Pablo, 24 años, Santiago

Hace un tiempo ya soy voluntario de Fundación Iguales, esto porque sé lo que se sufre antes de asumir nuestra orientación sexual, porque se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que se de alguien sufriendo por ello, y porque si puedo hacer algo por evitar un suicidio o que se pierda una maravillosa vida, lo haré; aquí mi testimonio.

Mi nombre es Pablo, tengo 24 años. Mi vida ha estado llena de altos y bajos, como la de cualquier persona, soy hijo de una madre soltera que día a día se ha esforzado por darme lo necesario para estudiar y vivir, durante mi niñez viví con mis abuelos maternos, y durante muchos años ellos fueron y siempre serán mi referente de “Padre y Madre” que guardaré.

Siempre fui un alumno ejemplar y muy amable con los demás, es en este lugar, en casa de mis abuelos donde se me enseñó la importancia de Dios y que siempre tendría que mantener una relación con Él. Fue entonces, a los 11 años, que en esta búsqueda espiritual, conocí a los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días (mormones), escuché sus lecciones y luego de poner en práctica lo aprendido, y habiendo consultado a Dios, sentí que era el lugar donde tenía que estar. Desde ahí en adelante siempre fui un miembro fiel y digno en la Iglesia, pues mi meta era cumplir una misión como ellos, volver y tener una familia y una esposa.

A medida que el tiempo comenzó a pasar, el miedo comenzó apoderarse de mí, miedo a que no podría cumplir con esas metas que me había propuesto. Ya desde antes de unirme a la Iglesia, en mi interior sabía que sentía atracción hacia niños de mi edad, que me ponía nervioso al estar cerca de ellos, no me sentía enamorado ni nada, pero me producían el deseo de mirarlos o quizá hacerles cariño. Aún así, jamás hice algo que se pudiera considerar homosexual, aún así me gané el título de “colizón” “fleto” pues no jugaba a la pelota, era bien malo en los deportes y ni pensar en hacer las travesuras que mis amigos hacían con las mujeres. Pasaron los años y el bullying paró, pues me había ganado el respeto gracias a mi religión, la manera en la que vivía y mi amistad especialmente hacia aquellos que me hacían bullying, quienes terminaron convirtiéndose en mis amigos.

Por otro lado, cualquier sentimiento homosexual yo sabía que era solo eso, un sentimiento y que si podía ignorarlo, algún día se iría, y llegaría el día en que despertaría y ya no estaría más; mientras tanto yo seguía con “mi vida” y hacía lo que “tenía” y “debía” hacer.

Ya cerca de los 18 ó 19 comencé a acercarme a una chica, ella,hermosa! la chica más virtuosa y bella que he conocido; con ella siempre fuimos amigos desde pequeños, peleábamos cuando chicos y después de unos años sin vernos, nació el amor… recuerdo mis sentimientos hacia ella eran muy especiales y fuertes, la quise mucho y ella a mi también, pero aún cuando ella tenía todo lo que yo podía esperar de una mujer, había algo muy raro que sucedía y que me recordaba mis fantasmas que pretendía olvidar… Tenía mucho miedo de besarla, lo imaginaba a veces, pero cuando estaba con ella, no sentía el deseo de hacerlo, hablábamos por teléfono y luego de un rato me aburría… si bien esto puede ser común en casos de alguien tímido o cuando en verdad no te gusta alguien, lo que me hacía dudar era que si bien podía sentirme bien con ella, bastaba que yo viera a un chico guapo cerca para que me olvidara de ella y volteara disimuladamente a mirar; fue entonces cuando comprendí que no podía seguir y eso debía acabar.

Pasó el tiempo y decidí dejar mis estudios e irme a una misión. Luché contra viento y marea pero lo logré, perdí mi crédito en la universidad, mis amigos, todo, pero sabía que había hecho un compromiso con Dios y no podía fallar. Fueron los mejores 2 años de mi vida. En mi estadía fuera del país, se cruzaron varios homosexuales en mi camino, claramente yo traté de llevarlos al camino que el evangelio les prometía y trataba de hacerles ver que era algo que podrían vencer si se aferraban a Dios.

Debo reconocer que era algo que yo también creía y que repitiéndoselo a ellos, me autoconvencía también y en cierto modo me animaba a continuar.  Un día mi compañero me encontró llorando a gritos, la razón, por un momento sentí que todo lo que yo quería para mí: una familia, un hijo, ser feliz, sería algo que nunca podría alcanzar y que estaba condenado a ser infeliz. Él nunca supo la razón de mi llanto, sólo me abrazó como un buen amigo y continué tranquilo hasta terminar mi misión.

