María Luisa, 36 años, Chile

“Un abrazo de esperanza”

Junto con felicitarlos por el proyecto que están impulsando me he decidido a compartir con ustedes la que fue mi historia y experiencias. Hoy lo hago por los jóvenes y no tan jóvenes, porque hace unos años para mí fue un regalo escuchar la experiencia de otras personas que me ayudaron con sus vivencias y apoyo en mi camino de aceptación. También lo hago por mí, por mi necesidad esta vez de legitimar mi historia en el que fue mi país, al que un día volveré con mi pareja, como también ante aquellos a los que perdoné en silencio.

Crecí en un contexto tradicional, estudié una carrera tradicional, me moví en un contexto tradicional durante gran parte de mi vida, lo cual potenció que mi proceso fuera muy largo, debido a los cánones y normas sociales que había internalizado en mi entorno y a la negación que viví en mis primeros intentos de buscar apoyo. Negación por parte de personas que amaba y me amaban, pero que como yo habían crecido en un contexto en el que lamentablemente refuerzan ver la homosexualidad como una degeneración, pecado y/o un sin número de características, definiciones o etiquetas negativas que nada tienen que ver con la realidad ni la diversidad. Características que a su vez niegan el dolor que oculta el proceso de asumirse viviendo a su vez el rechazo de los que amas.

Todos habíamos crecido desde el mismo lugar, ahora la diferencia era que para mí, mucho de lo que había aprendido que tenía que ser mi vida comenzaba a no poder serlo, partiendo por mí misma. Muchas cosas que había aprendido, incluida la forma de imaginar mi vida ahora, ante mi esencia, se veían cuestionadas, en algunos casos incompatibles. Entraba en crisis y mi ciclo vital comenzaba a diferenciarse de los del resto y las preguntas dentro de mí, junto a la pena y soledad que sentía, hacían del dolor la única compañera que en esos inicios encontré.

Dolor por verme obligada a negarme, a avergonzarme, a mentir, a ocultar mi vida y por tanto negar parte de lo que era. Negar durante años mi capacidad de amar y mi deseo a entregar y sentir el amor de una mujer.

Al día de hoy comprendo que esas primeras conversaciones que tuve con mis padres cuando tenía 14 años, en las que intenté explicarles lo que sentía en ese momento (“algo no está bien en mi”, “Estoy confundida con lo que siento, confundo el amor”), como sus respuestas orientadas a explicarme que era una etapa que podía ocurrir en la adolescencia, pero que se podía superar , no fueron otras que aquellas claramente marcadas por una sociedad que nos dice que la homosexualidad no está bien, que lo normal es la heterosexualidad.

Aunque encontré su escucha, no encontré la ayuda que necesitaba. La lucha por ser quien era se topo con el difícil muro de la negación de mis padres sobre lo que estaba viviendo y sintiendo. Vinieron otras conversaciones, en ellas las esperanza de cambio, de que superara esta “etapa” eran mensajes que aparecían de diferentes formas. Sentía que sí me escuchaban, al menos en lo que respecta a poder tener un espacio para hablar, pero se negaba lo me estaba pasando, se me negaba.

Si algo me ayudó a superar y soportar esa negación que sentía de su parte fue la conciencia de saber que necesitaban tiempo, simplemente por la propia consciencia del proceso que yo misma vivía en ese momento, ya que si era a mí a la que le estaba pasando esto y aún así me costaba aceptarlo, podía entender que ellos, que sólo veían la etiqueta y tenían además una educación y mentalidad tradicional, más les costará asumirlo. Creo que en ese momento, aunque sin deslegitimar mi dolor, porque tenía que sacarlo, con ello comencé a perdonar a mis padres, o al menos a entender desde dónde venía su rechazo en conjunto con sus propias historias.

