Benjamín, 17 años, Santiago, Chile.

The FaceMe siento como una contradicción. Eso es lo que soy. No soy un activista. Mi sentido de “servicio social” o faceta de filántropo no son mis áreas más desarrolladas para ser exacto. Con estas palabras solo deseo aportar con una experiencia. Uno de los infinitos caminos que una persona puede llegar a vivir. Primero que todo les cuento que estoy terminando 4°Medio. Estoy desde 2° Medio en mi actual colegio. El cambio se generó por razones ajenas a mí.

Desde que yo era pequeño (sin llegar a ser exactos con la edad) pude darme cuenta de una situación que lograba apreciar como rara, incorrecta y oculta. Mi interés no estaba en el cuerpo de las mujeres. No era difícil darse cuenta de las diferencias que tenía con el resto de mis compañeros. Me juntaba más que nada con mujeres y no me entusiasmaba la idea de correr detrás de una pelota. Esto junto con mi gusto por la actuación y otras “habilidades” artísticas quedaron fielmente plasmadas en algunos videos que mi madre aún guarda en la casa.

Mi relación con mis demás compañeros no era la mejor y mi propio aislamiento me llevó a crecer como un niño “con una inteligencia emocional muy débil y una cognitiva muy desarrollada”, como recuerdo que dijo una psicóloga. Ahora soy capaz de darme cuenta de que la mayoría de las malas experiencias durante mi vida son automáticamente descartadas por mi mente. Como consecuencia de esto, no llego a tener claro por qué asistí al psicólogo tantas veces. A pesar de ser un método mental muy eficiente puede ser muy perjudicial en algunos casos.

Un sentimiento de auto compasión, una familia estrictamente adoctrinada bajo la iglesia protestante junto con una fuerte carencia afectiva familiar por parte de mi madre, sobre todo, me llevó a atravesar un periodo de desequilibrio intenso. En mi caso se manifestó en un desorden alimenticio, el cual no hasta hace mucho he logrado superar. Y con una carencia afectiva familiar no quiero decir que mi madre no me amara o no se interesara en mí, sino que para ella era muy difícil expresarse debido a su propia experiencia.

Durante la enseñanza básica me consolaba con frases como: “No te preocupes, esto que sientes pasará en un tiempo más”. Resulta que ese “tiempo más” se ha alargado hasta el día de hoy, cuando estoy a punto de cumplir 18 años. Y dudo bastante que vaya a desaparecer. Bajo una enseñanza de este tipo fui arraigando en mí un gran sentido de intolerancia transmitido por mis propios padres que continúa presente en ellos hasta el día de hoy.

Mi ejemplo eran 2 adultos que creían tener el derecho de cuestionar cada aspecto de la vida de las otras personas. Tomando en cuenta mi edad en ese momento, es bastante esperable que yo adoptara sus mismas costumbres. Creo que hoy en día es mi lucha personal. El ser capaz de llevar conmigo los valores positivos que mi familia me ha entregado, y a la vez decidir en qué aspectos están equivocados, para así construir mi propio camino. Cada día es una lucha. Una parte me dice que no es correcto porque así lo he aprendido y otra me dice que no tengo de qué avergonzarme. Que solo debo ser quién soy. Es por eso que me siento como una contradicción. ¿Cómo puedo ser capaz de condenar lo que yo soy? Esto comenzó a cambiar hace un tiempo.

En mi clandestina búsqueda de información, sumado a mi despertar hormonal, mi ventana hacia el conocimiento fue Internet. Herramienta peligrosa como he aprendido. No recuerdo bien cómo comencé a usarlo para estos fines. Seguramente fue con algunas fotos. Finalmente, terminé en la pornografía ocasional y los “Relatos Gays”. En ellos las personas escribían sin escrúpulos sus fantasías e historias de la más variada índole. Siendo esta la única información que tenía en este momento comencé a ser un “fan” de estas páginas web, en las que los más oscuros sentimientos y perversiones eran revelados para ser procesados por una joven mente como la mía. Hoy soy capaz de entender cómo fue que en mi mente ingresó mucha más información de la que yo debía conocer. Esto junto con la pornografía fueron de apoco “envenenando” mi mente de alguna manera.

