Marcelo, 38 años, Valparaíso

Estimados amigos… he descubierto navegando por internet vuestro sitio y su trabajo, y les he solicitado poder utilizar el logo institucional en mi blog personal, lo que me han permitido y por lo que me siento muy orgulloso, porque les contaré que soy padre de tres hijos, el mayor y único varón, es gay.

En virtud de lo anterior es que he querido contarles sobre las situaciones que conlleva para las familias el reconocer y aceptar que en su seno se desarrolla un hijo homosexual y reflexionar sobre ello.

Aceptar la homosexualidad de un hijo puede ser difícil, pero bien sé que vale la pena intentarlo. Para muchos adolescentes el “salir del closet” constituye una liberación, para otros en cambio, se transforma en aceptar una condena de por vida.

Cuando se produce este acto de confianza y de amor en que tu hijo decide ser honesto al compartir su condición sexual contigo, como padre o madre es una señal de lo mucho que los ama, aún cuando seguramente lo hará con miedo y angustia. Por otra parte, significa que él o ella han asumido su orientación sexual y están dispuestos a enfrentar la carga social que lamentablemente persiste.

Es común que los padres pensemos que nuestros hijos son el resultado de nuestras propias capacidades tanto intelectuales, artísticas, físicas o deportivas y que desde allí los veamos como reflejo de nuestras particulares frustraciones y expectativas no cumplidas, se hace entonces común escuchar a los padres decir que el/la niño/a será abogado, médico, bailarina o futbolista ya que seguramente es lo que el padre o la madre no pudieron concretar en su propio camino de vida.

Por lo anterior, es que se hace normal que cuando un hijo/a no responde del modo que se espera, se produzca el desencuentro y la crisis familiar, más aún cuando se trata de un tema tan delicado como la orientación sexualidad de un adolescente.

A este primer “desencuentro” por la noticia, se le une el miedo a la estigmatización social de la homosexualidad y muchas veces la vergüenza a lo que familiares, amigos y colegas de trabajo dirán de ellos mismos como padres. Es así, como sus miedos se desarrollan en torno a la posibilidad de que sus hijos sean discriminados por sus pares, no consigan un trabajo o sean despedidos de ellos por su orientación sexual, que sean insultados o, peor aún, que se conviertan en víctimas de un crimen de odio, que se enfrenten a una vejez en soledad y que no formen una familia. Para los padres el peor miedo, en definitiva, es que su hijo a raíz de su condición sea infeliz.

Se hace comprensible entonces que los adultos se preocupen por todas estas situaciones y quieran ayudar y “proteger” a la familia. Por cierto, que la mejor forma es simplemente tratando de aceptar la situación y, que a pesar de las dificultades y el dolor, hacerles saber a nuestros hijos que nuestro amor es como siempre ha sido, incondicional. Me felicito por haber tenido la fortaleza de hacerlo con mi hijo en su minuto.

Pero para la gran mayoría de los padres, el proceso de aprender a sobrellevar el rechazo que les produce la homosexualidad se transforma en uno de los grandes escollos que deben sobrepasar, contraponiendo esto con el profundo amor que sienten por sus hijos, porque cuando una persona no sigue los patrones que la sociedad espera o no coincide con sus expectativas, sus progenitores reaccionan presionando, alejando, evadiendo, rechazando, reprimiéndose o culpándose.

Es en ese tiempo de dudas y contradicciones que los padres necesitan un soporte, un sustento, una guía que los conduzca por la senda correcta; me parece que iniciativas como las de Joven Confundido es un macizo ejemplo de redes de apoyo reales, que nacen desde la vivencia de quienes han pasado por estos procesos y tienen la grandeza de poner su experiencia y trabajo al servicio de nuestras comunidades.

Estos procesos por lo general son lentos, por lo que es esperable que las familias requieran tiempo, paciencia, apoyo y amor para digerirlos.

Otros en cambio, después de un período, llegan a convivir con la idea y empiezan a reflexionar seria y tranquilamente al respecto. Algunos se culpabilizarán por el modo de crianza, o por “no haberse dado cuenta a tiempo”, no faltarán los que caerán en la negación, “eso no me está pasando a mí”, “será que está equivocado/a”, “a lo mejor necesitas ayuda”, o en las culpas como “en qué fallamos”, lo cual genera mucha angustia y en algunos casos llegan hasta a la agresión.

