Juan Pablo, 29 años, Santiago Centro

Hace algunos años decidí por motivos diversos pasar una temporada fuera de Chile. Tenía muchas dudas acerca de mi vida personal, mi rumbo profesional (acababa de terminar derecho y no sabía si quería ser abogado por siempre) y necesitaba descifrar qué era lo que me motivaba y lo que quería para mi en el futuro.

En vista de ello, llegué a un país donde todo era distinto, no sólo en el idioma, clima, geografía, sino además en la idiosincrasia del pueblo y la forma de ver y vivir la vida. En ese entonces tenía 24 años. Ni tan joven pero sí muy confundido.

No sé si fue por la mezcla de culturas, pero me sentí más provinciano que nunca.  Compartí casa con dos chicas a esa altura suecas (digo a esa altura pues vivían en Suecia hace muchos años,  pero una era originaria de Irán y la otra de Dubái aunque de padres somalíes), con una pareja de taiwaneses, una inglesa, un francés que pololeaba con una tailandesa y luego en recambio llegó una pareja de Estonia, y una conformada por un japonés y una surcoreana. La mezcla cultural acrecentó mi interés por conocer más de ellos, de sus vivencias y a través de eso comencé a conocer más de mí mismo.

A miles de kilómetros de distancia y viviendo en el futuro (adelantaba a mis amigos y familia chilena en 14 horas) abrí los ojos, mentes y corazón dándome cuenta de que era un simple provinciano con aires de superioridad que había llegado a los 18 años a la capital y que, siendo criado en familia, colegio y universidad católica, creía saber mucho del mundo pero en realidad tenía la sabiduría del que nada sabe.

En más de algún momento la apertura de mente me atacó al punto de que me sentí más solo que nunca. Mi homosexualidad solapada que había empezado a descubrir y a la vez reprimir en mi país no la podría compartir nunca al volver. En Australia todo era distinto y ser gay no parecía ser tema entre el común de los ciudadanos, ni entre mis amigos heterosexuales.

Luego de unos días negros, pues mi intención fue siempre regresar a casa y no podía hacerlo bajo esa perspectiva, descubrí que no estaba ni había llegado a destino tan solo como lo imaginaba. Cada vez que me miraba en el espejo, reconocía a un hombre que me acompañaba desde el inicio del viaje. A ratos lo miraba y me encantaba, me sentía cómodo con su presencia,  sin embargo otras veces lo miraba con rabia, no me gustaba en lo más mínimo, podría decirse que hasta me asqueaba. En esos momentos la angustia era mi única compañera.

Asimilé que aquel hombre, el cual no sólo se aparecía en un espejo frente a mí, sino que me acompañaba en todo momento, en forma de reflejo en el río, en las vitrinas y hasta en sombra cuando podía, era mi mejor amigo.

Comprendí que vivir la vida a cabalidad parte necesariamente por conocerse uno mismo pero principalmente en aceptarse. Fue esa la principal razón por la que decidí emigrar y me fue bien. Aprendí a convivir con ese hombre, a quererlo, a respetarlo, a saber más de su vida, de sus inquietudes. Aprendí a esforzarme en obtener lo que es bueno para mí y no necesariamente lo que el resto dispone como correcto. Tomé además conciencia de algo: se nos enseña o al menos se nos obliga muchas veces a perdonar al prójimo, sin embargo nadie nos enseña a perdonarnos a nosotros mismos por las falencias y errores cometidos. En mi caso no tenía que perdonar a nadie más que al hombre del espejo pues habían pasado 24 años sin aceptarme, sin quererme como correspondía, y siendo esa la única forma verdadera de avanzar en la vida sin cuestionamientos personales, lo hice sin dudar.

Al hacerlo me liberé, me sentí, me he sentido y me siento más a gusto que nunca conmigo y con quienes me rodean. Al regresar a Chile sentí todas las fuerzas necesarias para contar mi experiencia de vida, salir del clóset y asumir lo que quiero, busco y espero. Fue mi propia epifanía y la agradezco enormemente. Soy un gay orgulloso de serlo 24 horas al día, los 7 días de la semana.

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Gonzalo, 25, La Calera, Chile.
Hace meses que encontré la página de Joven Confundido a través de Twitter, y, la verdad, nunca me puse a leer los relatos que publicaban. Hasta que un día me puse a leer cada una de estas vivencias, experiencias y lecciones de vida. Me tomó bastante tiempo y no pude obviar las similitudes de sus exp...

5 Respuestas a “Juan Pablo, 29 años, Santiago Centro”

  1. Daniel 19 mayo 2011 16:59 pm #

    Que buena experiencia!! me alegra que hayas podido encontrarte a ti mismo.

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    • Juanpi 19 mayo 2011 17:26 pm #

      gracias! es un proceso complejo, pero el conocerse, si no viene acompañado con aceptación de quien en verdad eres (aunque nuestra sexualidad no nos defina como personas) no tiene mayor sentido, es en el aceptarse donde se encuentra la liberación. Saludos

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  2. cristobal 25 mayo 2011 21:36 pm #

    que buen texto, no lo habia leido juampi..
    creo que seia bkn conocerte.. conversar.. creo que me serviria mucho
    gracias x la respuesta que dejaste en mi publicacion

    cuidate

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    • Juanpi 26 mayo 2011 9:10 am #

      te das cuenta que todos pasamos por ese proceso de conocimiento y aceptación? claro que con diferentes matices unos de otros, pero la vida tiene de dulce y agraz, hay que aprender a aceptar y convivir con lo inevitable, como el pasado de cada uno y siempre encontrarás con quien compartir sentimientos y angustias! yo feliz de poder conversar más conmigo búscame a traves de twitter o fb (juanpi duran), compartir mi experiencia de aceptación y otras tantas más de vida ayudando en el proceso a alguien más, me llena de satisfacción

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  3. Jose 30 junio 2011 23:57 pm #

    …Y resulta que me encuentro con una historia demasiado parecida, con un hombre de mi misma edad, a lo que me pasó a mí. También el “punto de quiebre” que hizo salir mi verdadera identidad por tanto tiempo ocultada fue en Australia, más específicamente para el Mardi Gras de Sydney que allá se celebra en pleno verano (conservo la revista de la tremenda organización de un evento que dura un mes completo y donde el desfile callejero es solo el gran evento de clausura)… desde ahí en adelante, fue un proceso tal vez un poco más lento de lo normal, pero que desembocó finalmente en que otro evento de mucha importancia, pero esta vez en Chile, fuera el gatillador de mi aceptación pública como gay: la Marcha por la Igualdad del 25 de Junio en la Alameda de Santiago. Sí, queda mi familia por enterarse de forma “oficial”, pero me tranquiliza mucho el que ya el mundo lo sepa, y sino lo pueda saber sin mucho esfuerzo, de cómo soy realmente.

    Juanpi, felicitaciones! Tenemos una historia con ingredientes sorprendentemente en común. Te buscaré por Facebook para compartir más. Un abrazo :)

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