Camilo, 21 años, Punta Arenas

fireplaceDesde pequeño sentí atracción por el sexo masculino, bajo el alero de la educación católica siempre lo oculté, pensando que estaba equivocado en mis sentimientos. En los vestidores miraba a mis compañeros por el rabillo del ojo, sin que se diesen cuenta, 10 minutos que se hacían eternos, excitantes.

Pasaron los años, con ello sufrí los cambios naturales de la edad, crecí, quizás maduré, poco, pero maduré. Con 20 años ya, mi mejor amiga (lesbiana) me presentó por una red social a un niño de 16. Lo agregué, conversamos por varios días, cada día más intenso, sus palabras, la forma de escribir me mataba, era sencillamente cautivador, odiosamente tierno!

Jamás vi alguna foto de él, hasta que con sus palabras supe y sentí ganas de estar con él, llegó el día de conocernos y simplemente lo abracé.

Pasaron algunos minutos, mi primera experiencia homo-erótica, naturalmente sentía nervios, él tiritaba, besos tímidos, llenos de ternura y sencillez. Así pasaron algunas semanas, nos fuimos conociendo mejor y sin darnos cuenta pasaron meses sin dejar un día sin vernos, nos visitábamos, y en más de alguna ocasión se quedó a dormir en mi casa, cosa que causó sospecha en mis padres.

Es ahí donde mis papás me interrogan a solas, y decidí confesar mi homosexualidad, ya no había nada que perder, me armé de valor, quise defender este amor que sentía, esa pasión, esa aventura como lo llaman ellos, y solté todo lo que oculté durante años, lo entendieron, lloraron, y se lamentaban por no haber tenido la confianza de haberles dicho antes. Finalmente, las relaciones familiares de hicieron mucho más fuertes, más comunicación, todo lo contrario a lo que imaginé, mis temores se esfumaron, pude iniciar una relación amorosa con este niño de 16…

Salíamos juntos, desayunos en la cama, almuerzos en familia, así sucedieron las cosas hasta cumplir dos años  llenos de aventuras, risas, como también de llantos, esfuerzo, cariño, penas.

La relación se fue desgastando, teníamos caminos totalmente diferentes, áreas de estudio incompatibles en horario, nos veíamos poco, decidimos hacer una pausa, conversamos, y no había que darle muchas vueltas, dos años de relación quedaron guardados en nuestra memoria, dos años hermosos registrados en nuestro gran libro de la vida, cuesta dar vuelta la página y seguir una hoja en blanco, mucho más cuando es el primer amor, compañero, amigo, confidente y amante.

Él tiene una vida exitosa, se fue del pueblo donde vivimos y logró ingresar a la Universidad de Chile, meta que siempre tuvo presente. Yo, también emigré, de Futrono sembré raíces en Punta Arenas, el frío, la nieve son compañeros perfectos para evocar el recuerdo, sentado frente a la chimenea de mi casa, reviso fotos, invado ese espacio, lo busco en la niebla.

Espero algún día volver a encontrarlo en algún pasaje de mi vida, en algún vericueto de este andar…

photo by: CodyR
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Una respuesta a “Camilo, 21 años, Punta Arenas”

  1. Carlos 24 junio 2013 21:42 pm #

    Que bonita historia..! tal vez algo simple, pero la manera en que la cuentas dice mucho. Y te entiendo pues yo tengo 21 y por Internet he conocido a un chico de 18 que me ha cautivado, me cautiva con su dulzura aunque trato de “llevarlo suave” porque la distancia nos impide cualquier otra cosa. de verdad él me ha hecho sentir querido y me alegro que tu hayas tenido la oportunidad de compartir con alguien que amaste y que te amó. Ojala ambos encontremos alguien con quien sea mas fácil formar una relación duradera. Saludos!

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