Al principio, cuando comencé con mis preguntas a raíz de sentir mi atracción a las chicas, sabía que era diferente y por mi educación tradicional y mi entorno clásico no lo llevaba bien, no encontraba referentes ni personas para poder hablar, expresar, ni tampoco información que me sirviera para poder entender lo que me ocurría –a los 14 años, cuando comenzó mi proceso consciente, me leí toda la bibliografía de mi colegio sobre sexualidad, buscando información sobre homosexualidad… lo poco que encontré era sobre orientación homosexual masculina, lo mismo que en las series de televisión, y un discurso social que hablaba de los mismos como depravados, anormales… la relación entre dos chicas no existía, no había referentes, y eso para mí fue algo difícil.

Sabía que mi desafío era ser yo misma, pero cuando comienzas a asumirte y a construir y reforzar tu esencia, necesitas alguna guía, compañero, apoyo, es de alguna forma volver a nacer y aprender a “caminar” otra vez, implica un proceso de reconstrucción de identidad que nos vemos obligados a vivir al haber crecido en un entorno heterosexual y modelos educacionales y de socialización que apuntan a lo mismo. Así las contradicciones son muchas, y al menos en mi caso conllevo grande conflictos y sufrimiento. Era mucho lo que tenía que cuestionar para redefinir mi propio ciclo vital (en ese momento me preguntaba cómo sería mi vida como lesbiana), mi identidad para legitimar lo que soy en esencia, para amar en libertad tanto a mi misma como a mi pareja.

De alguna forma , creo que mi caso representa el de muchos homosexuales que han tenido que crecer sin iguales visibles, formados y educados bajo normas para vidas que conllevan tener una orientación heterosexual, un despertar sexual también difícil, porque conlleva la consciencia de rechazo del mismo a nivel social y por tanto un castigo por amar, un entorno en el que los referentes en este caso lésbicos son invisibles , modelos que sirvan de referencia de aceptación , de integración y normalización, de un vivir el lesbianismo desde el amor y la aceptación. Una normalización que permita que nuestra sociedad comprenda que la misma es algo más de nuestra personalidad para que justamente los jóvenes encuentren referentes o personas que puedan acompañarlos en su proceso, fomentar la visibilidad, la pertenencia, la aceptación al crecer en una sociedad donde prime el respeto al otro.

En mi caso, parte de la dificultad de aceptarme pasaba por sentir que no era aquello que pensaba que tenía que ser, el conflicto entre la imagen que tenía de mi misma y mi atracción hacia las chicas eran puntos contrapuestos. El no “fallarle a nadie” y el poder encontrarme a mi misma eran cosas que aparecían una y otra vez… en las cosas que escribía. A los 22 años escribía: “En la vida no hay que funcionar ni intentando cumplir la imagen que tenemos de nosotros mismos, esa en la que nos vemos fantásticos, tipo estereotipo, ni tampoco la que tienen los demás. Siento que en la medida que funcionamos guiados por estas dos cosas, hacemos, que ese ser que está dentro, nuestra esencia, cada vez este más pequeño, más apretado, más triste, por no poder expresarse y crecer… y es que nos olvidamos de eso y vivimos para llegar a ser ese modelo que tenemos en nuestra cabeza del ideal de nosotros mismos, o sea, si hago esto tengo que verme de determinada forma, juntarme con esta gente, y no sé cuantas tonteras más.

Nuestra esencia es la cosa más hermosa que tenemos y permitirnos conocerla es lo más hermoso que nos puede pasar también, porque en el momento que empiezas a escucharla comienzas a ACEPTARTE A TI MISMO… y sí, se crece mucho, las cosas se entienden con otros ojos, todo es más lindo al final…

Quizás hay que vivir un duelo, después de todo entierras esa imagen que te ha acompañado por años, pero al fin y al cabo es un re-nacer… SÍ , UN RE-NACER, porque has nacido de otra forma,., y ahora sí que eres tu mismo, uno mismo que no es extremo ni rígido, que es cambiante y como todas las cosas en la vida evoluciona, crece y nunca termina de conocerse, pero la diferencia es que ahora no hay un lente que te haga ver las cosas distorsionadas, la culpa se va poco a poco, porque hoy miras desde el ALMA y comienzas a actuar con el corazón… ”