En mi afán de seguir leyendo estas historias, me pareció que era una buena idea imprimirlas para así leerlas cuando tuviera tiempo. Por alguna razón, que en este momento no recuerdo, una de estas historias terminó en la mochila del colegio. Fue una noche en la que llegué a mi casa y mi papá se acerca a mí diciéndome que no haga ruido ya que mi mamá estaba en su cama y se sentía muy enferma. Muy preocupado fui a verla y sin mirarme me dijo que la dejara sola. Logré notar algunos signos de llanto en su voz. Al volver a mi pieza encuentro que estaba completamente ordenada y uno de estos relatos se encontraba justo en medio de la recién hecha cama. Me acerqué confundido y tomé el papel para leerlo. En cada página del relato se encontraba una frase escrita con la letra de mi madre con palabras como “Dios te ama”, “Busca el Bien”, etc.

No recuerdo bien lo que sentí en ese momento. Sé que le escribí una carta con vanas explicaciones acerca de cómo ese papel había llegado “accidentalmente” a mi mochila e incluso llegué a decirle que estaba pololeando con una amiga. Mi madre me respondió de la misma forma. Fue así como yo y mi madre comenzamos a escribirnos. Eran simples cartas de una o dos hojas.

En cada una de ellas mi madre me recordaba el indescriptible amor que siente por mí y sobre su deseo de que buscara a Dios en todos mis caminos. Me dijo que si era feliz con esta niña a ella le parecía bien, pero que no quería que inventara una relación para tranquilizarla. Me contó cómo encontró el papel por error y sobre su preocupación acerca de la maldad en el mundo, llegando incluso a mencionar la palabra homosexual. También me dijo que no era la primera vez que encontraba esa clase de cosas en mi pieza.

Fue entonces cuando me di cuenta del terrible dolor que había causado en mi madre y, en vez de ser una lección, me llevó a ser más cauto en mis exploraciones prohibidas. Además de estas historias, está obviamente el recurso más usado por la gente en estos casos: La pornografía. Me cercioraba de que nadie me viera, intentando hacerlo lo más rápido posible.

Para hacer la historia más corta, uno de los días en que mi madre utilizaba el computador me llamó y me preguntó por una página registrada en el historial. Lo negué rotundamente, pero nuevamente pude darme cuenta de cómo mi madre no daba mucho crédito a mis palabras.

Luego, se sentó conmigo en mi cama e intentó explicarme cómo había personas que tenían su lado masculino o femenino más desarrollado que otros. No recuerdo mucho el detalle. Sólo sé bien que mi madre intentaba con todas sus fuerzas explicarme de alguna manera lo que ella pudiera. Finalmente, le pedí que no le mencionara el tema a mi padre y ella me aseguró que no lo haría.

Estuve en mi pieza un rato y cuando salí escuché cómo mi madre le decía a mi padre que ya habíamos hablado el tema. Me sentí profundamente decepcionado. Desde ese momento mi confianza en mi madre se quebrantó. El tema nunca más fue mencionado en esta casa y hasta el día de hoy mis padres siguen esperando que les presente a mi polola. Solo tengo claro que mis papás repudian absolutamente la homosexualidad y todos sus derivados. Mucho más mi padre que mi madre, pero aún así ambos.

Todo este problema junto a mi vida oculta desencadenó en mí un grave problema alimenticio. No era consciente del daño que le hacía a mi cuerpo al ingerir toda esa comida. Era la forma que tenía de entregarme placer. Es un círculo vicioso del que no es fácil salir. Primero satisfaces tus ansias por un momento. Luego sientes vergüenza al ver que tu cuerpo se deteriora cada día más. Piensas que no hay salidas y que nunca alguien estará dispuesto a fijarse en ti. Te sientes mal por eso y solo vuelves a comer. Ahora soy capaz de darme cuenta de lo grave que era la situación y me alegra haber salido de ella.

Hace un tiempo, mi madre y yo nos sentamos a conversar de temas un poco más profundos que los habituales. Entre esas cosas mi madre me pidió perdón por haber intentado meterse en mi vida más allá de lo correcto. Que en su desesperación e instinto sobreprotector dañó nuestra relación e intentaría ser más comprensiva y respetuosa de mi espacio personal. Me dijo que quería poder hablar temas con ella y mi padre de los cuales nunca hablamos. “Sé, por ejemplo, que no opinas lo mismo que nosotros respecto a la homosexualidad”. Le dije que simplemente no tenía la intención de hablar con ellos temas de los que sabía terminaríamos discutiendo en su descontrolada inflexibilidad por cambiar de opinión.

