Carta abierta de una persona arromántica a la comunidad sexual y romántica

the most human colorHola, soy arromántica.

            No, no soy una planta.

            Tampoco soy un robot.

            Esta no es una broma.

            Soy arromántica.

Esto significa que no siento atracción romántica hacia las personas. No me enamoro, nunca lo he hecho, y la verdad es que el tema tampoco me interesa. Es decir, aunque pudiese estar en una relación amorosa – porque no tengo ningún trauma ni impedimento al formar lazos, no quiero estarlo. Estoy feliz soltera.

También, estoy segura que no tienen idea de lo que estoy hablando. Dentro del espectro de la orientación sexual – que se considera más bien fluida que binaria, se puede ser heterosexual (atracción a un género único distinto del mío), homosexual (atracción hacia mi mismo género), bisexual (atracción hacia mi mismo género y otro(s) distinto(s) del mío) pansexual (atracción sin importar el género con que la persona se identifique), o asexual, que es la no experimentación de atracción sexual.

Ser asexual no significa que no puedas tener sexo, o que no puedas reconocer atractivo o belleza física en la gente. Tampoco tiene que ver con la libido, sino que tiene que ver únicamente con la atracción, con la inclinación a. Y no, las personas asexuales no son heterosexuales, no son necesariamente célibes, y no tiene nada que ver con los votos de castidad. Simplemente no sientes atracción sexual, no tienes necesidad de un “buen beso” así por el puro hecho de la hormona, o no quieres tener sexo ni ninguna actividad de ese tipo porque no te llama la atención.

Ahora, lo común es que asumamos que la orientación sexual es la misma que la orientación romántica, es decir, que nos sentimos dispuestos/capaces de formar lazos románticos con las mismas personas que nos atraen sexualmente. Esto no es sólo un problema de sobre-sexualización de los afectos y de la sociedad, sino también un error.

La orientación romántica no es necesariamente la misma que tu orientación sexual. La división de ellas, sin embargo, son más o menos las mismas, sólo que quienes no experimentamos atracción romántica, que es la sensación en las personas que genera deseo de una relación romántica, nos denominamos arrománticos.

Para nosotros no hay necesidad alguna de emparejarse con alguien por razones románticas, aunque podamos hacerlo. Lo que sentimos es amor afectivo – como el amor fraternal, el que se siente entre padres e hijos, o como el amor platónico, siempre y cuando no se considere este en su acepción popular, y errónea, de ‘amor imposible’.

Tenemos sentimientos, como cualquier persona, porque somos personas. Ser arromántico no significa que seas frío o que no tengas corazón. No significa que no seas una persona apasionada – a mí, en lo personal, me consideran y me considero una persona terriblemente intensa, apasionada, amiga de mis amigos, un poco enojona. Soy entregada a lo que estudio, a mis relaciones de amistad, amo a mis amigos, a mi patria, amo a mi gato.

Simplemente no tengo ningún deseo exclusivamente romántico hacia alguien. No me interesa estar en una relación, y no es porque no he encontrado a la persona indicada, o porque no se me ha dado la oportunidad. Entonces, ¿no tengo relaciones de ningún tipo?

No. Los arrománticos tenemos un término para ejemplificar el deseo fuerte de estar en una relación íntima con alguien, pero que no tenga romance – ni, opcionalmente, sexo, de por medio. Es una atracción afectiva intensa, algo así como un “enamoramiento” sin el romance: se llama arrobamiento. Es algo más fuerte que una mera amistad, aunque te arrobes de las personas que son también amigos tuyos.

Incluso constituimos relaciones en torno a eso, relaciones platónicas, que en inglés se llaman Queerplatonic Relationships. Yo estoy en una, con dos amigas, una de ellas es asexual, y la otra demisexual, sin orientación romántica definida (aún). Demisexual significa que sólo siente atracción sexual respecto de las personas con las cuales ya tiene un vínculo. No estamos enamoradas, no hay sexo de por medio, y no por eso cualquiera de las tres – hablo aquí también a su nombre, y les agradezco el apoyo que me han dado mientras escribo esto, dudaría en afirmar que somos “los amores de nuestras vidas”.

He estado en varias relaciones amorosas que terminaron siendo bastante desafortunadas. Tengo 21 años y he pasado la mayor parte de mi vida sintiéndome incómoda hacia las relaciones romántico-sexuales tal y como las tiene el común de la gente. Cada vez que estuve en un pololeo, o “andando” con alguien, fue porque decía que ‘si’ al asumir erróneamente que eso era lo que tenía que hacer, lo que se esperaba de mí, aunque nunca haya querido estar realmente en cualquiera de esas relaciones.