No tenía el valor de asumir mi homosexualidad, lo cual hiso que a los 20 años estuviera muy mal emocionalmente y esto comenzara a afectarme en la universidad, frente a lo cual mis papas reaccionaron y me pagaron la terapia que hacía tiempo intentaba hacer por mis medios. En esta terapia, los aspectos que trabaje me permitieron comenzar a quererme y aceptarme, a conocerme, a preguntarme, a legitimarme. Comenzar a escuchar mi necesidad de amar, mi deseo, la vida que había en mi y así vivir mi primera experiencia con una chica, algo que marco para siempre mi vida, ya que ese día confirme que mi camino era otro.

El proceso que viví para asumir mi lesbianismo fue muy largo, de mucha introspección, búsqueda y también soledad… mi proceso, mis dudas y preguntas comenzaron a los 14 años, pero tuvieron que pasar muchos años para que yo tuviera el valor de emprender mi propio viaje, no el que se me había marcado, no el que la sociedad chilena y el entorno tradicional en el que crecí y a su vez crecieron mis padres, mi familia y amigos me marcaba. Esta terapia fue el primer paso fuerte.

Así fue que el proceso de comenzar a amarme como era entendiendo que mi lesbianismo era parte de eso fue largo, poco a poco en el camino de asumirme pase por la búsqueda del por qué, el eterno por qué, comencé un proceso de introspección, que luego continuó a los 20 años con trabajo terapéutico, finalmente me ayudó por un lado a comprender que la causa no importaba cuando ya era dueña de mi historia, que lo que había aprendido en este proceso era a conocerme y a comenzar a quererme , que el real dolor y sufrimiento estaba en no poder aceptarme , en ser yo misma, y junto a ello el descubrir que el 80% de mi energía y potencial intelectual estaban en negar mi deseo, mi necesidad de amar y sentirme amada por otras chicas.

En esta terapia avancé mucho, llegué sin ser capaz de nombrar-ME y luego sí pude nombrarme cuando aprendí a amarme antes. Sin embargo, aparecieron nuevos obstáculos, mi padre decidió que era hora de dejar de pagarme la terapia – hasta el día de hoy creo que inconscientemente trataba de impedir que yo siguiera avanzando en mi proceso, sin quererlo quizás sus miedos pudieron más-. Estuve un tiempo sin ir hasta que un día llamé al terapeuta que me trataba, le conté lo que pasaba, me citó en su consulta y me dijo, “si tu papá dice que no te paga esto porque no tiene dinero, te atenderé gratis, son muchos años de trabajo terapéutico que recuperar, aunque tú ya has hecho mucho, al menos en la comprensión de tu historia, esta vez te mereces una oportunidad”. Este profesional fue un ángel que encontré en mi camino, alguien que me ayudó sin lugar a dudas a comenzar mi proceso de aceptación y que con el tiempo me aportó la confianza suficiente para confiar en mí y quererme, dándome la oportunidad al tiempo de hacer maletas y emprender el vuelo en un momento en el que ese camino era el más factible para mí, para poder encontrarme, saber quién era, conocerme y desarrollar mis propios recursos más allá de todo el entorno que me negaba y la necesidad de aceptación que yo tenía que también me jugaba en contra y era cómplice de mi silencio.

A finales de mis 22 años me fui fuera de Chile intentando encontrar las respuestas que no había encontrado, a pesar de mis intentos de buscar ayuda y apoyo. El problema que encontraba en mi entorno era el mismo que yo misma tenía: aceptarme, quererme y legitimar mi derecho a amar a otras chicas. Todos habíamos crecido bajo el mismo paradigma y cánones sociales y aunque en nuestro tiempo los jóvenes crecíamos un poco más abiertos, eso no quitaba que en determinados entornos sociales la homosexualidad femenina y/o masculina fuera considerada una enfermedad, olvídate de nombrarla, nombrar por tanto una parte de ti y parte de tu historia.

