Matilde, 23 años, Santiago


Aunque ya no soy  tan joven, ni estoy confundida les quiero contar mi experiencia, sólo espero ser un granito de arena y ayudar a lxs jóvenes confundidxs que entran a esta página buscando información, apoyo y algo que les sirva para darse cuenta de que no están solxs, al menos a mi me sirvió como compañía y para saber que no era la única pasando por esto.

Cuando llegué a esta página sabía que era homosexual, pero no lo aceptaba. Aunque siempre me había considerado una persona “open mind” estaba llena de prejuicios y simplemente no quería verme como yo veía a las lesbianas.

Mi “proceso” comenzó hace un año más o menos,  sabía que algo ocurría, pero no lo tenía muy claro. Cabe señalar que para varias cosas siempre fui más “tardía” de lo que normalmente se acostumbra, aunque para mí eso siempre estuvo bien. Mi primer beso (con un chico) fue a los 19, también mi primer intento sexual (con el mismo), no resultó nada.

Comencé a carretear a los 21/22 y después de besar a muchos apareció un chico que me interesó más que los demás, con él fue mi segundo intento sexual, sin embargo tampoco resultó y eso sólo se quedó en aproximaciones a algo. Nunca me sentí inferior o distinta a mis amigas por estas cosas, siempre lo atribuí a mi personalidad, pues soy bastante tranquila y algo tímida, además en mi casa y frente a mi familia tuve que asumir responsabilidades grandes siendo muy chica y eso me llevó a postergar un poco mi vida sentimental/personal, porque quería cumplir mis otros roles y no dar más preocupaciones, de ningún tipo. Ahora que soy capaz de ver las cosas en retrospectiva me doy cuenta de que quizás dejarme en segundo plano fue un error, pero de todos modos y por mucho que me arrepienta de varias cosas, ya no se pueden cambiar.

Crecí con mucho amor y harta disciplina lo que implicó la generación de muchas expectativas con respecto a mi futuro. Fui y en parte sigo siendo la hija/nieta/hermana madura y destacada siempre en el colegio, la amiga responsable en la que los papás y profesores confiaban plenamente y un gran etc. Cuento esto para que comprendan un poco como crecí, no por soberbia.

Cuando me di cuenta de que era lesbiana, todo esto pesó el doble y ahora si era una mochila con la que no quería lidiar, pues admito que en varias ocasiones tener la atención pesa mucho y marca, influye en la toma de decisiones y en cómo uno es o se muestra. No permitirse cometer errores pensando siempre en no defraudar al resto es difícil, sé que a muchas y muchos les ha pasado o está pasando.

Tal como mencioné antes, hace un año aproximadamente me alejé de mi mejor amiga y de muchas cosas. Dejé de carretear, me sentía triste y disconforme con mi vida. Todas mis amigas pololeaban y yo siempre estaba sola. El problema no era precisamente estar sola, sino que había dejado de sentirme bien conmigo, comencé a preguntarme por qué me daba igual que los chicos me dijeran o no sus nombres, o que me llamaran por teléfono. Hasta ese entonces ninguno me gustaba lo suficiente, nadie cumplía con lo que yo quería, ninguno parecía ser el adecuado. No entendía lo que pasaba porque no sabía lo que quería, lo que me gustaba, o quizás siempre lo supe, el problema es que está tan internalizado reprimir todo esto, que al final uno lo termina olvidando, o al menos eso cree.

Un día coincidí con alguien en un cumpleaños, nos conocíamos pero sólo de saludo, creo que nunca habíamos hablado más de diez minutos, pero ese día fue distinto, no nos besamos, pero si hubo contacto físico, bastante sutil la verdad, aunque me marcó y hasta el día de hoy es un recuerdo que me hace sonreír –porque me gustó-. En ese momento no sonreí, me puse nerviosa, quedé en shock y no dejaba de preguntarme ¿por qué ella siendo mujer me había rozado con sus manos?, ¿por qué me había mirado así?, ¿por qué no le había dicho algo, cuestionando lo que hizo? Estas preguntas las repetía una y otra vez,  en ese periodo no me sentía bien y reprochaba mi reacción frente a eso ¿por qué me había quedado tan tranquila?, ¿acaso me había gustado?, ¿qué había hecho yo para que ella se comportara así?

Cuando le conté a mi mejor amiga (de ahora en adelante A) sólo bastó una pregunta suya para que mi vida tuviera un antes y un después, me dijo ¿no será que ella cree que tú eres lesbiana? Mi cara sólo expresó confusión, sorpresa y algo de enojo, sino que le dije a A cómo podía pensar eso, ella me dijo que cuál era el problema, lo negué rotundamente y cambié el tema. Tema que por supuesto me persiguió durante muchos meses. A la chica de ese cumpleaños sólo la he visto desde lejos, no he vuelto a hablar con ella y no sé qué pretendía, pues hasta donde sé tiene pololo. Lo único que espero si la vuelvo a ver es no ponerme nerviosa, aunque será lo más probable, jamás he dejado de pensar en esa chica.

Bueno, sigo contando como transcurrieron los peores meses de mi vida. Me sentía sola, angustiada, estuve con depre, no sabía qué hacer, con quién hablar, ni qué decir. Con A no quería hablar del tema, me daba vergüenza, así que no aguanté más y le conté todo esto a una amiga (desde ahora B), nuestra situación es bastante particular pues no nos conocemos, pero hemos mantenido contacto virtual por casi seis años y si no fuera por ella  y mi amiga A, no sé qué habría hecho. Ambas estuvieron conmigo en los peores momentos, tuve días negros, nunca pensé en suicidio pero tampoco tenía ganas de vivir. Me atormentaba mi futuro y el qué dirán, decepcionar a la gente que me quiere y también ser distinta. Ya saben que ser distinta/o por cualquier razón en nuestra sociedad es casi como un suicidio social, te juzgan, te apuntan, hablan de ti y cualquier cosa que hagas será peor, porque ya eres raro o rara.

