Ignacio, 20 años, Santiago

Nunca pensé que iba a llegar a esta instancia, pero no encuentro otro medio por el cual desahogarme.

Soy un joven homosexual ya declarado hace casi 6 años y, aunque no tengo ningún drama con mis viejos, no todo ha sido color de rosa en mi vida, mucho menos en los últimos meses…

A los 15 años conocí a mi gran y único amor. Estuvimos juntos más de 4 años y, a pesar de algunos roces como en todas las relaciones, nuestra relación era bastante normal y no muy diferente a una relación heterosexual, al menos yo era feliz.

Decidí terminar esa relación porque llevaba ya harto tiempo viendo a mi pololo más como a un amigo que como pareja. De hecho, sentía que nuestros mejores momentos juntos eran con amigos, en carretes… Y que nuestros momentos a solas, esos momentos sagrados que cada pareja debe tener, no iban más allá de los parámetros de la rutina.

Ya soltero, me vi enfrentado a un mundo nuevo, a un mundo al cual estuve ajeno durante toda mi adolescencia y que, sin duda, debía empezar a vivir a “concho”. El problema estaba en que nunca supe cómo vivirlo y, como era de suponer, cometí muchos errores, más de los que me hubiera gustado cometer, después de todo, de los errores se aprende.

Pasé por varias relaciones. Buscaba lo que había perdido, lo que que siempre tuve y que de un día tiré a la basura. Necesitaba a alguien a quien mandarle un mensaje de texto, alguien a quien decirle buenas noches, alguien de quien preocuparme y que, al mismo tiempo se preocupara por mí, tal como era con mi ex. Necesitaba recuperar mi vida, tal por vez por costumbre, quién sabe…

Inmaduros, locas, poco cariñosos, el problema estaba en que ninguno de ellos se asemejaba ni siquiera un poco a cómo era mi ex conmigo. Ninguno de ellos podría llegar a conocerme como él me conocía, ninguno de ellos podría amarme como él lo hacía. Ese amor tan grande que con sólo un abrazo era capaz de calmarme. Después de todo, crecimos juntos, aprendimos por mucho tiempo el uno del otro.

Ahora me siento la peor persona del mundo. Hice sufrir a una persona maravillosa, no me di cuenta de quién tenía al lado. Y peor me siento cuando recuerdo que trató de jugársela por mí, de recuperarme y lo rechacé. Todo por culpa del orgullo y la inmadurez. Hice que se guardara todo ese amor que sentía por mí y, lamentablemente, ahora se lo da a otro.

Sufro. Sufro cada día con el remordimiento de no haber estado a su altura, de no haber sido lo suficientemente maduro como para enfrentar un problema que se podría haber solucionado con una simple conversación. Ya no sé qué hacer. Él es feliz con su nuevo pololo y ahora, que me doy cuenta de mi error, no me queda más que estar feliz porque él es feliz. Pero por otro lado lloro cada noche en secreto al pensar que no soy yo quien está a su lado, ya perdí mi oportunidad.

PD: Si lees esto, perdóname. (T.C.D.M.T)

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Ignacio, 18 años, Rancagua
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La verdad es que si quisiera comenzar a contar la historia de mi vida tendría que comenzar por aquel suceso que tuve a la edad a 7-8 años. Se podría decir que tuve una infancia más o menos, siempre fui un poco retraído, bueno para los números, pero malísimo para los deportes y mis compañeros me hací...

3 Respuestas a “Ignacio, 20 años, Santiago”

  1. J 2 octubre 2012 0:11 am #

    Lamentablemente no hay ningún acto en nuestra vida que no traiga consecuencias, a pesar de todo, intenta incansablemente recordar lo bueno, como “él” lo hace.

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  2. nico 2 octubre 2012 20:16 pm #

    me esta pasando lo mismo en mi relación y quiero salvarla ; y necesito consejos lo amo mucho :/

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  3. gabo 3 octubre 2012 23:24 pm #

    Pero nunca mencionaste lo que sientes por él ahora, aún lo quieres? Porque suena como si lo quisieras para sostenerte, para que te acompañe, para que sea tu apoyo, pero no porque lo ames

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