Junto a ello, tampoco encajaba en el mundo homosexual de chicas, al menos en el de Santiago, soy muy femenina, lo que me alejaba del estereotipo de lesbiana y hacía que muchas veces nadie me creyera que realmente era lesbiana cuando comencé a salir por el ambiente. Esto era difícil para mí, no encontraba un lugar en el mundo hetero y en el homosexual tampoco.

Lamentablemente ese estereotipo (con todas las características negativas que se asocian al mismo) hace que además de menospreciar a un grupo, deslegitimemos la diversidad. Respeto a las personas por encima de todo, creo que cada uno es libre de ser quien es mientras respete al otro, por ello creo que al menos para mí y muchas chicas la entrada al mundo homosexual fue difícil, sumando los motivos que comentaba antes, además del proceso en sí mismo, la falta de percepción de iguales, referentes, y desarrollo de sentido de pertenencia a un grupo no fue algo fácil. Eso también me impulso a salir de Chile, buscar lugares en los que la homosexualidad es en mayor medida aceptada facilitando con ello los procesos, la integración, la diversidad de las personas, bienestar emocional, y tanto más.

Cuando me fui de Chile, me fui buscándome, sabiendo a medias – lo negaba- que ese viaje era mi búsqueda. Al día de hoy recuerdo ese viaje con amor, porque a pesar de los duro del proceso, fue la oportunidad de luchar por mi vida, porque yo merecía ser feliz, mi vida no podía consistir en hacer felices a otros renunciando a mi propio amor propio, a mis emociones a mi capacidad de amar. Lamentablemente, tuve que salir de Chile para encontrarme, para buscarme, para permitirme descubrir lo que era amar y sentirme amada en libertad y por ello también escribo, porque quiero otro Chile para las nuevas generaciones, un Chile que no duele porque rechaza.

Hoy, a pesar de que con mi familia ya estoy bien, creo que se puede evitar mucho dolor, mi proceso lo hice sola , lejos de los que amaba, en soledad y en un entorno que no era el mío, un largo proceso que se vio acompañado de un sin número de luchas internas , dolor y vulnerabilidad.

Durante el tiempo que viví este proceso de aceptación algo me ayudó a legitimar mi dolor por el rechazo y perdonar esa negación de otros hacia mi homosexualidad fue entender que si yo misma me estaba negando, a pesar de haber y estar viviendo el proceso, podía entender que aquellos que solo veían la etiqueta “ LESBIANA” asociado a un estereotipo que al mismo tiempo me niega, les costara más o directamente no lo aceptaran, no lo entendieran….

Luego de años de trabajo personal, luego de darme y dar el tiempo necesario para derrocar los prejuicios internalizados que a su vez el entorno en el que vivía se encargaba de reforzar, luego de vivir mi proceso, hoy quererme y terminar incluso ayudando a otros jóvenes y padres con mi experiencia a través de grupos de apoyo y aceptación puedo contarles que ya tengo casi 37 años, soy feliz, que mi familia me ha aceptado y me quiere, como que tengo la mujer más bella que podía tener como pareja y que la misma es adorada por mi familia, que los silencios y tabús se han remplazado por afecto, interés y comprensión…y que sobre todo hoy entiendo que gracias a todo este proceso que viví soy quien soy y como soy me quiero.

