Cristóbal, 27 años, Santiago

Comenzar a desarrollar esta vivencia, y pese a que he hecho ejercicios similares en muchas ocasiones (sobre otros temas), me ha resultado muy complejo. Inmiscuirme en mí mismo y tratar de contar en unas líneas mi relación con Dios, ha sido un gran desafío. Sin embargo, les regalo este testimonio que brota desde lo más íntimo de mi alma, en la esperanza de que compartirlo sea útil.

Nací en el seno de una familia conservadora y muy católica, donde siempre se me han inculcado los más hermosos valores que se ven representados en la vida de Jesucristo y, por supuesto, también en la vida de su madre.

Desde niño, frases como “ser amable no cuesta nada”, “debes multiplicar tus talentos y ponerlos al servicio de Dios” o “busca la pureza de tu vida, todos los días”, las escuchaba a menudo e intenté seguirlas (y lo sigo haciendo). ¿Quién será aquel hombre de las historias fabulosas y de gran inspiración para muchos?, ¿Quién será aquel cuya vida recordamos cada domingo? Estas fueron las preguntas que me hice muchas veces cuando mis padres me llevaban a misa.
A la edad de cinco años sucedió un hecho del cual no tengo recuerdos, pero mi madre me lo mencionaría el día que le reconocí que era homosexual. En esa ocasión ella me contó que, cuando yo estaba en kínder, le dije que me gustaba un compañero de curso…

Hoy entiendo que, con la inocencia de un niño de cinco años, no pudo haberse tratado sino del más inocente cariño que siente un niño por un compañero, así que yo no tenía problemas y estaba muy tranquilo con aquello. Sin embargo, desde ese momento, mi madre me instó a fijarme en mis compañeras, diciendo que los niños deben pololear con las niñas, y que eso es lo que me permitió nacer.

Si bien hemos tenido diferencias, siempre he reconocido en mi padre al hombre más correcto en el actuar y en la ética que ha aplicado a su vida. Consecuencia, honestidad e integridad han sido valores que desde pequeño le he intentado de imitar. El gran ejemplo que tengo en la vida de mis padres, y el hecho de que ambos reconocieran que Dios y la Virgen María inspiran sus comportamientos, me llevó desde niño a intentar encontrar a aquel hombre capaz de transformar y habitar un corazón imperfecto en uno lleno de virtudes.

Efectué la catequesis para la primera comunión convencido de preparar mi corazón para la visita de un hombre maravilloso, del cual sólo pensar es su vida me causaba unos deseos increíbles de seguirlo y abandonar todo por su causa, sólo con once años.

Una de las experiencias más sobrenaturales que he tenido, fue el momento de mi primera comunión. Estaba tan nervioso en la fila de comulgar: temblaba; trataba con todas mis fuerzas de no estallar en llanto. Aún más desconcertado me sentía cuando miraba cómo el resto de mis compañerosque estaban en la fila, conversaban y parecían no tomarle a aquel acto la misma importancia que yo. ¿Qué era aquello que me rebalsaba desde el corazón? Siempre he pensado que mi alma se preparaba para recibir la más grande de las visitas.

Fue a partir de este momento, desde los once años, que estuve muy ligado con Jesús y con un modelo de vida a seguir, María su madre. Participé en varios grupos, creciendo en mí un gran deseo de entregar mi vida por completo a Dios.
Sin embargo, al mismo tiempo seintensificaba un oscuro sentimiento que me entristecía: me gustaban los hombres y no las mujeres. Ya no tenía cinco años, y sentir una atracción por un hombre, al que quería simplemente abrazar y estar mucho tiempo con él, no me parecía algo inocente, sino absolutamente impuro, tal vez la más grande de las impurezas que se podía tener a esa edad.

En muchas ocasiones me sentí indigno de comulgar, aun cuando tan solo era porque sentía unas ganas enormes de pasar mucho tiempo con mi amigo, con quien compartíamos las mismas ganas de servir a Dios, además de ser compañeros en el colegio. Cómo evitar las ganas de abrazarlo y de compartir mucho tiempo junto a él. Hubiese querido arrancar aquel sentimiento que me estaba martirizando, porque sabía que no era el mismo cariño “de amigo” que tenía por todos los demás compañeros de pastoral, aunque con otros también fuésemos muy cercanos.

