Carolina, 30 años, Santiago

Esta historia está contada desde el otro lado, desde quienes tuvimos que escuchar por primera vez “soy gay” y la idea de compartirla es dar a conocer las confusiones que se producen muchas veces en nuestras mentes y que nos llevan a actuar en forma errática.

Yo crecí en una familia muy tolerante, donde cada uno podía expresar libremente quien era y qué sentía, estudié en un colegio que se formó para hijos de padres exiliados durante la dictadura, por lo que el respeto hacia quienes pensaban diferente era un valor casi tan importante como aprender a leer.

En ese contexto, el tema de la diversidad siempre estuvo muy presente como concepto, poco en la práctica, probablemente porque los estigmas y las etiquetas comienzan a aparecer a medida que uno crece y cuando uno es niño/a nada de eso parece aún importar (ojalá ese período de la vida fuera más largo que la adolescencia o la adultez).

Uno de mis grandes intereses desde niña fue el teatro por lo que siempre estuve en cursos extra escolares, hasta que en la adolescencia formamos un grupo de teatro comunitario con 3 aficionados más. Nuestras obras eran especialmente para niños/as de escasos recursos que no podían asistir, al aún impagable, teatro por lo que hacíamos alianzas con los municipios y las llevábamos a sus comunas.

Nuestra compañía estaba formada por dos hombres y dos mujeres (me incluyo) y al poco andar formamos un equipo sólido y empático, y creamos un espacio de aprendizaje y amistad. Ensayábamos mucho y en plena adolescencia, con las hormonas revueltas, creo que empezaron a aflorar sentimientos entre nosotros.

Yo me sentía atraída por uno de ellos, el más experto, el más trabajador, el más comprometido…perfil que sigue encantándome, pero un día y sin previo aviso escuché su revelación: “Carola…soy gay”, cuando me lo dijo lo primero que pensé fue: Cagué, no me va a  pescar!, pero después de unos segundos todo me empezó a dar vuelta y no encontraba en mi cerebro la palabra adecuada… mucho sabía sobre el tema, pero me faltaba lo más importante…conocer a un gay!

Creo que mi reacción no fue la mejor e hice muchas preguntas, como: estás seguro?, cómo te diste cuente?, siempre lo has sabido?, no te da susto?, no se me ocurrió abrazarlo y felicitar su decisión de contarlo, él en cambio estaba inmensamente feliz.

Cuando llegué a mi casa y lo conversé con mi familia, ellos pusieron cara de: “no se te vaya a pegar”, y fue ahí donde comprendí que la tolerancia no sirve de nada en el discurso, es casi tan terrible como ser homofóbico, sino se visualiza en tu práctica, en tus gestos, en tu conducta y reacciones.

Fui corriendo al otro día a su casa a decirle que comenzáramos a ensayar de nuevo porque creía que ahora que era honesto con sí mismo se iba a convertir en un aún mejor actor y quería ser parte de ese proceso. Lo acompañé a contarle a su madre, quien lo echo de la casa, se fue a vivir con uno de nosotros a su casa, presenciamos buenos y malos tratos, pero nunca, nunca dejé de sentir que cada vez que alguien lo rechazará yo debía acercarme más.

Esa experiencia me mostró a mí quien era también, no fue solo una salida del closet para él, fue una bofetada de realidad para mí que puso a prueba mis convicciones. Después de eso, abrí los ojos y vi que a mi alrededor no solo estaba él, tenía muchos amigos gay y lesbianas y de intentar verlos tan iguales, no había visto la diferencia y por tanto, sesgaba todas mis acciones asumiendo su heterosexualidad.

Ahora, en mi vida adulta, intento no hacerlo más, me acerco a la gente sin suposiciones, dejó para le final de un encuentro las preguntas sobre la caracterización de una persona, para no encasillarlos, no me inmiscuyo en la intimidad de nadie a menos que se me invite a ser parte de ella y por sobre todo, pongo en la mesa mis prejuicios, hago evidente mi ignorancia sobre determinados temas y jamás doy por su puesto que mi realidad es la realidad de otro.

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César, 18 años, Peñalolén
Pucha, no sé, de principio uno no lo sabe todo de una persona y de a poco la va conociendo. Ya cuando me dijiste que eras gay, yo ya tenía cierta imagen de la personalidad que eras, y, en realidad, comprender cuál era tu orientación no cambió las cosas, digo, mientras me formaba esa idea. Cuan...

4 Respuestas a “Carolina, 30 años, Santiago”

  1. Bárbara 11 mayo 2012 20:26 pm #

    Que afortunados somos de poder tener un testimonio como el de Carolina, es genial poder conocer la perspectiva desde nuestros amigxs hetero, entender que a pesar de nuestros miedos ,muchas veces existe la voluntad, disposición y humildad para adentrarse en un mundo que al principio puede parece ajeno pero en el que es posible trabajar juntos y compartir realidades que terminan siendo validadas en la riqueza que la diferencia representa.

    Gracias!!!!!!

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  2. Esteban 12 mayo 2012 15:03 pm #

    Carolina, muchas gracias por compartir con transparencia y humildad tu historia. Finalmente no se puede evitar que el prejuicio sea parte de lo humano, lo que hace la diferencia es que hay personas que se dan cuenta de que esos son prejuicios y hacen un esfuerzo para abrir sus visiones del mundo y respetar al otro, y otras personas que no están interesadas en aquello y prefieren seguir viviendo con sus sesgos y miradas herméticas y discrimin del adoras. Gracias por ser del primer grupo. Saludos!!!

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  3. nina 27 mayo 2012 15:43 pm #

    A mi me paso algo super parecidoooo!!! Que wena!!

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  4. Carolina 1 junio 2012 9:58 am #

    Muchas gracias por sus comentarios y espero, sinceramente, que podamos apoyar más iniciativas como estas, es un honor ser parte, de alguna forma, de ella. Un abrazo

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