Ahora para mí es importante nombrar el hecho de que mi historia se cruzó con la de mi hermano, mientras yo luchaba por ser escuchada de verdad en casa, mi hermano se dio cuenta de su homosexualidad, eso hizo que tuviera que escuchar “ lo tuyo te lo tienes que callar”, “No le puedes volver a decir nada al papá”, también sabiendo que mi padre sabía de mi homosexualidad y al ser la mayor, sabía que me llamaría para hablar, y así fue, nadie en casa se preocupó por lo que esa conversación podía significar para mí, tuve que escuchar a un padre descontrolado, que habló de lo peor que le pueden decir y desear a un hijo. Y tuve que callarme por miedo, con un dolor infinito en el alma, llegué a casa buscando el abrazo y el consuelo, pero nadie me escuchó. Luego cuando me fui de Chile, junto con abrirme a mi libertad interna y a mi capacidad de amar, tuve que curar muchas heridas, durante años mis padres estuvieron ausentes en mi vida mientras yo estaba fuera de Chile –durante 5 años no se hablaba, no se me preguntaba, si yo no llamaba no me llamaban, sólo nos veíamos para fiestas cada vez que yo viajaba-. Mi padre negaba mi historia y mi vida y mi madre no podía romper su silencio. Hasta que en uno de mis viajes hace algunos años tomé la decisión de volver a hablar, en este caso con mi padre, mi madre ya había aceptado e incluso mostraba aprecio por mi pareja de aquel momento. Nunca se me olvidará ese día. Desde esa conversación una etapa se cerró en mi vida y al día de hoy, aunque le sigue costando, ya hablamos, ya conoce a mi pareja, ya la quiere y me quiere, ya nos miramos a los ojos y nos encontramos.

A pesar de esta y otras historias que vivimos, se habló todo lo que se tenía que hablar, y hoy somos una familia unida, más unida que nunca. Son muchos los momentos duros que podemos imaginar e incluso vivir cuando descubrimos nuestra homosexualidad, sin embargo, a pesar de los mismos las historias pueden mejorar y ser feliz en tu vida, encontrando el amor real e incondicional de los que están contigo.

Yo me negué mucho tiempo. Me negué con dolor y miedo por ello cuando en uno de mis viajes a Chile me encontré con aquella caja metáfora de lo que era la vivencia de mi homosexualidad en mi propio país no deje de emocionarme al darme cuenta como había cambiado. En una caja bajo llave, en un armario se encontraba el reflejo de mi historia emocional y también a nivel de experiencias de lo que fue el proceso de asumirme. Aquella caja, era la caja de los recuerdos, y en un armario – que a la larga no sorprende, realidad que se convierte en metáfora – encontré aquella caja que durante mi adolescencia guardó mis máximos secretos, mis búsquedas…

Y volver a leer aquello, me removió muchas cosas… mis dudas, frases y preguntas repetidas una y otra vez ¿Soy lesbiana?, ¿Soy bisexual?, ¿Por qué siento lo que siento?, trabajos y más trabajos de mi universidad dedicados al tema, la culpa por sentir lo que sentía entremezcladas con mis ganas de vivir ha sido una puerta a mi pasado y un reencuentro con mi historia.

Fue fuerte mirar a la que fui hace ya unos cuantos años, fue fuerte ver como aquellas confesiones, para mí en esos momentos secretas, fueron guardadas bajo siete llaves, escondidas entre apuntes… un mundo secreto para el resto, un cautiverio para mi… al final estaba presa por dentro. Quería hacer feliz a todo mi mundo, no defraudar a nadie, les escribía a mis padres cartas que jamás entregaría, poemas a las niñas de las que me enamoraba o me sentía atraída que jamás leerían. Y al igual que me removió, también me emocioné, me emocioné de ver el proceso que viví después que me metí con la primera chica con que estuve, las cosas que escribía, la libertad que sentía internamente, las grandes exclamaciones en mis cuadernos de “LA AMO” en mayúsculas, subrayado, negrita y con exclamaciones…

Ese era el sentimiento, independientemente de los juicios que a nivel interno aparecían en mi autocastigándome por sentir lo que sentía… el sentimiento era puro, hermoso…

Y esa primera puerta abrió otras, y esa puerta nunca más se cerró. Hoy pienso todas las barreras que tuve que saltar y una sonrisa se dibuja en mi boca. Soy feliz, y todo ese tiempo perdido a la largo fue ganado… me conozco como la palma de mi mano, me he re-construido y hoy estoy con la persona que quiero compartir toda mi vida.