Volví a Chile, volví a la U, seguí con mi vida como siempre, el tiempo pasaba, hasta que el año 2011 hubo un paro en la educación que duró mucho tiempo, tiempo que aproveché para pensar…  Ya no podía más, nadie se daba cuenta, pero ya no podía más. Durante años viví con el peso de ser un ejemplo, todos me miraban, todos me cuestionaban, todos sentían en el derecho de reprocharme por lo bueno o malo que hacía, los jóvenes me miraban y aprendían de mí, los viejos me admiraban y ejemplificaban en mí; mi familia esperaba que siempre fuera correcto y a ratos disfrutaban cuando me equivocaba, pues era una oportunidad de decir “mira lo que hizo el mormón”.

A eso, debía sumarle que cada noche me acostaba con la esperanza de que no despertaría más, o que al día siguiente despertaría pero sin sentirme gay. Nadie lo sabía, sólo yo, mientras tanto sonreía al mundo, pero por dentro cargaba el peso de las palabras “abominación”, “pecado”, “sucio”, “inmoral”, “indigno”. Despertar era un castigo, dormir mi único escape, las líneas del metro, cada día se veían más cerca y sabía que algún día tomaría la determinación…

No sé si para despistar, o qué, pero aún así en el colegio me reí de muchos gays, e incluso debatía y trataba de imponer que Un hombre jamás podría enamorarse de otro, que sólo era lascivia y calentura… el tiempo me enseñaría la verdad…

Las cosas siguieron poniéndose peor, la angustia era enorme, me quería morir, recuerdo tenía un frasquito con sales de cianuro en mi velador, sólo planeaba cuándo hacerlo y las consecuencias que podría tener. Levantarme cada mañana era un suplicio, mis notas en la u estaban por el suelo, mirarme al espejo era tormentoso, me odiaba, yo no quería sentir lo que sentía, le lloraba a Dios preguntándole el por qué de ello. Yo no le había pedido nacer así, yo le pedía que me cambiara, ¿por qué no lo hacía? yo era fiel y obediente en todo, ¿por qué no respondía mi oración?, si la homosexualidad era contagiosa… ¿por qué no la heterosexualidad? yo prefería ser ciego, sordo, mudo, enfermo, pero no gay, no quería sentirme gay.

Tenía que cambiar mis sentimientos o matarme, pero tomar una decisión. Un día vi un comercial en la TV y una frase me llegó: “vivir sin emociones, no es vivir”, entonces algo hizo click, y me pregunté ¿Soy feliz? ¿Qué quiero? ¿Qué me gusta? fue ahí cuando me di cuenta que durante años me había postergado por los demás, olvidándome de mí, ya no sabía qué me hacia feliz, qué quería; comprendí también que lo único que me diferenciaba como humano del resto de lo que existe, era que como humano tenía sentimientos y emociones, sentimientos y emociones que yo me había empecinado en cambiar y reformar, de manera inhumana y antinatural, fue ahí cuando comprendí que lo único enfermo era mi actitud hacia mí mismo, y no lo que sentía.

Aún quedaban 3 opciones, me casaba y formaba una familia, mintiéndome, mintiendo a una buena mujer y hacía mi vida una mierda; me mataba y me condenaba al infierno, negándome el derecho a ser feliz, o bien intentaba ser feliz en esta tierra, aunque fueran 5 minutos, aunque eso significara el castigo de los Cielos sobre mí. Fue entonces cuando entró mi mamá… “¿hijo qué te pasa?”, “nada mamá” -respondí.  Se sentó a mi lado, y comenzamos a conversar, le conté sobre la presión que sentía, y varias cosas, pero no le diría de mi posible homosexualidad o bisexualidad, hasta que ella me dijo: “mira hijo, si tú quieres estar con una mujer casada, soltera, con un hombre, un perro o un gato, yo te apoyaré, pues quiero que seas feliz, pero necesito saber qué te sucede, soy tu mamá y puedes confiar en mí”.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, mi madre nunca me había visto llorar, entonces exploté… luego de conversar y de haber llorado los dos, me dijo que nadie podía decirme cómo ser feliz, sólo yo y mi corazón, que si algún día sentía que amar a un hombre no es lo que me hace feliz, que ella estaría ahí para apoyarme y si en caso contrario, encuentro la felicidad con uno, con la misma alegría estaría ahí. Fue ahí cuando entendí que Dios no me quería cambiar, que si mi madre siendo imperfecta era capaz de amarme así, Dios siendo perfecto lo hacía aún más.

Entonces comencé a mirar hacia atrás, y a ver las miles de oportunidades que tuve de morir, pero que aun así no lo hice, y vi que Dios me conocía desde antes de nacer y sabía que yo era así, fue cuando recordé “God does not mistakes, You were born this way”.

