Patricio, 23 años, Viña del Mar. Chile.

#003 Nacho @ Ramos Mejía, 29 de julioHola, hoy me haré llamar Patricio, ya que a mis 23 años aún escondo a algunos familiares lo que realmente soy.

Desde pequeño sufrí de burlas por parte de mis compañeros, en la escuela nunca fue fácil asistir a clases y mucho menos poder hacer amistades, me destacaba dentro de mi círculo ya que participaba en la mayor parte de los talleres y era el mejor de mi clase, lo que llevó un día a que me dejaran encerrado en el baño de y sin saber por qué me largué a llorar.

Fue en ese momento cuando entendí que no era igual a los otros chicos de mi grupo, tenía algo que me diferenciaba. A los 14 años, durante las clases de deportes no miraba a mis compañeras, si no que me atraían enormemente los hombres, realmente no entendía que pasaba, vengo de una familia en la cual soy el primogénito y el único hijo hombre, por lo que mi Padre espera ser abuelo dentro de poco.

A los 18 años decidí acercarme a buscar ayuda psicológica, realmente no entendía qué pasaba en mi cabeza, estaba realmente confundido, después de asistir a mis citas programadas con mi terapeuta dejé el tratamiento, ya que este profesional se veía realmente asombrado ante las historias que compartía con él.

Cuando tuve que rendir la prueba de ingreso a la Universidad, hice amistad con un chico y desde ese momento comenzamos a conversar y nos hicimos buenos amigos, hasta que declaró sus sentimientos hacia mí y yo lo rechacé, me aterré ante la posibilidad de ser Gay. Mantuve relaciones heterosexuales, pero no me sentía realmente pleno y sentía que me faltaba algo.

Después de algunos años volví a tomar contacto con este chico, un día estábamos en mi casa viendo una película recostados en mi cama y él sin avisarme junto sus labios con los míos, quedé realmente pasmado y paralizado ante esa situación, no me sentí extraño ni arrepentido, pero le pedí que no fuera la última vez que nos besáramos.

Desde ese día de Abril comenzamos una relación, una de las relaciones más placenteras que he tenido. Compartíamos días enteros, realizamos viajes, conocí a su familia, la cual se enteró de nuestra relación y nos acogieron realmente bien, vivía prácticamente conmigo en casa de mis padres, debo decir y admitir que me enamoré, por primera vez en la vida sentía lo que era amor, sentir esa necesidad de saber de otra persona, esperar un “buenos días, amor”; querer compartir 24/7 y no separarse nunca.

Sufrí un accidente que me imposibilitó caminar por varios meses, y debo decir que él fue un apoyo en todo el proceso.

Un día me di cuenta de que algo nos pasaba, no estaban esas mariposas en el estómago cada vez que nos besábamos y el interés de vernos por lo menos dos veces por semana ya no existía.

Déjenme decirles que no soy de esas personas obsesivas, jamás he revisado el teléfono o redes sociales de mi pareja porque siento que no corresponde, todos debemos tener privacidad y además, si estás con alguien, es porque confías en ese “alguien”.

Aunque conocía su contraseña de Facebook, jamás ingresé a revisar su privacidad, hasta que un día sí lo hice y obviamente, como dice el dicho, “el que busca siempre encuentra”. Encontré una conversación con un chico que había conocido en una fiesta, a la que asistió solo con sus amigos. En ese mismo momento tomé mi teléfono y le dije: “Hola, voy a tu casa ahora porque me fuiste infiel”.

Fue una conversación eterna, fue un momento asqueroso cuando me dijo que ya no sentía nada por mí. Ese día dimos término a la relación, fue ese día el que me sentí realmente mal. Después de eso, mis cercanos se enteraron de mi orientación sexual, caí en trastornos alimentarios, ya que pensaba que nadie más me iba a querer, me sentía asqueroso y poca cosa, entregué tanto y lo quería con todo lo que podía, pero él no sentía lo mismo por mí.

Con la ayuda de mis amigos y familiares pude seguir adelante, volví a mis citas con el psicólogo (ahora con uno que realmente sentía que me escuchaba). Cambié mucho, cambiaron mis amistades, forma de pensar y hasta cómo veo la vida.

Después de más de un año este chico volvió, comenzamos a conversar nuevamente y acordamos una cita, me dijo que quería volver conmigo y yo, sin pensarlo, mi respuesta automática fue “NO”. ¿Qué iba a cambiar? La confianza ya no se podía recuperar y mis sentimientos hacia él son nulos.

Debo admitir que tenía miedo, miedo a abrirme a este mundo gay que no conocía y del que hoy soy parte, pero hey! Es lo que soy, es lo que quiero y es como yo quiero vivir mi vida. Aún no he podido decírselo a mis padres porque no he encontrado el momento, pero no tengo miedo. Sigo siendo la persona con los valores que ellos me entregaron, sigo siendo ese chico que sufría de bullhying, pero ahora tengo las herramientas y la seguridad para defenderme.

Hoy estoy próximo a cumplir 24 años y estoy terminando mi carrera universitaria. Estoy orgulloso de mis logros, actualmente estoy soltero, pero siento que la persona indicada llegará cuando tenga que llegar.

Quiero decirles que cuando terminamos una relación, lo difícil no es olvidar el pasado, si no el futuro que esperabas con esa persona; pero el futuro esta en nuestras manos, el futuro está a una hora más y apodérate de eso. Vive por ti! No por los demás.

Saludos y un abrazo a todos los que hacen posible esta página y darnos la oportunidad de compartir nuestras experiencias.

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Una respuesta a “Patricio, 23 años, Viña del Mar. Chile.”

  1. Pedro 14 febrero 2015 19:30 pm #

    Me encantó la dignidad que tuviste para decirle que no a tu ex, eso si que es amor por sí mismo, te felicito :) Un abrazo

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