caigas bien, a veces sólo lo hacen por cortesía.

Durante la primaria recuerdo un lamentable episodio. Un muchacho de un grado superior me llamó “maricón” por no querer jugar fútbol con su grupo. Yo no medía consecuencias y en mi inocencia le conté a mi padre que inmediatamente fue al colegio y solicitó hablar con el susodicho. Nunca supe qué le dijo, sin embargo desde ese momento se volvió diplomático conmigo. Ese fue el primer incidente que tuve a causa de mi orientación sexual.

Fue a finales de esta parte que mi padre migra al extranjero. El esquema cambió. Mi madre pasó a tener el control. Ella es una persona poco afectuosa, bastante agotada por el rol que le toca vivir. Tengo una relación bastante tensa con ella, nos tratamos bastante mal a veces. Ella vive obsesionada con el tema formativo y educativo. Lamentablemente parece que a veces pierde el control y la casa pasa por temporadas de total descuido material.

A partir de ese momento empecé a tener más libertad en mi hogar y aunque parezca enfermizo, a tan corta edad, y con más tiempo solo en casa, mi parafilia se acentuó y llegué a temer que me descubrieran en algún momento. Con el tiempo logré controlarla un poco mejor.

Con la mudanza que tuvimos por aquella época surgió la necesidad de un cambio de colegio. Mi madre no perdió la oportunidad y me puso en el mejor que podía pagar en ese momento. Era un colegio parroquial, enorme, muy diferente al pequeño colegio de mi primaria, con gente diferente, mejor posicionada. Por supuesto el choque para mí fue tremendo. Pasé de un grupo de 20 alumnos a uno de 80, en dos secciones. Yo estuve en la sección A, afortunadamente era la más tranquila.

Sin embargo, no faltan aquellos que te tratan de manera hostil y que no comprenden tu manera de ver todo. Durante esta etapa se dio mi despertar sexual, me vi inmerso en un onanismo casi adictivo. Aunque pueda parecer paradójico, no tuve ninguna relación importante con nadie, sólo me refugiaba en los compañeros amables y sólo llegué a fijarme en un chico con el que afortunadamente no intenté nada, ya que luego se haría evidente que era hétero.

Pasó así la secundaria y en la universidad es donde empezó mi verdadera vida sentimental, por llamarla de algún modo. En el primer ciclo conocí al chico que se volvería mi obsesión y mi calvario, lo llamaremos “Carlos”. Él tenía ascendencia italiana, era alto, blanco, castaño, delgado, hermoso, y podía conversar con él, nos llevábamos muy bien. De otro lado apareció otro chico, lo llamaremos “Juan”. Él era lo contrario, era muy bajito, menudo, de piel tostada, pero en su pequeñez escondía un talento genial, un blog de poesía, además era amplio conocedor de la escena musical local.

Con “Juan” tuve una relación casi “imaginaria”. Él un día me mandó un correo anunciando su nuevo blog de poesía. De pronto comencé a notar que sus poemas aparentemente dedicados a chicas, tenían muchísimo parecido con mi vida y mi persona. Así fui envolviéndome en un diálogo de sordos en que por medio de sus poesías e indirectas, primero en los estados de MSN y luego en los muros en Facebook, íbamos creando una relación irreal, ya que en la universidad siquiera cruzábamos palabra alguna. Llegué en el colmo de mi obsesión a ir a buscarlo en un lugar donde había pactado una reunión con sus amigos en Facebook, pero no lo encontré. Pasaron los años y decidí cortar al menos ese enfermizo juego de la ley del hielo. No pasó mucho tiempo y apareció a su lado un chico hermoso que creo hasta ahora es su pareja a escondidas, siempre andan juntos. Con el tiempo logré hablarle al menos como amigos, hicimos incluso trabajos grupales, pero no puedo negar que hasta hoy siento celos de ese chico hermoso con quien está ahora. Sin embargo, una vez incluso, en un trabajo grupal, yo completaba a última hora la presentación en la laptop mientras él se cambiaba la ropa por un traje para la exposición, y se me acercó mucho sin camisa y me intentó explicar detalles del trabajo. Definitivamente no había sido imaginaria esa “relación”.