Cuando era niña – estamos hablando de tres o cuatro años, mi mejor amigo era mi vecino. Él tenía un hermano mayor, y les dije a mis padres que me “gustaba”. Hasta el día de hoy me lo recuerdan porque, cuando me preguntaron, entre carcajadas, si es que sentía mariposas en la guata, o si quería que me regalara flores, yo dije que no. Respondí que no, que simplemente me gustaba porque eso era lo que se suponía que tenía que pasar. Obviamente, esto lo formulé en términos mucho más infantiles.

La primera vez que fui consciente de sentir un afecto fuerte hacia alguien fue hacia mi mejor amiga, quien hoy es como mi hermana. Tenía 10 años, y no me imaginaba pasar el resto de mi vida – dentro de lo que significa “para el resto de la vida” a una persona de 10 años, con alguien que no fuese ella, porque no me entraba en la cabeza que no pudieses querer pasar tu vida con tus amigos. Ella me dijo que no, que así no se suponía que tenían que ser las cosas. Que claro que seríamos amigas, pero que tendríamos pololos, saldríamos a fiestas, quizás tendríamos hijos, una casa, una carrera, una mascota. Pero no, que no se suponía que pasaras la vida con tus amigos, se suponía que te enamorabas. Yo no entendía por qué.

En sexto básico, y principios de séptimo, entre mis compañeros de curso se impuso la moda de jugar al “Semáforo”. Es una especie de policías y ladrones, pero con besos: verde en la mejilla, amarillo en la mano, rojo en los labios, y nos turnábamos entre unos y otros para perseguir y ser perseguidos. Yo lo odiaba, pero no jugarlo, era pasar el recreo sola. Lo odiaba porque no lo entendía, lo creía un juego un tanto estúpido, y no lograba comprender cómo mis compañeras estaban tan interesadas en los besos y en llamar la atención de mis compañeros. Sabía que la gente se besaba y salía, y qué sé yo, pero para mí eso no pasaba en la vida real, ¿quién lo querría?

Eso pasaba en la televisión, con clichés sobre fuegos artificiales y música Billboard, con parafernalia y drama de secundaria gringa, sólo para darme cuenta de que era la única que pensaba así. Le llamaron pubertad tardía, me dijeron que algún día me interesaría, que llegaría la persona correcta. Hasta el día de hoy no me interesa, nunca quise a mi media naranja, porque puede ser que siempre fui una naranja completa que buscaba otras naranjas para hacer amigos. Buscaba al árbol, no a media fruta.

Pero, entre los 12 y los 21 hubo pololeos que llegaron con un sí desesperado ante la posibilidad espeluznante de no encajar, de saberte el bicho raro. Entre los 12 y los 21 hubo un primer beso en una fiesta del Colegio Verbo Divino, con un tipo que no había visto antes en mi vida, ya que la curiosidad fue más grande. Quería saber qué era lo que les llamaba tanto la atención a mis amigas, y quizás si lo intentaba descubriría el porqué.

No lo hice. No lo hice, y di pie a la lucha conmigo misma de adaptarme a un molde que no me correspondía. A la lucha ante la noción de crecer y quedarme sola, porque al igual que muchas otras personas, tenía erróneamente asumido que estar soltera era estar sola.

Con esos años entre los 12 y los 21 vinieron los llantos explosivos ante la posibilidad de que mi pololo de aquel entonces terminara conmigo, porque si bien no estaba enamorada de él, estar soltera era estar sola. Ante un grupo de amigas donde todas pololeaban, era quedarme fuera de algo que parecía no estar destinada a participar. Era consumarme como paria terminal, porque cuando tienes 16 el rechazo de tus pares te liquida. Que quieras ir en contracorriente del mundo no significa que quieras hacer lo mismo con tus pares.

Dentro de esos nueve años tuve un pololo a quien consideraba mi amigo, y pensé, ilusamente que si yo lo consideraba así, no había ningún problema. Claro que lo había, yo no era su amiga, era su polola, y soy un asco de polola porque el romance es un idioma que no hablo, es un idioma que no entiendo. Claro que lo quería, pero yo no estaba enamorada de él, cuando él sí de mí. Fue un desenlace desastroso. Con él hice mis primeras formulaciones sobre mi orientación, y a él más que a nadie le debo una disculpa por el daño colateral que causo mi negación.

La primera vez que identifiqué una atracción como arrobamiento tenía 18 para 19, y me dijeron que no era suficiente, que alguien más lo estaba esperando y había decidido salir con esa persona, aunque yo fuese su polola. Es decir, ¡hombre al agua! Ahora eres la ex. Fue la primera vez que sentí que mis esfuerzos eran insuficientes, y quizás cuando realmente comencé a comprender que no lo serían, porque eran esfuerzos para calzar en algo que no era mío.

