Daniel, 25 años, Arica – Parte III

two brothers together!…continúa

El momento de la verdad

Salir del clóset es algo que te debes a ti mismo y a nadie más. Debes hacerlo sólo si quieres, porque es algo tan complejo, que nadie debería presionarte por hacerlo. Cada uno tiene sus procesos, pero sí creo que yo me tardé demasiado. Cuando le conté a mi hermano también me lo dijo, porque es un sufrimiento que pudiste dar finalizado mucho antes, pero yo le dije que nunca sentí la confianza para hacerlo. Mi hermano seguramente lo imaginaba, y creo que el resto de mi familia también lo habrá pensado.

Haciendo memoria, creo que una vez uno de mis hermanos me lo iba a decir o consultar, él quería llevarme a hablar en privado. Como que lo presentí y finalmente evité el momento con todos los recursos posibles. Recuerdo que le había prestado mi notebook. ¿Habrá visto algo que me haya delatado? Algún día se lo preguntaré. La familia en general y principalmente las madres, lo intuyen, y ¿Cómo no? si se supone que son las personas que mejor nos conocen.

Hay muchos contextos para contarlo y otros que no, creo que el mío fue favorable para hacerlo, pero también entiendo que existen otros que pueden ser muy negativos, y nosotros mismos podemos estar predispuestos a que la situación se vea más adversa de lo que realmente es. Imagino que en los hogares más vulnerables debe ser más difícil, aunque no lo sé a ciencia cierta. Creo que antes de contar que eres homosexual, es fundamental que la familia sea educada respecto al tema, pero ¿quién podría hacerlo? Yo por lo menos lo conté estando soltero y sin amigos.

Bueno por un lado, porque ya con una pareja en el futuro, no tendrán que pensar que es “sólo un amigo” y que él sienta que no le doy su lugar, o que me avergüenzo de nuestra relación. También es bueno, porque cuando inicie nuevas amistades, podré ser honesto desde un comienzo con ellos. El sentimiento de aceptar y querer lo que soy, crece día a día. Sin embargo, antes el callar mi homosexualidad tanto tiempo me generaba desesperanza, angustia y desolación.

Recuerdo que lloré varias veces antes de decidir a salir del clóset. Cuándo nunca he sido muy llorón, es más, si alguien me preguntaba, nunca recordaba la última vez que lo hacía. ¿Cuáles son las palabras adecuadas? ¿Cómo preparar a la familia? Claramente cuando lo cuentas quieres esperar la mejor acogida de los tuyos. ¿Pero cómo empezar? ¿Darle o no solemnidad al momento? ¿Confesarlo a secas? ¿A Toda la familia al mismo instante o uno a uno? A mí me recomendaron contarlo sin tantos “rodeos”. Yo no hice caso a ese consejo. No va con mi personalidad.

Les cuento mi experiencia… Jamás pensé en contárselo a él primero, al mayor de mis hermanos. Siempre pensé confesarlo a mis hermanos con quienes me llevo mejor y al final a mis otros hermanos a los cuales considero más cerrados de mente. Lo más probable es que luego me sorprendan, al menos eso espero. Estuve alrededor de una hora buscando la manera, las palabras exactas para decirle y otra hora más para decidirme a hacerlo. Recuerdo que me paraba, me paseaba y me sentaba y todo de nuevo. Tenía preparado agua para mí, pañuelos, el libro de Jaime y mi carta que le escribí a él.

Llamé a mí hermano para que viéramos un documental, pero que antes quería contarle algo muy importante. Creo que le di mucha solemnidad. Use muchos argumentos que evocaran emotividad y empatía de él hacía mí. Como por ejemplo: Que siempre he estado solo, él lo sabía. Que me he postergado mucho. Que soy una buena persona, y que merecía ser feliz. Que lo que le iba a contar, a veces es difícil de aceptar, pero por más que quiera cambiarlo, y por más que lo intenté nunca podría hacerlo.

Finalmente, le manifesté que existiría un antes y un después en nuestra relación de hermano. Mientras tanto, mi hermano me miraba preocupado, le dio hasta ansiedad y empezamos a comer pie de limón. Bebía una cerveza y se fumó una cajetilla entera de cigarrillos. Mi confesión fue a través de Jaime, leí la dedicatoria que él había escrito para mí, en su libro “Yo, gay”. Y dice: “Para Daniel, con afecto, esperando que este libro sea la puerta de entrada hacia la auto aceptación y la vivencia de una orientación sexual con alegría”.

