Aníbal, 17 años, Talca

Bueno, para empezar, felicitar a esta maravillosa página y a sus creadores, es una manera realmente admirable de mostrarnos tal cual somos, sin dogmas ni prejuicios, y poder sentir que no estamos solos.

Mi historia es más o menos difusa en muchos aspectos. Siempre hubo una parte de mí que me llevaba a tener más afinidad con hombres, desde juegos eróticos con mis primos cuando apenas tenía unos 8, hasta creerme el cuento e irme a llorar solo.

Di muestras de mi homosexualidad desde siempre, pero intentando reprimirlo con todas mis fuerzas, que ese inconveniente fuese solo temporal, que se fuera, que fuese normal. ¿Por qué me atraen los hombres, y no las mujeres, como se supone que debe ser? Di con el termino homosexual por casualidad en una telenovela que pasaban por la televisión, y al momento de preguntar, me sentí tan lleno, tan impregnado de lo que realmente me estaba pasando.

Pero, en cierto momento, cuando ya notaba que esta “incorrecta” atracción se volvía intensa, me torturaba la conciencia, y me amenazaba a mí mismo, asegurando que, aunque debiera vivir en la tristeza eterna, jamás nadie debía saberlo, nadie debía enterarse de esta aberración.

Lo cierto es que, con la llegada de la edad del pavo, mirar a mis compañeros en las duchas del colegio, o mientras jugaban futbol en el patio se volvía inevitable, y me estremecía mucho. Trataba de aliviar mi sufrimiento con relaciones con mujeres, desde lo simplemente afectivo hasta lo sexual, y en el momento todo parecía estar bien… pero luego venía a mi mente el recuerdo constante de algún hombre, y me lastimaba hacerle daño a esa compañera. Nunca me repelían las mujeres, me atraían bastante, a decir verdad. Pero no al nivel que un hombre lo hacía.

Luego de un tiempo de martirio interno, conocí a una chica, la cual ahora es mi mejor amiga. Ella es lesbiana. Fue la primera a quien le conté, entre sollozos y sentimientos de profundo alivio. Me presenté como bisexual, porque en ese momento así me sentía. Y el apoyo fue tal, que todos los sentimientos de rechazo, bullying, desprecio, dedos señalándome, se esfumaron de a poco. Luego les fui contando a mis amigos más cercanos; me sorprende hasta ahora que todos tomaran con normalidad lo que a mí me tomó toda una vida.

Ahora siento que estoy preparado para autoafirmarme como un íntegro gay (uuf, difícil decirlo), como una persona con derecho a ser feliz tal cual es, responsable y respetable. Hace un tiempo tuve mi primera experiencia sexual con un hombre, fue una linda experiencia de sentirme querido de una manera diferente, extraña, motivadora.

Me hace sentir feliz que, con mis amigos podamos tocar el tema sin problemas, es genial.

Ahora tramito el contarles a mis papás y al resto de la familia, pero no me preocupa, sé que reaccionarán bien. O al menos eso espero, nunca se toca el tema tan en profundidad. Con toda sinceridad, salir del closet fue un acto tan reconfortante, tan aliviador, ese que una vez pensé el peor pecado del mundo, y que ahora es parte de mi vida.

Y amo ser así.

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Una respuesta a “Aníbal, 17 años, Talca”

  1. Lynx 29 agosto 2012 15:21 pm #

    si el amor de padre no lo puede entender nadie mas podria hacerlo. Cuanta razon tienes al decir que uno se atormenta toda una vida con el tema, y cuando se lo cuentas a alguien mas y estos lo toman con tanta naturalidad uno se llega a sentir tonto por haberse torturado toda la vida con el tema, saludos desde talca.

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