Pasaron dos años, y puede haber estado en una relación con alguien a quien yo le gustaba, pero formulé mi orientación en voz alta por primera vez: soy arromántica, soy asexual. Creí que podría funcionar si era sincera, si dejaba claro que enamoramiento no era algo que se podía esperar de mí. Fue la primera vez que alguien me dijo, a la cara y sin decoro alguno, directa y confrontacionalmente que era inhumana, que si no consideraba el sexo una necesidad básica, entonces era como una planta, que como podía vivir si enamorarse era lo “normal”.

También fue la primera vez que en lugar de bajar la cabeza, di la pelea y dije “no me toques”. La primera vez que me permití renunciar a la presencia de alguien en mi vida, porque la guerra conmigo misma se había empezado a terminar: ser feliz conmigo, aceptarme y quererme como soy era, es, más importante que esconderme.

Cuando te han repetido toda tu vida que te tienes que enamorar, pololear, y casar; cuando vives escuchando bromas sobre mujeres solteronas o que se les fue el tren, cuando tus propios familiares te preguntan si no te asusta quedarte sola, porque las mujeres con tu personalidad, las mujeres tan intensas, espantan, como si estar soltera fuese lo mismo que estar en el desamparo máximo. Cuando te lo han repetido toda tu vida, llega un punto en que no puedes hacer más que explotar.

Enamorarse no es lo normal, es lo más común. El sexo no es una necesidad básica, porque si lo fuera – como sí lo es comer-, ya me hubiese muerto hace años por falta del mismo. ¿Y yo? Yo no estoy muerta.

¿Por qué, entonces, hacer una carta anónima si estoy tan segura y orgullosa de mi orientación? Por varias razones: en primer lugar, porque lo importante es el mensaje, no el mensajero. En segundo lugar, porque no pretendo que todo el mundo me crea, hay quienes dirán que esta carta abierta es la cúspide del relativismo, hay quienes dirán que estoy amargada, que se me fue el tren, o que soy una Sexual-Romántica traumatizada.

Mi carta no es para ellos, mi existencia no necesita de explicaciones ni analogías para ser más válida, mi vida y mi orientación es válida independientemente de lo que ellos digan.

Mi carta es para esas personas de la comunidad LGTBQIA que no creen en una sexualidad ni en una afectividad binaria. Mi carta es para aquellas personas que sabemos que la A en el acrónimo no debería otorgársele a los aliados – por muy importantes que sean-, sino a los Asexuales y a los Arrománticos. Mi carta es para esa persona que le pudo haber pasado lo mismo que a mí, que le puede estar pasado lo mismo que me pasó a mí.

Mi carta es porque la Aromantic Awareness Week – Semana de difusión del Arromanticismo, es del 10 al 17 de noviembre, y es la semana de mi cumpleaños. Pararme hoy, frente a la comunidad y decir sin miedo que soy arromántica es el mejor regalo de cumpleaños que me podría haber hecho.

No estoy muerta, dicen que la peor guerra es con la discriminación externa, el miedo a que te descubran con alguien de tu mismo sexo; miedo que, si bien viví, no se compara con el campo minado que se vuelve tu autoestima, amor propio y tu propia mente. Ahora, después de dos años de feliz soltería, amigos que adoro, y una queerplatonic relationship encima, por la cual trabajo día a día, codo a codo junto a dos personas más para que funcione, para mantenerla, por fin dije: “No más.”

No más angustia, no más mentirme a mí misma, no más sentimientos de inadecuación. Soy arromántica, no siento atracción romántica en grado alguno, y ni siquiera entiendo el romance, no me gusta coquetear, no me interesa el sexo, y ya no me da miedo quedarme sola, porque por fin me di cuenta que no estaba rota, porque nunca hubo nada que necesitaba repararse. Por fin entendí que soy distinta, pero no anormal.

En una sociedad donde las primeras preguntas que nos hacemos es si “estamos pinchando” con alguien, en una sociedad donde el amor se volvió un bien de mercado, donde seguimos haciendo bromas retrogradas sobre que se nos vaya el tren, las personas como yo, no deberíamos existir, olvidando que somos mucho más que nuestra orientación, o nuestro relacionarnos en el plano romántico.

En una sociedad donde tu validez está dictada por tu participación en el romance, la lógica del sistema dicta que las personas como yo no deberían existir. Sin embargo, existo, y el mundo debería aprender a lidiar con eso. Además, ¿qué es precisamente “lo normal” en un mundo de existencias únicas e irrepetibles?

Una arromántica-asexual.