Me marcaron estas palabras, incluso las memorice. Cuando termine de leer, mi hermano preguntó lo obvio, pero necesario. ¿Eres gay? A lo que respondí tímidamente, con lágrimas en los ojos, con una voy atorada y asintiendo con la cabeza. La reacción de mi hermano. Cómo continuar la situación. Quería ser optimista y esperar una buena reacción, esperar su apoyo y respaldo y así nomás fue. Recuerdo que él, le quito dramatismo, porque yo le planteé todo el tema de la confesión como algo muy solemne y trascendental para mí, me dijo: “tranquilo”, me lo habrá dicho unas diez veces.

Le daba normalidad a la situación. Antes de decirle que soy gay, se habrá imaginado mil cosas. Él pensó que renuncié a mi trabajo, o que cometí un error irreparable en la empresa, o que me habían despedido. Tenía mayores expectativas por su reacción, pero de todos modos fue muy buena. Mi hermano no lloró en ningún momento, él estaba muy tranquilo, mientras que yo estaba muy emocionado, estaba liberado. Trataba de hablar y lloraba, pero de alivio, de felicidad por su tan amplio respaldo y aceptación.

Él me agradecía la confianza que depositaba en él, ya que era al primero de la familia a quién le contaba. Quiero pensar que si estaba emocionado, pero no lo demostró para tal vez darme fuerza. Luego, le pedí leyera en voz alta la carta de seis páginas que escribí a Jaime Parada cuando leí su libro donde le contaba mi historia. A mi hermano le gustó mucho, también le dio tristeza por mí, ya que allí contaba todos mis miedos, dolores y silencios.

Luego nos abrazamos y me dio un beso y lloré aún más. Sentía que me quitaba esa pesada carga que llevaba durante años. Fue muy especial ese abrazo, tenía lágrimas de alegría. Curioso, mi hermano no quería hacerlo, no por no sentirlo, sino porque quería fortalecerme, que yo sintiera que soy más fuerte de lo yo que creía. La experiencia ahí finalmente supero mis expectativas. Siento que salir del clóset antes, pudo haber sido mucho más fácil.

Había muchas señales que no quise ver y que mi hermano me aceptaría con los brazos abiertos. Qué increíble notar que nuestra negación, nos hace ver las cosas como imposibles, como que todo va a salir mal. Él es médico, sabe mucho, y claramente no ve la homosexualidad como una enfermedad. La mayoría de los médicos son agnósticos o ateos. Es decir, que no estaba cerrado, por ataduras religiosas, como mucha gente sí lo está. Obviamente, él no es ignorante, como sí mucha gente que rechaza la homosexualidad. Definitivamente creo que

la gente en general fue tan mal formada, como siento, yo lo fui. Por años rechace lo que era. Ahora que ya lo conté, por lo menos a mi hermano. Les dijo, ¡Te sientes increíble! Te sientes ligero, porque ya no tienes que llevar esa pesada carga. Tan ligero, que sientes que puedes incluso volar, pero ojo que plumas no tengo. Ahora me queda el resto de la familia, va a costar un poco, pero el respaldo que me dio mi hermano fue tan amplio. Me dice que esté tranquilo, que lo cuente, que todos te van a apoyar y te van a querer más. Ser gay no cambia lo que eres, eres mi hermano siempre lo vas a ser. Vales por lo que eres: una persona valiosa que merece ser feliz.

Mi hermano al fin me aceptaba y me quería tal como soy. Bueno y ¿cómo seguir con la conversación? ¿De qué hablar? ¿Qué hacer después? Con mi hermano vimos un documental llamado Bridegroom. Es precioso y en Twitter leí que muchos ya lo han visto, vi que Luis Larraín también lo vió hace poco y lo conmovió ¿y a quién no? El documental, narra la historia de una pareja gay Norteamericana. Dos jóvenes de localidades muy conservadoras, que huyen de sus ciudades respectivas, y luego se conocen en California.

Cuando el documental terminó, mi hermano me manifestó que le gustó, diciéndome que “estuvo bonito”. Luego él me sugirió, viéramos un video donde niños y jóvenes observaban originales flashmob de propuestas de matrimonios homosexuales, pueden buscarlo como, “Kids React To Gay Marriage”. Increíble ver que los niños no tenían prejuicio alguno, muy por el contrario, lo apoyaban, lo consideraban tierno, hermoso, porque así es el amor. En seguida de eso, le entregué el libro “Yo, gay” para que él lo leyera. Lo abracé, le di un beso y me fui a dormir. Eran las 4 de la madrugada y al día siguiente trabajaba. También le avisé a Jaime, que finalmente confesé mi homosexualidad a mi hermano y que él me respaldó un cien por ciento y que lloraba, pero esta vez, de alegría. Jaime respondió “En serio????????? Que la raja”.

continuará…

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