Carolina, 22 años, Santiago

Cuando decidí comenzar a escribir esto pensé que quizás mi historia no servía para ser leída. A diferencia de muchos, y no sé la razón de por qué, no me costó asumir quien soy. Aunque claro, asumirme yo es una cosa, que lo asuman mis padres es otra muy distinta.

Estando en cuarto año medio mi grupo de amigos tuvo un pequeño cambio, y terminé siendo más amiga de quien menos lo esperaba. Entre juegos y juegos nos dimos el primer beso. Claramente, en ese minuto sólo fue un juego de adolescentes probando cosas nuevas, nunca pensé que podía llegar a ser algo mas.

Cierto día, estando abrazadas le dije: “si me gustas tú que eres mujer, y me gustan otras niñas…quiere decir que soy lesbiana?” ella me miró con una cara entre risa y duda pero no dijo nada, yo insistí y le dije: “sí pos. Aaah soy lesbiana, mish”. Mi gran proceso para aceptarme a mi misma duró unos cuantos segundos. Ahora que lo pienso, fue bastante chistoso pensar que a los 16-17 años estaba clara con ese tema.

La cosa obviamente continuó por un buen tiempo, un tiempo largo de casi 2 años. Estando ya en la universidad, mi grupo de amigos variaba cada semestre, hasta que encontré el lugar perfecto para mi, gays y lesbianas que se aceptaban a sí mismos y no tenían miedo.

A pesar de que en la universidad todo iba viento en popa, cierta tarde mis padres encontraron un mensaje de texto en el que se notaba claramente que mi “amiga” y yo no éramos precisamente amigas. Fue terrible, llantos, gritos y demás. Se acabó todo con ella en ese mismo instante, y prometí a mis papás que nunca mas haría algo como eso y que trataría de ser normal.

Lamentablemente para ellos, uno no puede negar quien es, y menos si eres feliz aceptándote y queriéndote a ti mism@.

Pasada esa etapa, y pensando que estaría bien sola y con mis papas felices de que no estuviera con nadie, porque al parecer para ellos era mejor que estuviera sola a que estuviera con una mujer, fui conociendo poco a poco a una compañera de carrera en la universidad, cuando estábamos en segundo año.

Ella no había tenido experiencias tan largas como la mía con otra mujer, a lo mucho unos besos locos, pero a pesar de ello comenzamos a conversar y conocernos cada vez mas. Tanta conversación y tanto conocernos nos llevo a formar una relación, pero otra vez… no todo puede ser color de rosa.

Mis papás lo descubrieron nuevamente, pero esta vez yo, entre lágrimas, les conté la verdad. Les dije que me es imposible estar con un hombre, que me gustan las mujeres y que no lo podrán cambiar.

De esa pelea sólo tengo recuerdos como fotografías, como si alguien me hubiera contado esa historia, pero realmente no fuera mía y yo sólo la imagino en mi mente, por lo que comprenderán que no pueda entregarles muchos detalles sobre ese terrible momento. La mente humana es un misterio, y se protege borrando o bloqueando los peores momentos de nuestras vidas.

Me fui de la casa un tiempo y viví con unos tíos, la situación se supo… toda mi familia se enteró y en ese momento comprendieron por qué la niña no traía pololos a la casa mientras las primas más chicas, aún en el colegio, ya habían llevado uno.

Nadie fue hiriente, sólo mis padres. Mi familia, mis tíos, tías, primos y abuelos fueron quienes más me apoyaron.

Mi novia también, se quedo junto a mi a pesar de que le ofrecí una salida, me dijo que nunca me abandonaría.

Seguí… más bien sigo en una relación con ella, ya van 3 años desde que pasó todo eso y mis papás nunca han vuelto a sacar el tema, obviamente todos sabemos que, sobre todos nuestras madres, son demasiado perceptivas y saben lo que pasa con sus hijos. Por lo que asumo, ellos deben saber que sigo en una relación, pero prefieren omitir el tema para, como digo yo, “llevar la fiesta en paz”.

A pesar de todos esos malos ratos, mi pareja siempre estuvo a mi lado. Nunca me abandonó, nunca dejó de apoyarme y nunca ha dejado de hacerlo.

Hoy estamos a punto de terminar la Universidad. Estoy a punto de convertirme en lo que siempre quise ser, PROFESORA.

Hoy estoy con una persona que me hace feliz, que me completa en todos los sentidos.

Hoy estoy orgullosa de ser quien soy, y me siento feliz conmigo misma.

Hoy no tengo miedo de decir que soy lesbiana… profesora y lesbiana.

HOY SOY FELIZ.

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Luciano, 16 años, Quintero
Bueno, primero que nada hola a todos, hoy quiero compartir mi testimonio. Mi nombre es Luciano, tengo 16 años y soy de la V región. No sé en qué momento admití que era gay, pero desde pequeño lo supe. Intenté estar con chicas cuando dudé más de mi sexualidad y para ocultársela a mis padres, pero ...
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Siempre supe que era diferente, desde que tengo uso de razón. Tener atracción por los hombres y desde niño siempre fue normal para mí. Al momento de pasar a enseñanza media eso cambió, donde la discriminación es más evidente, donde los patrones de la heteronormatividad te dicen que debes tener novia...
Anónimo, 21 años, Caracas, Venezuela
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3 Respuestas a “Carolina, 22 años, Santiago”

  1. Consuelo 8 junio 2012 11:05 am #

    ¡Qué felicidad leer relatos como estos! Y debo decir que me siento un poco identificada con tu historia, puesto que mis papás también se metieron en mi celular, pero el desenlace fue algo distinto.
    ¡Te felicito de verdad! Te deseo mucha suerte a ti y a tu novia en el camino que acaban de emprender, porque la tarea de educar es bien difícil y largaaaaaaaaaa.

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  2. carola 8 junio 2012 21:37 pm #

    muchas gracias!!!!
    la verdad es que estoy feliz con el camino que escogí.
    Soy feliz de ser POBRESORA jajajajja

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  3. catalina 12 agosto 2012 22:15 pm #

    carola que lindo!! me alegró haber leído tu historia, me imagino lo difícil del proceso con tus padres, en mi caso, tengo 18 y estoy viviendo un poco ese proceso; más tranqui que el tuyo pero también estuve a punto de irme de mi casa. Te felicito por tu fortaleza, mucha mucha suerte en tu camino contribuyendo a cambiar este mundito.

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