ABC 1 GAY – Parte III y IV

III PARTE

Si estuve en un colegio particular pagado cómo mis años universitarios no iban a ser igual de “emburbujados”. De familia vinculada al área de la salud, siempre vi mi futuro cercano a lo mismo. Creo que ver lo bien que lo pasaba mi padre en su consulta y las risas que se escuchaban tras la puerta cuando lo acompañaba, me hicieron pensar que eso quería en mi vida profesional.

Así, estudié algo vinculado al área de la salud, en una universidad privada y con una fuerte influencia religiosa. Al estar teniendo éxito en mi vida, de la forma en que la estaba llevando, claramente pololié con un hombre casi toda mi carrera universitaria. Podría decirse que fue mi primer pololeo en serio. Ese en que los padres de ambas partes se conocen y donde existe una relación más adulta, más allá de la ida al cine, las eternas conversaciones por celular y alguno que otro cumpleaños. Sin duda las hormonas y curiosidad sexual empiezan a tener su efecto en esa etapa. Claramente, algunos en esta instancia ya están graduados en el tema, pero fiel a mi personalidad todo se fue dando a una edad quizás más tardía que para la mayoría de mis pares.

A los 21 años,  por primera vez me acosté con mi pololo. Todo un suceso para mí y lejos de ser algo espontáneo o que se dejará llevar por la calentura del momento, todo fue muy planificado y preparado. Algo relevante que marcó mi infancia y que me fue inculcado por mis padres fueron  los temas del embarazo no deseado y llegar virgen al matrimonio. Pero lo que más se plasmó en mi conciencia fue el tema “embarazo”. Aquí existe otra diferencia que me separa del montón. Nunca ha estado en mi lista de “cosas que me gustaría ser” el ser madre. Pese a haber crecido en una familia conservadora, bien integrada y luego en una universidad con gran influencia católica no lograron despertar aquel instinto maternal. Pienso que a estas alturas, 26 años, ya nada lo logrará o al menos estoy muy distante a eso.

Notoriamente, cuando estás rodeada de compañeras que en su listado de “pendientes” dicen que su número uno es ser mamá, te das cuenta  que no eres igual a todas las mujeres.

Fueron casi 5 años de pololeo. Ya estaba en el último año de mi carrera y creo que eso influyó enormemente en destapar algo que hace mucho tiempo estaba en un rincón de mi cerebro y corazón. Ya había cumplido con haber salido del colegio con excelencia académica y deportiva y ahora egresando de la misma carrera universitaria que habían estudiado mis abuelos y padres, con sus mismos resultados. A esto, debemos añadir que a nivel emocional y tras varias visitas al psiquiatra y psicólogo había logrado una estabilidad exquisita. Todo ayudó a concretar un proyecto muy bien guardado por 23 años y que estaba clamando por salir. Ya había hecho todo lo que mis padres soñaban de mí y aunque nunca lo hubieran esperado, si lo merecían. Ahora finalmente me tocaba a mí. Yo quería ser feliz.

 

IV PARTE

Terminar una etapa para empezar otra es sin duda algo que todos hacemos a lo largo de nuestra vida.  Pero cambiar ante tu familia, tus amigos y todos los que te rodean no es algo común y para nada fácil, ni para ellos ni para uno.

En la recta final de mi carrera, fue cuando comenzaron a pasarme cosas. Ver dos mujeres besándose generó en mí más de lo que podría generarle tal vez a un hombre. Comenzó a aflorar una sensación de curiosidad que se acrecentaba cada día. No dejaba de buscar programas que tuvieran esa temática. Y definitivamente quería acercarme a ella. Con la tecnología a nuestro alcance, las herramientas están a disposición de quienes quieran tomarlas. Por lo tanto, Google sería lo que me acercaría a encontrarme a mi misma.  Busqué y busqué aquel link que pudiera contactarme con otras mujeres chilenas. No fue fácil en ese entonces, pero lo encontré: “mujer busca mujer”.

Aquella página permitía leer la edad, profesión, región o comuna, y obviamente los atributos o cualidades de las que se decidían a escribirlas. Eso me llevó a leer más de 40 descripciones y seleccionar algunas. En ese periodo, sólo quería encontrar mujeres que sintieran lo mismo que yo, que hubieran tenido sucesos similares en su infancia y adolescencia. Quería conocer visiones, opiniones del resto.

Me escribí por messenger con más de una,  conversé por video-chat con al menos 2 y me junté en persona con otras 3. Aquí empezaron a notarse esas diferencias culturales-sociales-educacionales y me daba cuenta que claramente todavía era ajena a un mundo al que yo pensaba que pertenecía. Cuando al conocer personas como uno sientes que no te generan ni el más mínimo deseo de contacto físico llegas a pensar que quizás querer besar a una mujer es meramente un “capricho” de 23 años.