Debido a mi trabajo pastoral, y como acólito, aspirante al seminarioy además gran amigo de uno de los padres, nunca le mencioné esto en una confesión. Sentía que ya no contaría más con la misma confianza ni el mismo apoyo hasta entonces alcanzando, ya que, como es obvio, su opinión era negativa frente a la homosexualidad. “Una exacerbación del yo”, comentaba como causa del fenómeno, siempre que salía el tema en algunos almuerzos o retiros. Mis confesiones se remitían a dar muchos detalles en algunos aspectos, sin embargo mi gusto por los hombres, sólo lo mencionaba como “pecar de pensamientos impuros”.

Ya era mi último año del colegio y la conocida teoría de la “confusión adolecente”, pese a que siempre pensé que no era mi caso, parecía esfumarse como una explicación que aplacara mi temor a Dios. A los 17 años viví los más grandes cuestionamientos de mi vida en torno a mi sexualidad, ya que no hacía sino cada día crecentar mis deseos por estar con un hombre. Pensaba en qué nueva oración, sacrificio u ofrenda hacer, o si ya estaba a la venta algún fármaco para dejar de sentir lo que disimulaba tímidamente en mi corazón, algo que me estaba matando y que me hizo pensar incluso en opciones realmente espantosas, como acabar con mi vida.

Fue en una peregrinación, la madrugada del 8 de diciembre, mientras le ofrecía mi sacrificio a la Mater para que me diera la tranquilidad que necesitaba para vivir, cuando se produjo el más bello e inolvidable de mis encuentros con Dios.

Mientras realizaba la fila para la confesión, decidí que por primera vez diría lo que siento con todas sus letras: soy homosexual y necesito que Dios me perdone por ello.

Qué nervioso estaba esperando que la fila avanzara, en el Santuario, pidiéndole a Dios por especial favor que no me tocara con un sacerdote viejito, al que miraba, ya que tal vez no comprendería cómo estaba yo.

Jamás podré describir el alivio inmenso que sentí en mi corazón, mi alma y mi cuerpo, cuando una vez terminado de relatar mis pecados a aquel sacerdote viejito, él me responde con una de las voces más cariñosas que yo haya escuchado y con la frase más inesperada:

-Qué buena confesión. ¿Quién te dijo que siendo homosexual, y viviendo con tu pareja en un clima de amor y respeto mutuo, no puedes llegar a ser santo?

Esa madrugada, mientras esperaba que comenzara la primera misa de las muchas que habría ese día en el Santuario, Dios me dio el más grande regalo que pude recibir: saber que me ama como lo que soy, y que como tal estoy llamado a ser santo, como su madre lo hizo.

Desde ese momento he tomado con cautela las opiniones de algunos líderes de nuestra iglesia. Si bien es santa, está hecha por hombres imperfectos y pecadores, con tantas limitaciones como las mías. Hombres de cuya buena intensión no dudo, pero imperfectos en esencia intentan guiar al pueblo de Dios por el camino que ellos interpretan como el deseable.

Si bien finalmente no opté por el camino de dedicar mi vida al sacerdocio, decidí utilizar los talentos que Dios me había dado, en lo que siempre he creído que se ajusta a su plan de vida. Con caídas, por supuesto, pero siempre buscando el apoyo incondicional de María su madre, quien para mí simboliza toda la entrega que alguien puede realizar a Jesús. Eso me ha mostrado un camino de pureza, entrega y amor al prójimo que hoy me siento feliz de sentir.

A veces me tienta caer en el cuestionamiento de Dios, de su existencia, dado lo que algunos han hecho con su imagen. He pasado meses de supuesto agnosticismo. Pero basta con mirar alguna película de algún santo, pasar un minuto a la capilla de la universidad o simplemente escuchar alguna canción que me hable de su amor, para caer de nuevo ante su tan gran amor por mí.

Creo que mientras más quiero saber de Él, más dudas me arroja su existencia, así que he llegado a la conclusión de que es imposible que un corazón tan pequeño como el mío, logre explicar de un modo racional el fundamento de su infinito amor.

 

photo by: Jess Pac
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14 Respuestas a “Cristóbal, 27 años, Santiago”

  1. Pablo 1 junio 2012 11:39 am #

    Es una historia muy motivadora. Me hizo llorar la respuesta del sacerdote a tu confesión.

    Yo también estoy seguro de que no por ser gays Dios nos ha dejado de amar. No pudo haberse equivocado al habernos creado con esta naturaleza, y quien se lo cuestione, sólo blasfema.