Y la caja cumplió su etapa, hoy son cenizas, ahora hay un hueco en el armario que llenar, pero con otras cosas…

Hoy comparto con ustedes estas reflexiones para ayudar a adolescentes y no tan adolescentes, a quitarle peso al dolor de no ser “aquello que se espera de ti” para dejar espacio al amor propio. Palabras con las que comparto historias, vivencias, reflexiones y descubrimientos con la esperanza de que los mismos puedan ser una pequeña luz de esperanza de que SI SE PUEDE SER FELIZ, que ayude a aquellos que hoy viven con dolor el descubrir de su orientación sexual, personas que desde aquí abrazo para decirles… aunque hoy no lo veas… puedes ser feliz.

photo by: Philippe Put
4 comentarios URL corta
Víctor, 25 años, Rancagua. Chile.
Hola, Vi el e-mail vía Twitter y me decidí a contarles mi historia. Tengo 25 años, vivo en Rancagua con mis padres y pertenezco a una familia Testigo de Jehová. Me agrada mi religión porque me ha formado como persona, me ha entregado lindos valores, etc. pero a la vez soy gay y mi religión no apr...
Marcelo, 19, Santiago, Chile.
Hola, conocí la página vagando por internet y, a decir verdad, es complejo hacer esto cuando ni siquiera se sabe bien quién se es; ¿Me explico?. Tengo 19 años, estudio en “X” universidad la carrera de Derecho. Vengo de una familia un tanto especial, mi vieja quedó “sola” cuando yo tenía como 6 añ...
Maxi, 25 años, Chile
Hola, soy Maxi un joven de 25 años. Antes de compartirles mi testimonio, quiero agradecer a cada persona tras este proyecto y a quienes se han atrevido a mandar sus historias de vida, dudas, etc. porque ha permitido darme cuenta de que no estoy solo en esto. Les cuento, desde pequeño sentí atracc...

4 Respuestas a “María Luisa, 36 años, Chile”

  1. Cona 18 julio 2012 23:52 pm #

    Gracias por compartir tus reflexiones, me agrada mucho saber día a día de personas que han contado su “secreto” y han encontrado su felicidad. Muy marcada la frase de dejar de hacer felices a los demás, cuesta recordarlo y estoy luchando por ser yo misma. Espero llegar a ser una persona libre y feliz sea como sea.
    Gracias nuevamente, hay muchos pasajes que rescatar en tu escrito.

    Thumb up 0 Thumb down 0

    • María Luisa 27 julio 2012 6:45 am #

      Hola Cona, me alegro que mi experiencia te sea de ayuda. Mucha fuerza en tu proceso pero sobre todo mucho amor para mirarte a ti misma de esa forma porque se puede y lo mereces. Un abrazo

      Thumb up 0 Thumb down 0

  2. Javier 21 julio 2012 3:53 am #

    Que buen relato, lo leí con mucha atención. Me llegó de una manera especial eso de desarrollar un sentido de pertenencia, porque esa es mi búsqueda actual, tratar de compartir con otros homosexuales y sentir realmente que soy como ellos. La aceptación personal, el conocerse a sí mismo para algunas personas es un proceso breve y sencillo pero a otros nos complica un poco más y realmente puede llegar a ser complicado dar el paso y abrirse a la posibilidad de conocer gente.

    Thumb up 0 Thumb down 0

    • María Luisa 27 julio 2012 6:48 am #

      Gracias Javier, espero que encuentres ese mundo que te refleje y en el que puedas crear tu propio lugar, confio que así será. Fuerza y como le dije a Cona, mucho amor para mirarte a ti mismo. Un abrazo

      Thumb up 0 Thumb down 0

Responder

No escribir correos electrónicos dentro del comentario, no será publicado.

Recibir notificación de nuevos comentarios por email. También puedes suscribirte sin necesidad de comentar.