Javier, 27 años, Valparaíso

Antes de contar mi relato quiero poner sobre valor la potencia que le otorgo a esta iniciativa JC. Pienso en cuando era más joven, y la soledad que me acompañaba en este proceso. El Estado (en su concepto político) claramente no se ha hecho cargo de los miles de niños que hoy no poseen una red de apoyo para sobrellevar el fuerte proceso de sanar el dolor de asumir que se es diferente y que sí, es posible ser feliz.

Comienzo ahora mi historia. En realidad, mi historia más que certezas, está llena de dudas e interrogantes y espero que este lugar sea un canal para encontrar respuestas.

Resumiré mi vida para que se hagan una idea. Desde que tengo noción de la vida, he sido gay. Para mí siempre fue algo natural, desde muy chico. Tenía una sensibilidad que se reflejaba en mi pasión por el arte; pintaba cuadros; escribía poemas; actuaba, etc.

Luego, mientras fui creciendo, con la presión de mis padres y mi entorno, bloqueé esa parte de mí que todos me decían que debía cambiar. Creo que les hice caso para sentirme un poco más amado. Así, pase mi adolescencia, tranquilo y súper bloqueado.

Luego se vino la universidad, decidí estudiar teatro (desde ese momento todo comenzó a cambiar) y el maravilloso proceso de conocerse a uno mismo, la luz y oscuridad personal, me llevaron a liberarme de un montón de ataduras y pesos que había cargado durante tanto tiempo.

Conocí el primer amor y finalmente pude aceptarme (a pesar de todas las luchas internas) y contarle a mi familia. Ellos por supuesto me dijeron: “Siempre lo supimos e hicimos lo que pudimos por cambiarlo, pero no pudimos”.

Increíblemente, (y siempre voy a agradecer esto a mis padres, porque finalmente nos unió), a pesar del dolor y los procesos internos, en mi familia puedo decir que hoy me siento bien, aceptado y querido. Me independicé, y aún más, he logrado conectarme con mis padres como nunca antes lo había hecho.

Fue una larga batalla. Dentro de la historia que acabo de contar, existe un punto que no es mencionado, ya que lo descubrí hace aproximadamente un año y medio. Hablando un día con una tía sobre la homosexualidad y mi caso, me comentó que la primera en darse cuenta fue mi abuela cuando yo apenas tenía 2 años. Era muy chico, pensé. Siguiendo con la historia (y para mi sorpresa) mi tía me dice: “y bueno, yo entiendo a tus papás, porque decidieron llevarte al centro de estudio”.

Yo sin entender mucho, muy atento y dispuesto a seguir escuchando, comienzo a tomar sus palabras con total normalidad y como si fuesen de mi conocimiento. Ella seguía: “Como tu prima estudiaba psicología, hizo las averiguaciones pertinentes y así llegaron al Centro de Estudios de la UC” y luego me dice algo que me sorprendió aún más: “Donde iban varios niños que tenían casos como el tuyo”.

Tengo recuerdos de niño de haber sufrido asma, y siempre relacioné ese hecho con esta enfermedad. Pero, uniendo cabos, claramente tenía noción de un viaje semanal, a los 6 años aproximadamente, hacia Santiago. Recuerdo el frontis de un hospital (que cuando conocí el de la PUC me calzó) y entrevistas, juegos, doctores (o psicólogos).

Obviamente, le pregunté a mis padres por el tema, pero creo que para ellos existe una culpa al respecto y no han querido darme mayores detalles, bajándole el perfil. Dicen que sólo fui un par de veces y que le pidieron a mi padre estar más presente como figura paterna: enseñarme a andar en bici, me metieron a karate, cosas de ese estilo. Esa es la información que tengo. Me sirvió por un tiempo, pero ya no es suficiente.

Mis palabras no vienen desde el odio. Sinceramente, yo no busco culpar a nadie. Tampoco quiero abrir heridas pasadas. Yo perdoné a los que sin querer me hicieron daño. Pero sí me gustaría saber qué fue lo que pasó. Sé que podría encontrar respuestas exigiéndoles a mis viejos más información, pero quiero ver otras posibilidades.

Creo que debe existir más gente que, como yo, tienen algún recuerdo o conocimiento con respecto a este caso u otros similares, no creo que sea el único. Yo no sé si en aquellos tiempos este tipo de prácticas eran legales y no me extrañaría que aún en la actualidad estén siendo avaladas por instituciones (pensando en los últimos acontecimientos). El caso al que hago referencia despertó aún más mis interrogantes.

Creo que es importante sincerar un debate al respecto, de cómo el miedo y la desesperación conducen a padres que no tienen dónde acudir a tomar este tipo de medidas y como estas “terapias y/o estudios” son capaces de dañar, herir y modificar la naturaleza de un niño de sólo 6 años. Quizás ya no tanto por mí, sino, por los que vienen. Agradecería cualquier tipo de información y comentarios al respecto.

photo by: vanessa_hutd
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Una respuesta a “Javier, 27 años, Valparaíso”

  1. Javier 15 noviembre 2012 22:11 pm #

    Qué interesante lo que cuentas. Aun cuando esto no me sucedió a mí, despertaste una gran curiosidad en mí. Ojalá logres conseguir más información de aquello y en caso de lograrlo, sería interesante que pudieras compartirla en este sitio o en youtube o qué sé yo donde :P. Saludos

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