    Un abrazo, hermano. :)

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  2. carola 1 junio 2012 22:58 pm #

    Me emociona tu confesión.
    Cuando estaba en el colegio también recurrí a un cura.
    él me dijo: “el cuerpo del hombre y la mujer están hechos para conectar de manera perfecta, pero eso no quita que puedas amar”
    Obviamente comprendo que dada su condición de cura tenía que decirme algo así, pero no me discriminó.
    Me dijo que tenía derecho a amar, igual que a ti.
    Saludos

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  3. Andres 2 junio 2012 0:07 am #

    Amigo, creeme que me emocione mucho con tu testimonio, te cuento.. me llega completamente, tambien soy Joven, universitario y Catolico.. debo decir que dentro de tu testimonio me salio una pequeña risa, cuando al momento de confersarte señalabas que solo en lo sexual pecabas de “pensamientos impuros”.. Yo hago lo mismo!. Actualmente participo en la Pastoral de mi universidad y hace dos años conoci un chico que siempre ha sido muy amable conmigo, hace tres meses le conte lo mio, obviamente con el temor al rechazo por ser el tambien católico, pero a la semana despues el tambien me conto que era gay, debo reconocer que desde que lo conoci que me gusta pero es un tema que aún no hemos hablado, me siento muy feliz por ti.. y por mi y por los cientos de Gays Catolicos de este pais, porque ser Gay y pertenecer a la Iglesia. es Doblemente dificil, pero cuando amas como ama Jesucristo y sirves a otros como él lo haría, prefieres seguir escuchando las muchas cosas que dicen en nuestra iglesia de nosotros, les dejo un link de una pelicula que me ayudo mucho en este proceso, esta completa Aquí y en español, nos habla de que Dios no hace basura y que “Antes de decir amen, pensemos en que en una de las bancas del Templo puede haber un Gay escuchando”. Bendiciones un abrazo y que lastima que no pueda dejar mi correo electrónico sería bueno que sigamos conversando.. [Link Pelicula]: http://www.youtube.com/watch?v=6_xC3w4dBkw

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  4. Andres 2 junio 2012 22:31 pm #

    Dios es tan grande que nos ama tal cual somos. Todos somos diferentes, todos somos especiales, pero creados por él. Que maravilla que te hayas sentido de esa manera, en verdad es gratificante darse cuenta que todos y cada uno de nosotros tenemos una historia distinta que contar y que en lo alto del cielo esta “él” guiando nuestro camino.

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  5. Martín 2 junio 2012 23:39 pm #

    Cristóbal, en verdad estoy muy agradecido por tu testimonio. Tengo 20 años y realmente me sucede lo mismo que en este momento sientes tu. Toda mi vida he vivido en una familia católica y, por consiguiente un colegio católico.Desde muy chico me han llamado la atención los hombres no sabiendo nunca el porqué, pero ese sentimiento, de cierta forma lo he intentado aplacar. Toda mi juventud, desde los 14 años he participado en un movimiento religioso e iba a misa con mi familia y amigos, por amor a Dios.
    Lo que sucede es que desde este año 2012 he empezado a sentir de que no soy feliz, todos mis amigos son felices pololeando y yo solo porque se que es muy dificil encontrar a alguien como yo.
    He dejado de ir a misa y cada vez que me preguntan digo que es por flojera, siendo la realidad que no me siento querido por Dios y todo lo que dicen que Dios no quiere a los homosexuales. Yo no he salido del closet y no se lo he contado a nadie, pero es un agrado sentir que no soy el único que siente esta relacion con Dios y la homosexualidad que es un tema muy tabú.
    Algo muy divertido, yo también soy muy devoto de la Mater y la iba a visitar al santuario, tal vez uno de estos dias pueda ir a verla.
    Muchas gracias por el testimonio

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    • Andres 7 junio 2012 23:59 pm #

      al igual que cristobal… no eres el unico creo que somos muchas personas las que mantenemos una relacion tan cercana con Dios. Yo a pesar de haber dejado de ir a la iglesia convervo mi cercania con Dios y cada dia lo recuerdo aunque sea a una hora del dia!!! sal del closet cuando te sientas bien… seguro de tu orientacion y cuando te des cuenta que es un regalo del de arriba y la forma que el te ha dado para vivir… ya encontraras tu hombre asi como todos encontraremos el nuestro… un abrazo muchacho… animo y fuerza siempreeeeeeeeeeeeeeeee Andres!