Estaba sola en esto. Nunca tuve una “mejor amiga” o algún grupo de amigos íntimo. El ser independiente del resto es algo que siempre me ha resultado natural y atractivo. Una noche luego de haber estado con mi pololo y habernos acostado, salí de su casa como tantas veces, pero el destino no era mi casa, si no una fiesta gay de mujeres a la que llegué por esta página de Internet.

En toda mi carrera universitaria, los jeans y las zapatillas eran una tenida habitual. Nunca usé tacos ni ropa ajustada. Si bien cambie el calzón por el colaless o las pantaletas es sólo mérito atribuible a esta relación de casi 5 años con un hombre.

Pero en esta ocasión algo fue diferente. Salí de la casa de mi pololo, me cambie de polera y me puse unas botas de taco alto que concientemente había guardado en la maleta del auto. Partí, a la calle Constitución, sola. Ubique el lugar y me estacioné. Esperé. No estaba segura de lo que estaba haciendo y  muy nerviosa. Deben haber transcurrido 30 minutos antes de que me decidiera a salir del auto y entrar.

Entré sin mirar a nadie. Yo, de jeans ajustados, botas de taco alto y pelo largo, ondulado y suelto. Me senté en una mesa a mirar. El mozo se acercó más de un par de veces con la intención de ofrecerme algo más que un trago, pero solo le dije que quería un vaso de agua.

Afortunadamente, los smartphones habían llegado al país y fui una de sus bienaventuradas propietarias. Debo haber estado otros 45 minutos sola jugando con el teléfono mientras intentaba empaparme de lo que me rodeaba. No me gustó. No era lo que quería para mí.

Una vez más me sentí ajena. Extranjera. Las mujeres que estaban ahí distaban mucho de querer parecer mujeres y sentí que de alguna forma  el ambiente  que encontré ahí no me acomodaba. Suena fuerte, pero no es la realidad que yo quería o sentía para mí.Volví decepcionada a mi casa.

Sin embargo, como soy testaruda y tenía el tiempo libre que no tuve en 5 años de  carrera, no se acabó mi deseo de conocer a alguien, a alguien como yo. Y di con ella. En un principio, las conversaciones se limitaban a extensos mails, donde veíamos las cosas que teníamos en común, las que no y qué cosas nos impulsaban por la vida. Llegado el punto donde los correos ya no bastaban surgió el intercambio de números telefónicos. Su voz era increíblemente atractiva, si puede darse este adjetivo a la voz. La cuenta de celular de ese mes no pasó inadvertida, porque recibí un llamado de atención de mis papás. Pero con una que otra buena justificación no dio para más.

Paralelamente, seguía pololeando. Iba a su casa, cerraba los ojos e imaginaba que aquellos labios que estaba besando eran los de esa chica. Sin duda, la barba no ayudaba, pero la emoción porque fuera así era superior. No podía dejar de pensar en ella. Tanto así que habiendo salido de la casa de mi pololo inmediatamente quería llamarla y así lo hacía.

¿Qué esperaba yo de todo esto?…vernos en persona. Generar aquel contacto físico, saber si su cuerpo me resultaba atractivo. Y sin tener alguna referencia de cómo era ella, agoté los medios para poder generar un encuentro. Fijamos día, lugar y hora. Estaba ansiosa y llegué puntual. Me envió un mensaje de texto diciendo que estaba atrasada, por lo que no me bajé del auto. Una vez más mi celular sirvió para matar el tiempo y justificar mi espera.

Nuevamente de jeans ajustado, tacos y nerviosa. Vi que su auto pasó frente a mí y esperé. Esperé que se bajara del auto. Me bajé. La vi. Vi a una mujer, igual que yo. Pelo suelto, más o menos largo, jeans ajustados y polera femenina. Nos presentamos en vivo y nos dimos un abrazo en señal de “al fin nos vemos”. Entramos al pub. Un pub “gayfriendly”, que ella conocía de antes.  Me llevaba 8 años de ventaja en el tema y eso me gustaba. Nos sentamos de frente en una mesa y como era temprano, no había mucha gente.

 

Conversamos y conversamos todas aquellas cosas que nos escribimos o habíamos hablado sin vernos a la cara. Yo buscaba instancias de contacto físico. Tomé su mano con la excusa de ver sus anillos, pero no recibí feedback. Pero en algún punto de la noche algo sucedió.

Ella extendió su brazo sobre la mesa y su mano quedó muy cerca de mí. Mi corazón nunca latió tan fuerte y el nerviosismo y consiguiente sudor, nuca fue tan verdadero. Tenía que hacer algo. O dejaba su mano ahí extendida o se la tomaba. Opté por lo segundo y fue algo exquisito, sentí una mano suave, delicada, fina entre la mía.

En algún punto de la conversación, ella me invitó a sentarme más cerca. No entendía cómo o para qué más cerca, pero luego me quedó claro. Pude acercarme más a ella. Olerla. Oler su perfume, su crema, su shampoo. Le comenté lo rico que olía. Oler esto era como oler por primera vez en la vida. Se sentía bien, muy bien. Nunca he sido “quedada”. Soy impulsiva y atrevida. Los años que nos separaban en experiencia no me importaron y me acerqué a besarla. Fue intenso, fue rico, fue espectacular! Por primera vez, sentía en mi pecho fuegos artificiales y un mar de sensaciones que no pararon en toda la noche.