Como pueden ver, el tema con mis padres es muy delicado y la terquedad de mi madre al no darse cuenta de que tiene un hijo homosexual no ayuda mucho. Espero que llegue el día en que los mire a la cara, les diga la verdad y ellos logren comprenderme en algún momento, por utópico que suene.

Frente a este escenario es normal preguntarse por algunos amigos que pudieran haberme apoyado en este proceso. Jamás llegué a admitir el tema en mi anterior colegio. Recuerdo la sensación que sentí cuando el niño que me gustaba en 8° básico decía que era capaz de poner las manos al fuego por mí en que yo no era gay cuando una compañera me estaba molestando. No sabía qué pensar. Así fue como me enamoré por primera vez. Era mi único amigo y siempre pasaba su tiempo conmigo, a pesar de ser el popular del curso. Estuve enamorado de él hasta 1° Medio. Luego, me cambié de colegio y no volví hablar con él hasta una vez que me saludó por mi cumpleaños en Facebook.

Fue en 2° Medio cuando llegué al extremo de mi enfermedad. Las peleas, discusiones, gritos y algunos golpes empeoraron la situación. Hace un tiempo, tanto mis padres como yo logramos superar esta etapa tan desagradable de mi adolescencia y hoy me siento feliz de saber que vamos por el camino correcto en nuestra relación. He sido capaz de expresar con respeto mis inquietudes y deseos y ellos a su vez han sido capaces de comprenderme y ponerse en mi lugar en la medida de lo posible

El cambio de colegio no pudo haber sido más beneficioso para mí. Conocí a personas que realmente aprecio en mi vida y sigo madurando para ser la persona que quiero llegar a ser. Hace cerca de un mes le escribí una carta a mi mejor amiga explicándole de manera muy poco clara que era bisexual. Cuando esperé su reacción me dijo que antes de leer la carta le había insistido tanto con que era un tema delicado que pensaba que le iba a contar algo como que era gay y se rió un poco.

No podía creer que había fallado en mi estrategia de confesión y mi cara absorta lo demostraba. Luego de ver mi cara y de que yo le dijera que no había entendido nada, ella me dijo “¿O sí?”. Entonces hice un gesto moviendo la cabeza queriendo decir “Más o menos”. Entonces ella me miró más fijamente y dijo en voz más baja “¿Bi?” Entonces yo asentí. La verdad es que aún no lo tengo claro. Tengo claro que me gustan los hombres, pero todavía no sé si me pasa en cierto grado con las mujeres.

Luego de un rato sin saber que decir, y tomando un jugo mientras íbamos en el metro, quedamos esperando el siguiente tren para abordar cuando unas lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. No pude evitar abrazarla y escuché como ella me decía también llorando que me prometía que no iba a cambiar nada entre nosotros y que seguiríamos siendo tan amigos como siempre. Que se daba cuenta que yo era un real amigo si había tenido la confianza de contárselo a ella. Sinceramente yo esperaba que me dijera algo como eso, pero de todas maneras necesitaba escucharlo. Aún me complica contárselo a mi mejor amigo por varias razones que no detallaré aquí. En fin.

Solo puedo terminar diciéndole a todo aquél o aquella persona que tenga miedo o vergüenza de ser quienes son, que no tienen por qué sentir vergüenza. No les diré que vayan por el mundo contándoselo a todos porque sería inconsecuente de mi parte, pero tienen que saber que no están solos. Lamentablemente, nos tocó vivir en un mundo que apenas comienza a entender el tema de la homosexualidad como normal, y trascendental a toda cultura, religión, clase social, raza, sexo y edad.

Quédense tranquilos que sabrán cuál es el momento adecuado para cada cosa. Lo importante es que por sobre todas las cosas sepas que no estás solo(a) y que no tienes de qué avergonzarte. A partir de ahí lograras superar el resto. Nadie dice que será fácil, pero es una lucha necesaria. No dejes que los estereotipos (que lamentablemente también existen en la población homosexual, especialmente referente al físico) te frenen de ser la persona con valores y principios que puedes llegar a ser.