Hoy en día, luego de casi un año de esta conversación, mis amigos, familia cercana  y gente importante en mi vida, sabe quién soy, saben lo que siento y me respetan por ello. Algunos lloraron, pues se sentían culpables de no haber estado ahí para apoyarme y otros de sólo temer que pudiera haber hecho algo para atentar contra mí.

Mis amigos, incluso aquellos con los que hice bullying a otros gays, no podían creer lo que yo les decía, pero aún así, me aceptaron, y me recordaron que yo seguía siendo el mismo, sólo que ahora era honesto conmigo y con los demás. Pude dejarles claro que no ando buscando penes u hombres por la vida, que como cualquier persona tengo miles de metas, y que una de ellas es algún día conocer a alguien, enamorarme, y compartir con esa persona lo que tenga que compartir.

Ellos comprendieron, que mi vida no gira ni girará en torno a mi sexualidad, que antes que gay, soy ser humano, soy amigo, soy hermano, soy primo, vecino, compañero etc… Que soy un hombre, al cual le encanta ser hombre, pero que no siente vergüenza en reconocer que puede amar a otro hombre y que podría estar con él.

Hoy estoy feliz, mis principios religiosos siguen siendo parte de mí y es algo que jamás dejaré, sigo cerca de Dios, como siempre lo hice… de acuerdo a los dictados de mi propia conciencia, he conocido el amor y la decepción, pero aún así tengo ganas de continuar adelante con mi nueva vida. Sabiendo que hay un mundo para vivir, que tengo talentos por descubrir, y que esta nueva oportunidad, este regalo de Dios, es algo que no voy a desaprovechar. Todo mejora, lo sé.

photo by: Emery Co Photo
14 comentarios URL corta
Camilo, 20 años, Valdivia
Primero que todo me encantaría felicitarlos por la iniciativa, me parece muy bueno que existan estas cosas que pueden orientar a mucha gente. Más que hacer una pregunta quería ver si es posible contar la historia de lo que a mi me pasó hace un par de años ya: Estaba en 8º básico cuando me di cuenta...
Gerardo, 39 años, Santiago
Sufrí mucho tratando de disimular mi condición, un gran error, porque me fui volviendo introvertido, mis padres y hermanos jamás me dijeron algo respecto a las dudas que tenían sobre  mi condición, pero me costó mucho llegar a decírselo a mi familia, y la presión ante querer saber dónde andaba o con...
Felipe, 24 años, La Cisterna
Hola, encontré esta página buscando lugares para conocer gente gay que no sean discos (las vueltas de la vida) y leyendo testimonios de muchos, decidí enviar el mío, quizás alguien me comenta desde un punto de vista externo. Bueno, yo fui a un colegio católico (siendo ateo hasta el día de hoy, irón...

14 Respuestas a “Pablo, 24 años, Santiago”

  1. Tomás Ojeda 12 junio 2012 11:38 am #

    Gracias Pablo por compartir tu testimonio y por la valentía con que quisiste enfrentar tus dudas. Me alegra saber que la “confirmación” también vino de Dios y que el amor incondicional que siente tu madre por ti es el mismo que siempre ha tenido Dios por ti.

    La experiencia de fe no se opone al hecho de abrazar una condición sexual distinta a la heterosexual: pareciera ser que el conflicto se instala por una mala comprensión del Evangelio y por discursos religiosos que relevan el Dogma como criterio único de Verdad acerca de lo humano y sus posibilidades de realización en el amor. Nada más ajeno al deseo de Dios para el hombre y la mujer: vida plena, digna y feliz, con todo lo que soy y con todo lo que me realiza como persona.

    Habría que desconfiar de toda espiritualidad, religión o experiencia de fe que no acoja lo que en mí se revela como verdadero e irrenunciable; todo intento por “manipular” el deseo de Dios para sus hijos/as; toda interpretación del Evangelio que discrimine, margine y condene. Tu experiencia y la de tantos, confirman que ese “derecho” no es privativo de algunos/as, sino patrimonio de todos/as los que queremos relacionarnos con Dios desde la diversidad y riqueza de la Creación.

    Gracias!

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  2. Carlos 12 junio 2012 14:24 pm #

    Gracias Pablo por compartir este maravilloso testimonio con todos los que leemos JC. Me emocioné mucho leyéndolo, incluso me brotaron algunas lagrimas.

    Sinceramente, gracias.

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  3. Pablo 12 junio 2012 15:14 pm #

    Qué bella historia. Me conmovió mucho cuando tu mami te dijo que ella te seguirá apoyando y amando aún cuando seas feliz con un hombre o con una mujer.

    ¿Saben? Yo soy bisexual, con preferencia a los hombres, mi hermana lo sabe pero no mi madre, quisiera decírselo porque sé que lo aceptará pero tengo miedo de decírselo todavía. Cuando se lo cuente, espero de ella recibir palabras tan lindas como las de tu mamá.

    Abrazos!

