Carmen Luz, 55 años, La Reina

Mom & SonCuando mi hijo conversó conmigo y me contó acerca de su homosexualidad, fue el día en que aquello que había intuido, se convirtió en una verdad que ya no podía negar.

Ese momento lo recuerdo con dolor y alegría. Dolor, de reconocer SU dolor y todo lo que había vivido solo y alegría por reconocer a mi hijo tal como era. Tenía frente a mí, a la misma persona de siempre, a quien conocía y amaba desde siempre y a quien desde ese momento, podría finalmente vivir en plenitud. Lloramos y nos abrazamos. Desde ese momento supe, que nada había cambiado en mi amor por él. Seguía siendo aquel hijo a quien siempre admiré y del cual estaba tan orgullosa.

Doy gracias al Señor, por no haberme quedado pegada en la pena. Al revés, descubrí una oportunidad para conocer y aprender a “querer” el mundo gay, algo que ahora es parte de mi propio mundo.

Surgen los miedos a lo desconocido y el arraigo de una cultura conservadora, que nos impide mirar con confianza a los que son “diferentes”. Complica presentarse ante los tuyos (familia, amigos, conocidos) con toda la verdad. Ya no te es indiferente, cuando la Iglesia a través de la jerarquía, o algunos sacerdotes, se abstiene de hacer o decir lo que corresponde. Cuando en algún círculo social, alguien se expresa mal de los homosexuales, o son sujeto de burlas y exclusiones. Cuando nadie se atreve a levantar la voz, ni uno mismo. Todo te remece interiormente, hasta que uno nuevamente va encontrando las confianzas y en mi caso personal, lo incorporo a mi vida, orgullosa y feliz.

La participación en un grupo de padres de homosexuales fue un regalo que acogí feliz. Este grupo me ha permitido unirme en solidaridad de destinos con otras familias. He descubierto aquí una nueva misión, que me compromete más allá de mi situación particular. Me he sentido en familia. He reconocido el amor fraternal, en todos aquellos que han permitido que este espacio de encuentro se haya ido consolidando. Me siento tremendamente agradecida y privilegiada, por tanto cariño y regalo recibido.

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Una respuesta a “Carmen Luz, 55 años, La Reina”

  1. Daniel 19 junio 2014 14:59 pm #

    Estimada Carmen, no sabes como valoro leer testimonios de madres en esta página, signitifican mucho para mí saber que tantos jovenes cuenten con el respaldo de sus padres. En un proceso tan difícil y doloroso como salir del closet, pero cuando uno finalmente es valiente y es capaz de contarlo, la vida para alguien perteneciente a las minorias sexuales cambia. Uno siente como si volviera a nacer. En ese caso yo recièn tengo un año, cuando en realidad tengo 26.

    Cada vez se avanza más en este tema, pero aún falta tanto. Muchos chic@s que salen del closet y sus familias se quedan ahí encerradas. Aceptan a su hijo pero no su homosexualidad. Por fortuna te puedo contar que mi familia, tal como tú no lo hizo. Para todos mi experiencia ha sido un aprendizaje. Gracias a eso, todos son ahora más respetuosos y valoran más la diversidad. Me alegra que en tu caso tu reacción y actitud sea tan positiva.

    Espero que algún día mi madre tenga el valor y la convicción de escribir su testimonio, sería muy ilustrativo. Al igual que tú, yo también lo hice, te invito a que lo leas, es: Daniel 25 años Arica. El activismo hoy es el testimonio, las personas y sus familias deben salir del closet. Debemos mostrarnos en la sociedad. Me encantaría un día mi familia me acompañara a una marcha en favor de las minorias sexuales. He ido una sóla vez, pero fue muy signiticativo ver a otros chic@s marchando junto a sus familias.

    En tu relato no lo cuentas, pero espero tu hijo no haya tardado tanto en salir del clóset, porque el sufrimiento es grande, de verdad se pasa muy mal. Algunos ni siquiera se atreven, el temor y rechazo es tan grande que prefieren renunciar y quitarse la vida. Es una gran pena. Aún hay tanto por hacer, pero saber que existen personas como tú, equipos como Joven Confundido y familias como la mía, me dan mucha fe y esperanza en que vamos muy bien y avanzando hacia la dirección correcta.

    Te mando un beso y un gran abrazo, Daniel.

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