Nicolás, 21 años, Santiago Centro

Fue a mitad del año 2010 cuando me llegó el cuestionamiento y la culpa. Lloraba por las noches y me preguntaba cómo podía sentir esto y seguir mintiéndole a todos, porque eso creía que hacía. No podía concentrarme al estudiar, algo que definitivamente me preocupaba porque mi carrera es bastante demandante. Me costaba reírme o sonreír, mis papás siempre me preguntaban qué sucedía y tenía la autoestima por el suelo.

Claro que esta mala autoimagen la venía arrastrando desde el colegio; durante casi toda la enseñanza básica y toda la media, mis compañeros (todos hombres) me molestaron, siendo que nunca fui afeminado ni un homosexual aceptado, sino que era retraído, callado y de pocos amigos (a los que también molestaban). No me gustaba jugar a la pelota, pocas veces iba a los carretes de curso y no mostraba interés por salir o pololear.  Todo esto, más la reafirmación de que la homosexualidad era mala según mis profesores (y que debía cambiar mi forma de ser para dejar de ser molestado), me hizo ignorar y hasta obviar el hecho de que sentía una fuerte atracción hacia los hombres muy por sobre las mujeres.

Debido a todas estas cosas más problemas familiares, mi único objetivo fueron los estudios y que los demás estuviesen bien, posponiéndome y olvidando que yo, primero, debía velar por mi felicidad antes que la de otros. Así, ingresé a la carrera que anhelaba, me adapté al ambiente, conocí a mis actuales amig@s y pasé el difícil primer año. Segundo fue más relajado y poco a poco fui pensando en mí, en lo que era y estaba haciendo. No me gustó lo que ví.

Es así como ocurre lo que les relaté al principio y desesperadamente busqué ayuda en Internet, chats y todo. Sin recurrir a la más pura fuente de comprensión que podamos tener: nuestros padres. Fue así como llegando de vacaciones de invierno, una tarde acostado en la cama, mi madre me encontró llorando y en ese momento le confesé que tenía grandes dudas y confusiones sobre mi sexualidad, y que tenía miedo. Mucho miedo. Ustedes deben haberlo sentido o estar sintiéndolo en este momento: miedo al rechazo, a quedar sin amigos, a que tus padres te odien, a no ser feliz, a que te apunten con el dedo y te griten en la calle. Pero es algo que estaba conmigo, un sentimiento de “guata” (como dice una persona muy importante para mí), y contra el cual no se puede luchar ya que vive con uno, siempre.

Recapitulando, mi madre me dijo que fuese lo que fuese, ella sólo quería que yo estuviera feliz, que siempre me iba a querer me gustasen mujeres, hombres, ambos, etc. Esta decisión no definía quien era como persona, sino sólo uno de tantos ámbitos de lo que soy y seré. Y este simple razonamiento uno no es capaz de llevarlo a cabo, cree que es el fin del mundo que te gusten los hombres y que eres el único en el mundo que pasa por ello. Pero NO ES ASÍ. De esta forma junté el valor suficiente y se lo conté a mi padre, quién me sorprendió: se mostró comprensivo y que ya presentía que algo me pasaba. Me ofreció toda la ayuda del mundo y que aunque ellos estuvieran siempre aquí, él sentía que necesitaba hablar con gente más preparada (léase psicólogo y psiquiatra), echar todo afuera, las culpas y trancas que sentía desde tiempos pretéritos y volver a estar bien conmigo mismo. Comenzaba mi vida como una persona feliz.

photo by: dicktay2000
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5 Respuestas a “Nicolás, 21 años, Santiago Centro”

  1. Matías 9 febrero 2011 3:16 am #

    Me sentí muuuuuy identificado, en todo

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  2. Javier 10 febrero 2011 21:54 pm #

    Tengo más o menos tu misma edad y bueno… no pasé mucho por esas cosas, talvez tuve la suerte de que fuera todo un poco más fácil, pero aún así, menos fácil que para un heterosexual.

    Y lo que he aprendido con los años y lo cual creo, es la mejor parte de ser homosexual; es que al ser todo más difícil para nosotros, cuando vemos los frutos de nuestros esfuerzos y penas, no sentimos mucho más satisfechos y lo disfrutamos más.

    Para un heterosexual enamorarse y tener una relación feliz es fácil, y por ese motivo, un poco más desechable, -si no me gusta lo cambio-.

    Nosotros valoramos más las relaciones buenas. Es verdad que lo que más nos cuesta lograr o conseguir, es lo que nos hace más felices.

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  3. Andre 23 febrero 2011 19:07 pm #

    leerte es mirarme en un espejo y verlo cortado por la mitad, justo en la ultima parte.

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  4. Maximiliano 3 mayo 2011 19:51 pm #

    Al leer tu testimonio me he sentido también identificado, claro yo aún no doy el paso de contarle a mis padres, sigue siendo mi gran secreto, casi como una cruz, siempre tratando de ocultarlo y desviar la atención.

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  1. Tweets that mention Nico, 21 años, Santiago Centro | Joven Confundido -- Topsy.com - 6 febrero 2011

    […] This post was mentioned on Twitter by Luis Larrain, jovenconfundido. jovenconfundido said: Conoce el testimonio de Nico, un joven confundido que empezó a ver la luz: http://bit.ly/gjD9vX […]

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