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    • Pablo 14 junio 2012 12:02 pm #

      Siempre habrán personas que te apoyarán. Todo mejora

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  4. Matilde 12 junio 2012 16:12 pm #

    También me emocionó mucho tu testimonio, es increíble como las mamás, o gente muy cercana sabe muchas veces por lo que uno está pasando, se transforman en testigos directos que sólo esperan a que uno esté lista o listo para hablar.

    Yo visito esta página desde hace muy poco tiempo y se ha transformado en parte de mi día a día. Leyendo todo esto he podido encontrar el espacio que hace rato necesitaba para poder reflexionar y saber más o menos en qué estoy.

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    • Pablo 14 junio 2012 12:01 pm #

      Gracias. Recuerda que Todo Mejora. :)

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  5. kemel 12 junio 2012 18:09 pm #

    Linda historia, creo que dios nos ama a todos por igual y por algo nos hace nacer gay, yo soy católico y nunca me ha importado lo que digan, se que dios me ama y me llena de bendiciones, el me hizo así por algo. por otro lado uno siempre se pone en el lugar de la mama, familia y amigos y piensa en lo que te van a decir cundo les cuentes, pero eso es lo que cree uno!!! muchas veces uno se sorprende con las reacciones y el apoyo que encuentra de los demás.

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    • Pablo 14 junio 2012 11:59 am #

      Gracias Kemel, de hecho lei tu historia, me emocionó mucho y me motivó a escribir la mia. Gracias por compartirla. Saludos.

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  6. Cristian 3 julio 2012 16:11 pm #

    Hermosa historia, si todos aquellos que atacan y se creen con el derecho de castigar la homosexualidad, tuvieran conocimiento de esto quizás comprenderían, aunque sea un poquito lo que realmente significa ser homosexual y asumirla.

    Un abrazo Pablo y vamos que Dios nos puso amor, por qué negarlo o no disfrutar del él??

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  7. Anthony 5 julio 2012 13:11 pm #

    Me acepto por ser gay y sordo también :) soy feliz lo que soy !

    Saludos

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  8. Luco-Perú 17 septiembre 2012 2:25 am #

    Me gustó mucho leer tu testimonio, creo que muchas veces el miedo logra vencernos, al igual que muchos he tenido miedo al rechazo, a perder a personas importantes en mi vida. En mi caso tengo 29 años y recién el año pasado se lo dije a mi madre pues ya no podía más, necesitaba decirlo, éste año se lo dije a uno de mis hermanos y todo bien.

    Aún faltan varios hermanos, pero el miedo se ha ido, ser gay no cambia mis metas profesionales, no me vuelve un hijo malo o un mal ejemplo como hermano, sólo soy diferente, antes pensaba que eso era ser malo, hoy me siento especial.

    Un abrazo afectuoso desde Perú.

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  9. Antonio 27 enero 2013 2:19 am #

    Pablo:

    Si bien no soy muy bueno para andar dejando mensajes por Internet, el hecho de que compartamos varios aspectos en común me animó a hacer una excepción. También tengo 24 años y fui educado en un ambiente religioso.

    En algún momento, el hecho de ser homosexual me resultaba incompatible con los proyectos que tenía para mi vida, como poder formar una familia en que todos se quisieran y fueran muy felices. Es como si la propia configuración de la relación homosexual excluyera todos los elementos de la que creía era la única “fórmula” familiar posible. Sin embargo, con el tiempo me fui dando cuenta de mis propios prejuicios respecto de mí mismo y de cómo es la propia sociedad la que de modo más o menos arbitrario, de acuerdo con cada época, va estableciendo sus convicciones a través de instituciones mundanas. Pero las conquistas de derechos por parte de los homosexuales seguían sin responder la que, creía, era la interrogante más importante de todas: la que decía relación con la dimensión espiritual. Ésta nada tiene que ver con esta religión o aquélla.

    Yo también espero encontrar a una persona especial, y esta vez ya no temo no poder encontrar, junto con ella, aquella felicidad que tracienda el orden temporal. Te deseo lo mejor,

    Antonio P.

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    • pablo 30 enero 2013 3:14 am #

      Gracias Antonio P. Ojalá algun dia se crucen nuestros caminos y podamos hablar mas del asunto, me gustó mucho tu respuesta, porque si, también deseo encontrar a esa persona con la cual trascender y aunque a veces pareciera que no es posible, no pierdo esa fe. Me ayudó mucho ver que hay gente como tu. Saludos. Pablo

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      • OjosQueEscuchan 30 enero 2013 13:00 pm #

        Estimado Pablo:
        Gracias por tu comentario y apoyo a Antonio. Por políticas de privacidad, medidas de protección y cuidado para ustedes mismos, no podemos publicar tu nombre completo.

        Un Abrazo,
        EQUIPO JC

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