Mientras que otros intentarán llevar a sus hijos a psicólogos, terapeutas, sexólogos e incluso sacerdotes, si bien en principio no hay nada de malo en estas asesorías, los padres deben tener en cuenta que la homosexualidad no es en ningún caso una enfermedad y que todos estos profesionales solo podrán acompañar y orientar a la familia en su conjunto en el camino de aceptación y recomposición de los lazos familiares, basándose en la tolerancia y el amor.

Idealmente, la familia concluiría el proceso al aceptar o tolerar la sexualidad de uno de sus miembros. Pero lamentablemente, la realidad no siempre es la ideal y cabe la posibilidad de que los padres tengan reacciones incluso violentas hacia sus hijos.

Es por lo anterior que considero que el primer paso para aprender a convivir con la diversidad es socializar los temas a través del diálogo. Es importante generar el ambiente familiar propicio para que nuestros hijos tengan la confianza de hablar de su vida, sus sueños, sus esperanzas y sus frustraciones, pero tan importante como lo anterior es importante que los padres estemos dispuestos a escuchar -el silencio familiar siempre conlleva más sufrimiento- y potenciar las oportunidades para que el núcleo familiar salga fortalecido y evitar que se descomponga echándose las culpas.

El siguiente paso es reconocerle como es: “bueno, es gay, pero es mi hijo”. Esa actitud conlleva la aceptación de que ese hijo pueda elegir pareja e integrarla al núcleo familiar. Es absurdo que un padre decida botar al tarro de la basura una relación tan preciada como la que se tiene con un hijo o una hija por considerarle enfermo o un ser contra natura.

¿No es acaso ese, el mismo hijo/a por el que cinco minutos antes de saber su orientación sexual, habrías dado la vida? ¿Significa esto que ya no podrás seguir siendo la misma madre o padre amoroso que cinco minutos antes eras?

Entérate de que tener un hijo homosexual no borra todas las bendiciones que te ha traído en la vida, ni el amor y la devoción que antes le demostrabas con tanta facilidad. El conocer la real orientación sexual de tu hijo es una tremenda oportunidad de demostrarle a tu hijo/a tu fidelidad, tu lealtad con su ser, con su esencia, en ningún caso es una condena.

Como les señale al comienzo de estas letras, “soy padre de tres hijos, el mayor y único varón, es gay”, permítanme decirles que me enorgullezco profundamente del ser humano que mi hijo es.

photo by: ppival
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5 Respuestas a “Marcelo, 38 años, Valparaíso”

  1. gonzalo 14 octubre 2012 7:19 am #

    Loco, gracias. No se como podria contactarte.

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    • pestañas 16 octubre 2012 11:10 am #

      Hola Gonzalo, te recordamos que por politicas generales de la página no se pueden publicar datos personales ni de contacto. Esto, como una medida de protección para ustedes mismos y, en especial, para los menores de edad que ingresan a este sitio.
      Saludos,
      Equipo JC

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  2. Santiago 17 octubre 2013 0:33 am #

    Ome ps que lástima que muchos padres de familia no piensan así. Particularmente, les puedo decir que mi papá me tiene al borde del suicidio, desde que le dije que era gay. Y no sé que hacer, tengo depresión, angustia…. estudio algo que tiene que ver con psicología, pero no logro solucionar el sentimiento de depresión…. Estoy demasiado triste…. y lo peor que es a veces me insultan…..

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    • pestañas 17 octubre 2013 14:57 pm #

      Hola Santiago, debes saber que es normal que los padres experimenten rabia o rechazo hacia sus hijos homosexuales cuando se les ha contado muy recientemente o no se han tomado ciertas precauciones antes de salir del clóset. Es fundamental que si estás deprimido vayas a terapia, el apoyo profesional es de gran ayuda para ordenar las ideas y revisar los sentimientos. No nos cuentas de dónde eres, pero hay mucho que puedes hacer para estar mejor. Si quieres, escríbenos a contacto@jovenconfundido.com y trataremos de orientarte.
      Un abrazo,
      Equipo JC

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  3. Pedro 25 enero 2016 12:39 pm #

    Que bellas palabras, que sabía actitud… Felicitaciones..

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