ABC1 GAY – Parte I y II

I PARTE

Uno de los primeros recuerdos que tengo acerca de un comportamiento, que para mí en ese entonces era extraño pero natural, fue en primero básico. A los 6 años y mientras acariciaba la mano de quien fue una de mis co-teacher, le dije: “si yo fuera hombre me gustaría usted”.

Ya pueden darse cuenta de dos cosas. Una de ellas es que no fui educada en un colegio público, sino uno particular e inglés, y la otra es que ya en mis primeros años me daba cuenta que me gustaban las mujeres.

No es común enfrentar cosas de este tipo cuando se tiene 6 años y menos tener una alumna que te salga con una frase como la que salió de mi corazón aquel día. Para mí, no tenía nada de malo. Creo que a esa temprana e ingenua edad uno no se siente identificado por un género, o tal vez me equivoco y es mi caso en particular. Lo que sí tuve claro es que a diferencia de mis compañeritas no disfrutaba jugando al elástico o a la ronda, sino que mis intereses iban por el fútbol. Que te guste el fútbol no es indicativo que tu hija sea gay…pero sí es un indicio de que mis intereses iban por otro lado. En esa época no existía el término bullying, pero puedo decir que sí lo pase mal durante mi infancia por practicar ese deporte.

Hija de padres primerizos, y en ese entonces a lo que sería por siempre una hija única, mi preocupación no estaba en la ropa con que andaría por las calles, sino en lo cómoda que fuese ésta como para permitirme jugar a la pelota, subir a los árboles, andar en bicicleta y que me hiciera ver más masculina. Al hacer mucho deporte creo que esto pasaba desapercibido como para que alguien pensara que estaba mal.

A medida que transcurría la etapa escolar, pasaba el tiempo y supe que me sentía increíblemente atraída por la misma niña que mi mejor amigo. Creo que inconscientemente hasta en algún punto llegue a competir con él. Luchaba incansablemente por que ella se fijara en mí y viera que a mi lado sería más feliz. De algún modo, y atribuyo esto al estar siempre rodeada de primos hombres, en aquellos años, hubiese querido ser un “niño”. Para mí, la Barbie nunca fue un objeto de entretención y lo mismo con cualquier muñeca que se le pareciera. Al lado de una pistola lanza dardos y con mira láser la rubia de cuerpo perfecto se alejaba mucho de ser un objeto deseado.

Todos los recreos para mi eran sinónimo de armar equipos y jugar a la pelota. Sin duda llamaba la atención ver un delantalcito a cuadros azul y blanco entre tanta cotona café. Vagamente, recuerdo que una head teacher, que tuve en kínder, por primera vez me hizo el alcance de que ese deporte no era para “niñitas”.  Pero mis compañeros no me veían diferente a ellos. Solo comprendían que algo no estaba bien cuando notaban que aquella “niña” era tanto mejor que ellos jugando a la pelota. El ego es algo muy importante dentro de la mente masculina y sin duda empieza a desarrollarse a temprana edad.

El tiempo seguía transcurriendo y así los años de básica. Ya no se veía muy normal ver una “niña” jugando fútbol en los recreos. A tal punto, que la misma Directora del colegio me sacó de un ala de la mitad de un partido para presentarme a mis “nuevas amigas”.

Desde ese minuto comprendí que debía camuflarme entre los delantales a cuadros azules y blancos.

 

II PARTE

Cuando llegué a la edad en que el cuerpo cambia y la ropa interior deja de ser simplemente un calzón, es cuando empecé a sentir pena. No por mí, sino por cómo el resto me veía. Incontables veces lloré escondida en el colegio luego que algunos chicos más grandes me gritaran “ahombrá”, “amachada”, “hombre”. Lo pase mal. Pero mis ganas de seguir y demostrar que ese deporte no tenía clasificación por género eran más grandes y el hecho de ser mejor que la mayoría de los niños, más me lo reafirmaba.