No lleguen al punto de recurrir a los elementos que yo utilicé para conocerse mejor. Eso solo empeora las cosas. Valoren a los amigos verdaderos y háganles saber cuánto los aprecian. No te desesperes porque sientes que tienes 20 años y aún no das tu primer beso. Yo tengo 17 y aún no doy el mío. Cada persona avanza a su propio ritmo. Lo importante es que llegues a la meta y alcances lo que todo ser humano busca encontrar. Ser felices.

photo by: allyaubry
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Kemel, 33 años, Santiago
Hola mi nombre es Kemel, vivo en santiago y quiero dejar un testimonio haber si les sirve de algo: Contaré mi historia resumida por si le sirve a alguien: soy gay, tengo 33 años y vivo con mi pareja hace 3 años, como la gran mayoría sufrí mucho cuando chico, en el colegio, con mis amigos, primos,...
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4 Respuestas a “Benjamín, 17 años, Santiago, Chile.”

  1. JuanEs1eban 7 noviembre 2013 13:35 pm #

    Como dices, todo tiene su tiempo. Fíjate que yo di mi primer beso hétro a los 31 y a los 32 mi primer beso gay. Peor, no tuve novio (ni novia) hasta este año, a los 33.

    Mi madre tampoco lo entiende y creo que es peor la incongruencia que existe entre lo que ellos esperan y los prejuicios que somos víctimas del “gay modelo”, cuando la verdad el que nos gusten los hombre o las mujeres es solo una parte de la vida.

    En mi caso, sigo confundido. Me parece que si soy bisexual por como me siente respecto a las mujeres y hombres. Mi camino fue “bueno no soy heterosexual ¿Soy gay? ¿No me tiene que gustar las mujeres?” Y no se siente así, porque a veces si me gustan las mujeres y también me siente bien con los hombres. Es más confuso porque hay más prejuicio, siendo que es incluso más común que ser sólo gay, en mi opinión. Aceptar ese hecho me ha ayudado, junto con desarrollar mi personalidad, sin buscarme en la caricatura.

    También me ha ayudado entender que mis familiares y yo somos personas independientes. Yo quiero ser feliz por mi y para darle felicidad a mi pareja y sentido a mi vida. Buscar darle en el gusto a los otros -por mucho que uno los ame- muchas veces sirve para amargarse uno mismo.

    Hace rato que me acepté físicamente. Mi pareja es mi opuesto en ese sentido, pero él me gusta por lo que me da a nivel personal. El físico se deteriora con los años y cambia. Pero lo esencial, que es invisible a los ojos, la personalidad, los gustos en comunes, el brillo de los ojos cuando te mira.. eso prevalece por siempre.

    Ser feliz es aceptarse como se es -incluso si uno no se entiende- y ser capaz de respetarse uno mismo y a los demás.

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  2. esteban 7 noviembre 2013 18:04 pm #

    benjamín, tengo tu misma edad, pasé por exactamente lo mismo que tú, me descubrieron mensajes del celular y mi mamá se quería morir, sabe que soy gay pero se hace la tonta, esperando que milagrosamente aparezca una polola a través del umbral de la puerta. en lo personal, prefiero no hablar del tema porque sencillamente no llegaré a ninguna parte, he hecho de todo y no hay caso. que estés muy bien, sé que algún día nuestras madres nos entenderán porque sabemos que al final de todo, siempre nos amarán.

    un abrazo, esteban.

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    • Benjamín 8 noviembre 2013 11:17 am #

      Gracias Esteban. Me anima mucho saber que yo no soy el único. Ánimo para ti también :)

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  3. Chriss 5 abril 2014 3:02 am #

    entiendo bien como se siente confesarle a tus padres que eres gay o bi no es facil y meos en una sociedad donde ser gay a un no esta del todo aceptado aveces pienso que mis madre ya lo sabia pues como sabes ella son mas atentas pero no importa, ya que el tema jamas se volvio a tocar y si cada quien avanza a su ritmo y a su paso quiza tu paso es mas lento pero seguro
    tengo 22 y estoy estudiando psicologia porque como tu y yo hay millones de personas que pasan por mi mismo, se que no puedo ayudar a todos pero si ayudo a uno a la vez puede que, pueda hacer algo suerte saludos desde mexico

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