A diferencia de lo que había sido mi vida hasta ese momento, mucho deporte, poco carrete, acostarse y levantarse temprano, aquel día todo me dio lo mismo. Fuimos a una discoteque gay cercana, bailamos y nos besamos. Sentir entre mis manos aquella figura femenina, y tocar su espalda bajo la polera me hicieron sentir viva. Poder abrazar a aquella mujer y acercarla hacía mí fue una sensación inexplicable. Piel suave, olores ricos, delicadeza, femineidad, cosas alguna vez muy distante para mí y que finalmente tuve la oportunidad de tener cerca y poder gozarlas. Bailamos hasta las 5 de la mañana. La seguí con el auto hasta su casa y luego partí a la mía. Me acosté a las 6 am y a las 8.30 am tenía clases. Me levanté. Había dormido una hora. Llegué a clases y sin una pisca de sueño. Mi sonrisa no me la sacaba nadie. Había tenido la primera noche más feliz de mi vida.

6 comentarios URL corta
Alberto, 16 años, Pirque
Buena suerte saliendo del clóset, mala suerte en el amor. Buena suerte saliendo, sí, así fue, así es. Mi salida del clóset me atrevo a decir que es una de las mejores experiencias que conozco respecto al tema. Todo empezó cuando le conté a mi mejor amiga el día 24 de marzo de 2010. Ella prácticam...
Fernando, 16 años, Maipú
Hola, soy Fernando, tengo 16 años y vivo en Maipú. ¿Por qué estoy aquí? No lo sé... Mis compañeros de Kinder me molestaban. ¿La verdad? Siempre he sido lo suficientemente fuerte y los ignoraba, además de tratarlos de estúpidos al llamarme 'gay' por no jugar a la pelota y por compartir con mujeres...
Alejandro, 25 años, Ñuñoa. Chile
Hola Mi nombre es Alejandro, tengo 25 años, vivo actualmente en Ñuñoa y llegué a esta página porque la vi en Twitter. Me llamó la atención y al ingresar comencé a ver muchos testimonios y ahora comenzaré a escribir el mío. Desde chico comenzaron  a atraerme los hombres, soy gay y aunque patale...

6 Respuestas a “ABC 1 GAY – Parte III y IV”

  1. Pamela 27 junio 2012 11:35 am #

    Q intensa la historia, deberias escribir un libro.
    Despues de tantos años guardándote lo que realmente sentías me alegra mucho que pudieras encontrarte… habrá una parte V?

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  2. Pablo 27 junio 2012 17:50 pm #

    Qué historia tan completa, me gustó mucho todo pero sobre todo el que hayas encontrado lo que siempre habías esperado.

    ¿Sabes algo?
    Antes me consideraba “heterosexual” porque sólo miraba a las mujeres pero nunca sentí ese gran impulso que sienten la mayoría de los chicos por coquetear con ellas, invitarlas a salir y pololear. Siempre tuve un gusto oculto por los chicos, un gusto que reprimía pero que siempre estuvo ahí presente como para esperar a que yo lo acepte y comience a sentir el impulso de querer pololear con alguien ahora sí.

    Las mujeres me gustan, me excitan pero no de la misma forma que un hombre. No siento por ellas ya tanto interés como antes. Si veo una historia de amor heterosexual, una de amor lésbico y una de amor gay, la que causa en mí más ternura, interés y euforia es esta última. Me pasa eso que a ti, que cuando vi mi primera película de amor gay, dos chicos besándose, sentí que un sentimiento de “eso es lo que yo he buscado siempre” recorriera mi cuerpo.

    Creo que mi interés por las mujeres ha bajado y ahora no sé si debo seguirme considerando bisexual o ya mejor como gay.

    Ya sé que seguramente nadie me responderá pero me gusta tener este espacio para expresarme.

    Un abrazo a todos.

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    • Felipe 8 julio 2012 6:51 am #

      Muy buena historia y tanto la autora como Pablo describen sensaciones y emociones que también siento

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  3. Cona 28 junio 2012 23:17 pm #

    Una de las historias más lindas que he leído aquí y he leído varias (: cada día me sigo cuestionando y dándome mas animo, gracias a todos los que escriben aquí y a esta pagina siento que mi vida ha mejorado un poco. Ojala un día tener las agallas como tú. Voy a leer las partes que siguen, saludos.

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    • Ojos_transparentes 29 junio 2012 13:11 pm #

      Gracias por tus lindas palabras Cona, nos alegramos de que este blog te haya ayudado! Fuerza, estamos contigo :)
      Equipo JC

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  4. fer 10 julio 2012 13:13 pm #

    Que lindo… Les escribi desde Concepcion, yo busco una esperiencia asi…

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