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  6. Cristopher 2 junio 2012 23:43 pm #

    Yo también soy católico, comprometido a mi fe, y yo si entré al seminario pero decidí salirme para pensar mejor las cosas… tu testimonio me inspira mucha paz, pues no me siento solo en una fe que muchos critican y que, sin embargo, amo.
    Deus caritas est… Dios es amor y cuando amamos, tiene que haber presencia de Él… no hay amor sin Dios, seamos de la condición que sea :)
    Gracias por compartir tu historia :)

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  7. AndresC 3 junio 2012 2:36 am #

    Que lindo testimonio, a decir verdad el tema de pertenecer a una organización religiosa y además ser gay es lo más complicado que existe. Me sorprendio gratamente lo que te dijo ese cura “¿Quién te dijo que siendo homosexual, y viviendo con tu pareja en un clima de amor y respeto mutuo, no puedes llegar a ser santo?”.
    Yo no soy devoto de ninguna organización religiosa, pero si entiendo que la biblia en todas sus enseñanzas te dice que debes amar a todos por igual sin importar las diferencias, si eres gay o eres hetero, mientras exista amor por el otro lo que piense el resto aveces da lo mismo.
    Yo sali del closet este año y ha sido lo más BKN que he podido hacer, ya que de apoco les he ido contando a mis amigos que soy gay, asumiendo que a más de alguno le molestara o me rechazará por mi condición, pero es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer.
    Genial tu relato.

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  8. Cristóbal, 27 años 3 junio 2012 13:43 pm #

    Soy el autor del testimonio y realmente me alegra leer estos comentarios. Se que no soy un caso aislado, sino que, por el contrario, sabía que generaría empatía en muchos jóvenes que viven o vivieron creyendo que cargaban una pesada cruz.

    En verdad les digo que todo mejora. Hoy soy un profesional, tengo a mi pololo con quien vamos a misa juntos los días domingos (en unas horas más) . Relación en la que ambos nos sentimos felices y bendecidos por Dios, por el regalo de habernos conocido.

    Ánimo y fuerza para todos!

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  9. Pablo 6 junio 2012 19:14 pm #

    Gracias Cristobal por “haberte” compartido con todos quienes necesitamos un aliento… aparte de estar emocionado con tu testimonio, estoy impresionado con la cantidad de jovenes que siendo homosexuales se atreven a seguir creyendo en Dios y a encontrar en él su aliento y sentido de vida… creo que él es el más firme apoyo que podremos encontrar para quienes estamos confundidos en la adolescencia, y que no por ello debemos desanimarnos a entregarnos a su amor, sino que por el contrario, aceptar esta “cruz” que Dios nos ha dado y en la realización de ella alcanzar nuestra felicidad.

    Por como te refieres a la “mater” y al “santuario” deduzco que tambien eres schoenstattiano, me alegra saber que hay gente de tan tremenda calidad humana en el movimiento… todos los cambios comienzan desde adentro, y creo que en ese sentido es nuestra responsabilidad desmitificar muchos prejuicios que existen de la homosexualidad en la iglesia, y en parte de la sociedad.
    Y qué grande el cura que te acompañó en la confesión… ojalá algun dia todos sean como él.

    Mucho ánimo a todos, un tremendo abrazo

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    • Martín 7 junio 2012 22:19 pm #

      No puedo creer que hayan schoenstattianos como yo que puedan tambn sentir un profundo amor a Dios y a la Mater
      Que alegría

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    • Rodrigo 16 febrero 2014 12:19 pm #

      Quise escribir algo muy similar a tu comentario hace tiempo. No cabe duda, de que las verdaderas batallas se dan desde dentro. Ánimo y a seguir confiando en la Mater, que siempre nos aclara el camino, pero sin negar lo que somos realmente. Saludos

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  10. EDUARDO 8 junio 2012 1:14 am #

    QUE BONITA HISTORIA, YO TENGO 30 AÑOS YA, Y ME A COSTYADO MUCHO ACEPTAR ESTA REALIDAD, ME ENCANTARIA TENER LAS FUERZAS Y CONFIAR EN DIOS PARA SALIR CON EL ADELANTE

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  11. Jesús 15 julio 2014 15:17 pm #

    GRACIAS POR COMPARTIRTE CON NISOTROS.

    Sin duda, quiero agradecer a Dios a La MTA y a ti por esta historia, yo me encuentro en una situación similar, por mucho tiempo lo eh callado por el inmenso miedo que me da encararlo, pero sabes me inspiraste a tomar la decisión de afrontarlo y tomar el timón de la situación y confiar en que Dios y La MTA me guiaran en este nuevo camino de la libertad, bien dicho esta La Verdad os hará libres.

    Gracias!

    Gracias

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