Con “Carlos” la historia es distinta. Lo conocí el primer día de clases y desde entonces somos grandes amigos. Fue uno de esos amores de quienes no puedes liberarte, es algo que te ata y que no importa cuánto te hiera, la esperanza siempre perdura. Es hijo único, ambicioso, reniega de aquello que la vida no le ha dado, es hasta un poco clasista. En su caso la historia es más tortuosa. Él era un chico al parecer común, le gusta la música urbana, había tenido varias novias, todo en el destila masculinidad, aparentemente totalmente heterosexual. Sin embargo tenía algo que otros chicos no tenían. Podía conversar con él por mucho tiempo sin aburrirnos, compartir todo aquello que pensábamos. Nuestra “relación” es hasta hoy incierta, hemos tenido momentos de total lejanía, como momentos hermosos en que creía que era algo posible entre nosotros. En estos años que lo conozco ha tenido dos novias, en cuyos respectivos períodos me alejé de él por decepción. Sin embargo nunca he hecho evidente que me molestara, mi dignidad no me permite quejarme de nada directamente con él, por no caer en el papel de “loca celosa”. Sin embargo en sus periodos solitarios hemos pasado juntos buenos momentos. Hemos salido a muchos lugares, paseado, conversado… Sin embargo parece que él no está dispuesto a tomarme en serio. A pesar de muchas decepciones, como encontrar pornografía de mujeres en su computadora o que me contara su primera vez con una mujer, no perdía la esperanza de que su lado homosexual aflorara y pudiésemos tener algo serio. Cada vez que tenía la oportunidad de estar a solas con él en un parque, sacaba el celular y me mostraba fotos de chicas, y me preguntaba quién era la más bonita, destruyendo así la posibilidad de una declaración. Sin embargo he llegado a sentarme con él en una banca o pasear de noche con mi mano en su hombro sin que él opusiera resistencia. Incluso una vez que veíamos una película en mi casa con mi mano en su hombro y sorprendentemente tuvo una erección evidente que trató de disimular.

A pesar de todas las decepciones que me ha causado siempre guardé la esperanza de que algo cambie, hasta ahora que quiero romper esa relación que me ha causado más penas que alegrías. Lo peor es que hemos desarrollado una amistad muy fuerte y alejarme de él será muy duro.

Mientras yo sigo aquí, virgen, sin primer beso, y con esta pesada carga. Siento que no tengo un motivo para crecer, para desarrollarme. Siento que necesito un buen hombre, que sienta algo real por mí, que sea afectuoso, que quiera hacer un hogar conmigo.

Ojalá puedan aconsejarme qué debo hacer.

Gracias.

photo by: daystar297
4 comentarios URL corta
Macarena, 16 años, Santiago
Bueno, hace poco entré a esta página y tuve el placer de leer ciertos testimonios y la verdad es que fue muy gratificante ver el hecho de que uno a veces piensa que las cosas que le pasan, solo le ocurren a uno y a nadie más... Pero el ver que no es así, en parte es un tanto agradable; así que decid...
Ramiro, 23 años, Buenos Aires, Argentina
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Ignacio, 22 años, Santiago
Siempre me he considerado una persona muy afortunada... Desde que nací he sido honesto y tuve la idea de que mis inclinaciones no iban por donde debieran ir. En mi época de adolescencia, a los 16, me asumí homosexual de lleno (si bien me gustaron algunas niñas, más tarde me daría cuenta que era más ...

4 Respuestas a “Miguel, 23 años, Lima. Perú”

  1. james 23 enero 2014 20:56 pm #

    Irónicamente bello lo que acabo de leer! Textualmente se entiende todo. Lo mejor que podés hacer es juntarte con él como cualquier día y llevarlo como solo vos sabes a los momentos y lugares los cuales te atraen de el, ahí dar el paso…hablarle y preguntarle. Me parece que lo lógico sería que él supiera que sos homosexual y vos a partir de su reacción entenderías muchas cosas…redes sociales no cuentan, puede ser un medio pero vos se lo tenes qie decir!! DECIRSELO AL MUNDO SE SIENTE MUY LINDO! TENGO 25 y salí del closet hace un año, tenía una mochila que ya no existe! Enserio, de a poko o de una pero hay que salir, quien ama no juzga. Fuerza tío.

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  2. J.Q. 24 enero 2014 1:16 am #

    ¿Hay alguna forma en la que me pueda comunicar contigo para hablar en privado? Tengo una situación parecida y me gustaría que pudiéramos hablar.

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    • Ojos_transparentes 27 enero 2014 10:40 am #

      Joseph, como sabes, en esta web no se permite la publicación de datos personales ni de contacto. Esta es una medida de seguridad tanto para ustedes como para nosotros, ya que, si bien no dudamos de tus buenas intenciones, en internet nunca se sabe quién está detrás y algo que es fundamental para nosotros es cuidar la integridad de quienes confían en JC. SI quieres comunicarte con Miguel, puedes hacerlo directamente en este foro. De esa forma, tus consejos y experiencias le sirven tanto a él como a los demás chicxs que nos visitan. Si tienes dudas específicas, puedes enviarnos tus preguntas a http://jovenconfundido.com/pregunta/
      Saludos,
      Equipo JC

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    • Miguel 27 enero 2014 15:37 pm #

      No tendría problemas en charlar un rato, pero respeto las restricciones de seguridad de la página, en todo caso podemos conversar por aquí, de veras me hace falta compartir experiencias con alguien…

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