Francisca, 26 años, Santiago

Renunciar al ideal: No es otra cosa más que un acto de amor.

De pequeña soñé con ese príncipe ideal, aquel encantador  que vendría en mi búsqueda. Así  decía la letra de la canción que mi madre siempre me cantaba  y así con el tiempo  deseché a éste, que no era ni tan príncipe, por mi princesa de los sueños.

Pasé de una relación de seis años con quien idealmente soñé una vida, familia feliz y un bienestar económico, a enamorarme perdidamente de una gran profesional, poeta, artista, dueña de casa, amante… mujer.

Y fue así:
La vi por primera vez en una publicación en el diario, destacada por sus innovadoras propuestas, ahí decidí conocerla, hasta ese minuto, sólo con el fin de plantearle un trabajo en conjunto. Y así llegué a su lado, luego busqué la posibilidad de hacer mi práctica profesional en  su lugar de trabajo y fue como comenzaron las mariposas en la guatita, las sonrisas inesperadas y el rozar sus manos con la clara intencionalidad de estar a su lado.

Un día, ella faltó porque estaba enferma y corrí en su búsqueda, posibilidad que me dio para lograr ese ambiente para el primer deseado beso… estaba todo dado y por primera vez, nos encontrábamos frente a frente  deseando  ese “pecado” que resultó ser el inicio de una felicidad plena y absoluta.

De eso, ya van más de cuatro años, en este tiempo he buscando desesperadamente el reconocimiento  de mi relación en investigaciones científicas, en experiencias de terceros, conociendo la noche bohemia gay de la capital, antros de perdición, encuentros intelectualoides, fiestas open mind, salidas a barrios considerados gays, tardes de conversaciones en cafés, cine, mall y tantos otros lugares y recorridos por los cuales desearía gritar el amor que he experimentado, pero nuestro entorno es difícil: 10 años de diferencia, hijo pequeño de por medio, ex marido rondando amenazante, familia católica y homofóbica, trabajos marcados por la religión y una cultura represiva… han coartado en alguna medida, esta libertad de amor:

…Esta que encontré cuando me encontré a mí, cuando miré hacia mi interior y descubrí ahí lo que antes no quería ver.
Y es que me enamoré, como otras pocas veces lo hice años atrás,
pero esta vez,
amé sin importar su rostro, su voz, su locura y defectos,
amé precisamente con esa misma locura y libertad,
libertad de amar sin importar el género o cuerpo,
libertad que me dio para entender
que amarla en su grandeza
era ganar en la admiración que tanto buscaba en el amor…

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2 Respuestas a “Francisca, 26 años, Santiago”

  1. Denisse O 30 septiembre 2011 13:19 pm #

    Pero que bello relato, me emocioné mucho. Siento sana envidia, que ganas de encontrar el amor así como tu lo encontraste.
    Y bueno, creo que si bien es agradable compartir el amor que se siente con nuestro entorno, ese amor no necesita reconocimiento, mas que el de ustedes y de las pocas personas que están al tanto.

    Saludos!

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  2. Francisca 2 octubre 2011 22:47 pm #

    Francisca, me sentí totalmente identificada con tu relato, con mi pareja tenemos 12 años de diferencia, y son las mismas variables, un hijo de por medio, familia católica y hidrofobia y un padre que esta muy alerta a todos sus movimientos.

    Se pensaría que esta todo el mundo en contra para que ese amor no dure, pero si se tiene la fuerza y la confianza con la pareja cualquier adversidad puede ser superada, y estoy segura, que llegara el día en que no tengamos que ocultarnos, y las mentes abiertas serán mayoría indiscutible en nuestro país.

    Saludos

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