Mi tenida casual en aquellas jornadas en que dejábamos el uniforme de lado era un cómodo pantalón de buzo, una polera de algodón y obviamente zapatillas. Ahí empecé a notar que yo no era igual a mis compañeras. Ellas se vestían con jeans de colores flúor y chalecos que contrastaran con aquéllos.

Algunos maduran antes. Yo no fui el caso. Con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, la mirada masculina adquiere otro matiz. Ya no se acercan a la “niña” que quiere jugar con ellos a la pelota, si no a aquella que deslumbra por su buen vestir o  su linda figura. Fue ahí cuando me sentí diferente, distinta a mis compañeritas y creo que aunque pareciera extraño, yo también quería generar esa atención en mis compañeros.

Fue de a poco como empecé a adaptarme y entrar al grupo de niñas. Por alguna razón colgué los botines de futbol y me limité a hacerlo cuando estaba en familia o sola. Quería encajar. Dejar de ser mirada diferente y ser una más. Poco a poco fui logrando mi objetivo hasta que una noche vi la película “La boda de mi mejor amigo”, que marcaría mi vida en ese entonces. Al día siguiente tenía a Julia Roberts metida entre ceja y ceja y con una angustia que me comía el pecho. Recuerdo que salí de mi pieza y fui a llorar hacia otro lado, donde nadie pudiera verme o escucharme. No entendía por qué o cómo aquella actriz se metió en mi cabeza y en mi pecho provocándome una angustia horrible. Cómo era posible que me gustara tanto??!!, que la encontrara increíblemente guapa??!!

Esto arruinaba mis planes de encajar. Así, mi mente me ayudó más que mis sentimientos y logró reprimir todas esas cosas en el fondo de un cajón. De ahí en adelante, fui una adolescente, luchando siempre por que el resto borrara la imagen que tenía de mi pasado.

Haber practicado toda mi infancia deporte me ayudó y harto. Desarrollé el cuerpo de una mujer atlética y de linda figura. Mis compañeras que vivieron ese proceso antes que yo ya no eran tan altas y obviamente no tenían una figura tan esbelta y atlética.

A partir de entonces, dejé mi pasado atrás, escondido, pero sin dejar de manifestarse cada vez que alguna chica linda pasaba por mi lado en el pasillo, o cuando tenía un escote provocador al alcance de mis ojos. Sin embargo, al tratar de encajar, logré hacer un switch y sentirme atraída por el sexo opuesto. Tres pololeos colegiales me lo dejaron claro.

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Hola, realmente no sé cómo empezar este testimonio, pero espero hacerlo lo mejor posible. Soy Alejandra,  tengo 18 años, soy bisexual (aunque siento mucha más atracción por las mujeres),  pero solo he  pololeado solo una vez con un hombre y las otras veces han sido agarres de carretes. Hace como ...
Rafael, 13 años, España
Hola, me llamo Rafael, tengo 13 años y soy gay (o eso creo). Con esto me refiero a que no lo tengo claro, pero tengo más puntos a favor de serlo a que no. El caso es que esto lo sabe únicamente una persona: mi mejor amiga. Ella es la única que me entiende y me respeta, y me está ayudando un montón; ...
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2 Respuestas a “ABC1 GAY – Parte I y II”

  1. Matilde 27 junio 2012 0:42 am #

    Que fuerte, quizás me parece más fuerte de lo que es, o pueda ser para el resto de la gente que lo lea. Me sentí super identificada con algunas partes :/
    Pero hay algo que no entiendo, tus tres pololeos colegiales fueron sólo por encajar y la verdad sigue/seguirá oculta?
    Saludos.

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  2. Natalia 12 agosto 2012 23:52 pm #

    Leer estas líneas me hace recordar todo lo que yo viví, era una unica mujer que jugaba al ping pong con los hombres, que jugaba al futbol, la unica cosa celeste con blanco en medio de un mar cafe de testosterona..

    Que fuerte .. un beso para ti!

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