María Eugenia, Providencia

Difícil dar un testimonio luego de tantos años transcurridos. Los sentimientos y las emociones son ¡tan distintos ahora!, pareciera que fue otra persona quien las experimentó. Sin embargo, se vuelve  obligación compartir la poderosa vivencia que me ayudó a subir unos cuantos peldaños en la escalada del crecimiento personal.

A los 16 años, y luego de aislarse durante un año en su habitación, el menor de mis dos hijos hombres, me comunicó que era “bisexual”. Mi reacción fue de lo más histriónica. Me tomé la cabeza a dos manos y literalmente caí sentada en su cama, mientras se desplegaban ante mi una serie de imágenes de terror donde el protagonista era él. Con cara de pánico, y los ojos llorosos le dije que lo amaba que todo estaría bien, que lo solucionaríamos.

Concerté horas con diferentes psicólogos esperando escuchar que era parte del crecimiento, un estado pasajero, etc. Por supuesto  deseché y odié sin piedad al primero y al único que me dijo sin lugar a dudas que no había confusión. Mi hijo era homosexual.

Creo que lo que más desconcierta es el desconocimiento. El no saber, el no entender cómo se siente de otra manera, cuál es ese mundo del que de un momento a otro, formaba parte mi hijo, y por otra parte, el temor a la discriminación social a la que se vería afecto uno de los dos seres que más amo en esta tierra. Sin embargo, y pese a mi total ignorancia en relación al tema, “sentí”, y así se lo hice saber, que era imprescindible vivir esta condición en la luz. No era una vergüenza, una depravación ni un pecado, no era producto de una violación o de alguna experiencia traumática. Tampoco una desviación ni una enfermedad, por lo tanto había que descartar de plano la oscuridad de un “closet”, dónde se larvan ansiedades  y depresiones.

Se hizo necesario mirarlo mucho, estar con él, hablar y hablar… de sus vivencias, inquietudes, de sus amigos y de las experiencias de estos. A través de las múltiples conversaciones “a tajo abierto”  y de nuestras salidas a bares, restaurantes y discoteques gay, donde pude compartir con jóvenes (y no tan jóvenes), que como a él les gustaban personas del mismo sexo. A medida que conocí al entorno, los lugares que frecuentaba, la gente que lo rodeaba, ese mundo tan normal que al comienzo me aterró, se disipo el temor, se acabó el miedo y cedió la tristeza, para dar paso a la admiración y orgullo de tener un hijo tan valiente que pese a las reales o hipotéticas dificultades, estaba decidido a vivir abiertamente y sin tapujos, de acuerdo a su modo de sentir.

¿Cómo negar que lloré un año entero? (365 días deshidratándome sin motivo alguno), el tiempo que necesité para entender, para asimilar sus propias palabras. En el fondo nada había cambiado.

Era el mismo niño que nació de mí, con los mismos ojos, la misma piel, el mismo intelecto, el mismo carácter, los mismos valores que adquirió en su hogar, que me hacía partícipe ahora de uno de los tantos aspectos de su ser, y al que en mi rol de madre, no tenía acceso. El de su sexualidad.

En nuestra familia ya no es tema, salvo (y aunque se lea feo) para experimentar una suerte de “compasión”,  hacia quienes poniendo los ojos en blanco, emiten juicios de moral, citando a un Dios incomprensible, incapaces de entender que hace ya seis siglos finalizó la edad media, que el amor no discrimina por sexo ni edad, y que el matrimonio, la familia  y los hijos es un derecho para todos aquellos que quieran y puedan  resistirlo.

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10 Respuestas a “María Eugenia, Providencia”

  1. José 25 julio 2011 10:24 am #

    Si no la ha visto, le recomiendo la hermosa película estrenada el año 2009 “Plegarias para Bobby”: basada en una historia real, es perfecta para ser vista en conjunto por un hijo homosexual y su madre. De verdad es muy emocionante, una historia cruda pero de mucho amor, ignorancia, intolerancia pero también comprensión. Un abrazo y felicitaciones por su testimonio.