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10 Respuestas a “Carta abierta de una persona arromántica a la comunidad sexual y romántica”

  1. Pato 19 noviembre 2014 1:54 am #

    Con tu carta he aprendido sobre un nuevo mundo (para mi) y sus cualidades. Considero excelente cada palabra y sentimiento que pusiste en el texto, siento que tienes las cosas claras y no andas con rodeos, es envidiable (de buena manera) y me ha hecho comprender mejor los diversos ámbitos de la vida, diferentes posturas y distintas miradas. Un abrazo tremendo para ti y la mejor de las buenas vibras a tu persona. Exito en todo!

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  2. Gonzalo 23 noviembre 2014 11:50 am #

    Buenísima tu carta. Soy demisexual y antes fui pansexual. Y cada una de tus palabras fue gratificante. Cuídate. Éxito en todo.

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  3. EDUARDO 20 diciembre 2014 8:45 am #

    La verdad te felicito, me gustaria no ser exclavo del sexo…un abrazo

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  4. natalia 21 diciembre 2014 17:41 pm #

    Me sentí tan identificada con tu carta y por cierto muy interesante.. saludos

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  5. Jorge 23 diciembre 2014 12:20 pm #

    Tu punto de vista es muy bueno, honestamente considero que toda relación “romántica” por así decirlo, tiene efectos negativos! Porque la razón se pierde con la emoción, hoy en día eso no existe, toda chica espera tener alguien lindo, con posesiones materiales y dinero; mientras que todo varón espera estar con alguien linda y clavarle en el ángulo.
    La sociedad se ha encargado de poner límites, leyes o costumbres que dicen según ellos “estar en lo correcto” pero han olvidado que todos somos libres de hacer lo que nos de la gana, sobre todo de aceptar la ideología de los demás, siempre y cuando nadie salga afectado! Quienes somos para juzgar o decir quien hace bien o mal las cosas?
    Tu carta es un paso fundamental para romper con estos límites de la sociedad, para saber que no es monótono y para saber que cada quien es feliz a su manera.

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  6. lau 30 diciembre 2014 20:58 pm #

    lo único que puedo decir es: gracias. Gracias por que por tu carta puedo decir que no soy la única, y puedo lidiar con mi familia que cree que solo soy una feminista amargada, que algún llegará ese alguien especial, que algún día me voy a casar. No. No lo voy a hacer. Iba en séptimo básico cuando me pidieron pololeo por primera vez, y a pesar de que el niño me gustaba no fui capaz de decirle que si. No por que me diera miedo, si no por que no me nació. El me dijo que me amaba, y yo sabía que yo a el no. Siempre pensé que después me enamoraría y todo sería normal, pero hoy tengo 20 años y nunca me he enamorado y no me interesa enamorarme. El otro día un familiar que me preguntó por mis pololos y me retó por que le dije que no me interesaba, me dijo que como era posible que una niña como yo, una niña bonita y no se que otra cosa, no estuviera interesada en eso, que yo debería querer tener hijos, una vida en pareja; eso es todo lo que espera el mundo: que nos enamoremos y nos casemos. Pero como tu dijiste, yo no voy en la búsqueda de mi otra naranja, ni siquiera lo busco. Me cansé de tener que explicarle a la gente que no busco un otro por que siento que no lo necesito, me siento completa sola y me siento fuerte. Gracias, de todo corazón, por que me sentí comprendida y por que finalmente puedo dejar de mentirme a mi misma con la idea de que quiero a alguien conmigo solo por que es lo que esperan de mí, cuando no es lo que quiero. GRACIAS.

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    • Equipo JC 31 diciembre 2014 10:28 am #

      Un abrazo Lau, todos merecemos ser felices y esa felicidad sólo se encuentra aceptándonos como somos.

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  7. alan 9 mayo 2015 22:35 pm #

    ola, oye que interesante.
    antes de esta carta no sabia que habia personas asi.
    y me pongo a pensar que tal vez hay una posibilidad de que yo sea asi, por que la ultima vez que yo senti algo realmente fuerte fue hace como 9 años tengo 16 , ahora las unicas personas que amo son mi familia y amigos por quienes yo daria mi vida sin pensarlo.
    soy vi-sexual aunque yo me inclino un poco mas por mi mismo sexo, no me he enamorado desde hace mucho pero me considero una persona romántica y apasionada a morir y me pongo a pensar, y cada vez me siento mas confundido aunque abrí un poco mas los ojos.
    y es sierto lo que dises hay que enseñarle al mundo que puede existir todo tipo de personas.
    me gusto mucho to seguridad y confianza con la que te expresas y te felicito.
    un abraso y grasias.

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  8. kontraky 11 mayo 2016 18:34 pm #

    para ser arromántica tiene más experiencias ‘románticas’ que yo en mis 30 años como persona asexual xD, así es la vida jiji

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  9. María 8 julio 2016 8:08 am #

    Me gusta esto.. La verdad es que
    el romance está sobrevalorado..

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