Por todo esto y porque sabía que no podía seguir así pedí ayuda y fui al psicólogo, no para cambiar mi condición, sino para aceptarme, ya sabía que no había vuelta atrás, pero era mi decisión ver el vaso medio lleno o medio vacío y no me sentía capaz de hacer eso sola. Decidí que era hora de hacer las cosas por mí, de pensar que la vida es ahora o nunca, que muchas veces nos alejamos de la felicidad por miedo, por inseguridad, por prejuicios o  cobardía ante nosotros mismos. Me di cuenta de que había cumplido con mis roles como hija, como estudiante, como hermana, nieta y amiga, pero nunca o en muy pocas ocasiones lo había vivido como mujer, mucho menos como mujer homosexual.

Tras conocer a alguien con quien estuve saliendo hasta hace muy poco, le conté al pololo de A, también le conté a una gran amiga del colegio, ninguno reaccionó mal, de hecho se alegraron y me abrazaron. El problema es que me faltaba algo, yo no podía dar por terminado todo esto sin decir esto en casa. Mi mamá y hermana son demasiado importantes, era fundamental que supieran pronto y por mí, simplemente porque yo ya estaba lista. Sentí pánico nunca me había puesto tan nerviosa, pero tenía que hacerlo.

El jueves 13 de septiembre dije que quería contarles una historia, hice un resumen sobre mi vida sentimental heterosexual, les conté que nunca alguien me había movido el piso tal como lo había logrado una mujer y que son ellas las que me gustan, no ellos. Les dije soy lesbiana.

Me miraron con desconcierto, me puse a llorar porque sentí miedo y los nervios hacían temblar mis manos de manera impresionante. No hubo gritos, tampoco descalificaciones, hubo silencios y muy incómodos.  Al cabo de un momento mi hermana (mayor que yo por 12 años) con sus ojos llenos de lágrimas dijo que ella no habría tenido los “cojones” para hacer lo que yo había hecho, que admiraba mi valentía, que no iba a dejar de quererme, me dijo que en el fondo siempre lo había sabido pero que la confirmación era fuerte. Me ofreció todo su apoyo y también agradeció la confianza. Mi mamá por su parte sólo expresó que estaba en shock, que realmente no se lo esperaba, que tenía rabia con ella y también conmigo. Fue todo muy tranquilo y me sentí realmente feliz. Por fin terminaban la angustia y las mentiras que en algún momento tuve que decir,  si bien la reacción de mi mamá no fue la mejor, no había vuelta atrás, yo había sido honesta y lo mejor es que supieran las cosas tal como eran.

Al otro día hablaron solas, mi mamá admitió con mi hermana que sentía vergüenza, que no quería que otras personas se enteraran y que se sentía muy culpable. Yo por mi parte entiendo que para ella no sea fácil, mucho menos ideal, tampoco esperaba una cena en mi honor, pero estar tranquila con uno es impagable, yo jamás había sonreído como lo hago hoy, como lo he hecho desde que acepté que soy homosexual  y que eso es algo muy importante pero sólo para mí, para mi vida personal.

Dos días después estaba almorzando con mi mamá y ella comenzó a hablar sobre el tema, me dijo que no quería que más personas supieran pero sólo por el hecho de que no quería verme expuesta, no quería que hablaran de mí. Asentí y le dije que a mí me daba exactamente lo mismo que el resto del mundo se enterara o no, que sólo me importaba que ellas supieran y que entendía que esto resultara difícil y desconcertante, pero que era lo mejor, quizás no a corto plazo, pero si a largo plazo. Ella entendió eso y me puse a llorar cuando me dijo dulcemente que por favor me cuidara, que no me expusiera y que tuviera cuidado con la gente homofóbica, porque le daba miedo que yo fuera víctima de algún ataque. Terminamos las dos llorando y nos miramos sabiendo que ahora estábamos más unidas que antes, que si habíamos sido capaces de afrontar tantas cosas en el pasado, esto sería una prueba más de que el amor que nos tenemos permite superar cualquier obstáculo.

No me interesa que más gente lo sepa, seguramente muchas personas lo intuyen, me da igual confirmar o desmentir. Lo importante es que hoy sé quién soy y eso me tiene feliz, me tranquiliza saber que mis más cercanas y cercanos ya saben, porque son testigos directo de mi vida, así como yo soy de la suya y porque cuando llegue alguien especial a mi vida, quiero poder estar con esa persona tranquilamente de la mano, sabiendo que la aceptan y la quieren tal como lo hacen conmigo.

Ánimo a todxs, con calma y paciencia verán como las cosas se ven más claras. Agradezco enormemente haber podido contar con esta página, el espacio que nos ofrecen es de contención y eso es sumamente importante durante los distintos procesos que cada persona vive. Yo todos los días visitaba la página y leía testimonios, era genial saber que no era la única pasando por esto y que si bien lo estaba pasando mal, todo en algún momento se aclararía.

Saludos.

photo by: hang_in_there
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Una respuesta a “Matilde, 23 años, Santiago”

  1. javiera 30 octubre 2012 4:30 am #

    una historia alentadora!
    Saludos =)

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