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    • Anónimo 26 julio 2011 22:21 pm #

      Gracias por tu recomendación y especialmente por tu abrazo.

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  2. Ignacio 25 julio 2011 10:28 am #

    que bueno saber de un avance tan positivo, espero que mi madre alguna vez llegue a este mismo pensamiento, aunque lo veo bien difícil, pero en pedir no hay engaño :S

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    • Anónimo 26 julio 2011 22:26 pm #

      Saludos y dale tiempo a tu madre. Lo más probable es que tarde o temprano se de cuenta que no hay nada terrible en la homosexualidad.

      un abrazo

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  3. Carlos Esteban 25 julio 2011 14:13 pm #

    Me emociona leer las palabras de una madre sincera y que abre su corazón, ojalá este relato llegase a mucha mas gente que las que visitamos esta página, a gente que vive en la ignorancia y en el miedo de las cosas que son diferentes, yo tengo la suerte de que mi madre es mi mejor amiga, y también dicen por ahí la mejor suegra, sé que para ella no fue fácil pero agradezco que jamás me haya dado la espalda.

    Mis mas sinceras felicitaciones y cariños para Maria Eugenia.

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    • Anónimo 26 julio 2011 22:31 pm #

      Gracias por tus felicitaciones Carlos y me alegro que tu madre te apoye. Al final de cuentas, lo único importante es la felicidad de los hijos.

      un abrazo

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  4. Alonso 26 julio 2011 23:28 pm #

    Que envidia siento de tu hijo María Eugenia, la verdad es que yo con mi madre no tengo siquiera una relación estable por problemas de ella, y desde hace mucho vivo solo con mi papá, y si a eso le sumo que soy hijo único, la verdad es que me encuentro en grandes atados emocionales, sería más fácil tener una mamá cercana, puesto que generalmente están más abiertas a tratar y aceptar este tipo de temas. Espero tener suerte con mi padre
    María Eugenia, te felicito de todo corazón 😀

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    • Anónimo 28 julio 2011 22:45 pm #

      Espero que te vaya super con tu padre. Lo mejor es conversar mucho. La comunicación es imprescindible para que dos personas se entiendan, y resulta más fácil cuando hay amor.
      Mucha suerte Alonso

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  5. Denisse 9 agosto 2011 18:59 pm #

    Muchísimas gracias por compartir tan hermoso relato. Creo que quienes estamos cerca de un gay o lesbiana debemos compartir nuestras experiencias para enseñar humildemente desde la propia experiencia.

    Cariños!

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  6. Jorge 14 agosto 2011 11:16 am #

    María Eugenia:

    Te felicito por ser una madre de verdad, y aceptar y comprender a tu hijo. Me hubiese gustado una madre como tú, que fuese comprensiva, que me escuchase en mis alegrías y tristezas, pero la vida quiso lo que es. Independiente de mi condición sexual de gay -que aún no le cuento a nadie de mi familia, a mis 25 años (aunque creo, lo intuyen)-, la relación con ella siempre ha sido muy poco estrecha; siempre“aquella mujer”distante, poco afectiva, poco comprensiva y despreocupada. Yo siempre me he sentido sin su real apoyo… porque madre no es sólo aquella que te brindó la comida, el abrigo, educación, etc… va mucho más allá, pero ella siempre estuvo más acá. Ella nunca cambiará, eso lo supe desde siempre…y ya SÍ es tarde –créeme no hay vuelta, es definitivo-. Por ello siempre envidié a hijos como el tuyo, que contaban con su mamá “amiga”. Acompaña a tu hijo siempre, pase lo que pase, comparte con él en la medida que sea posible para ti y para su vida; transfórmate tú, en la primera amiga y confidente absoluta, antes que otras mujeres.

    Mis sinceras felicitaciones. GRANDE María Eugenia.

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