Javiera, 23 años, Santiago

Desde pequeña imaginé entrar a la iglesia, el vestido de novia y una ceremonia llena de flores hermosas como en las películas. Pero en mi imaginación era sólo  yo y mi pareja era muy difusa, nunca tuve mucha claridad de quién me acompañaba al altar…Ahora lo entiendo.

Yo estuve toda mi vida en un colegio de monjas alemanas y de puras mujeres. En este lugar fue mi gran salida del closet , gracias a la orientadora que me obligó a contarle a mis padres o si no lo haría ella, ja!. En colegio de mujeres todo se sabe, más si eres sociable y yo, conocía hasta las monjas del convento, auxiliares, tiraba la talla con todo el mundo. Sin embargo, eso te cobra la cuenta cuando confías en las personas equivocadas.

Asumirme como lesbiana, fue un proceso muy difícil en mi vida, yo soy católica y  lo consideraba casi un pecado. En primero medio  fue cuando tuve que enfrentar a mis padres y decirles, se fue todo a la cresta, aún recuerdo la cara de mi padre desorbitada, sentí que casi me quería exterminar por ser “una cosa extraña”, mi madre lloraba y mis hermanas en shock. Fue tal el impacto que preferí  desmentirlo y decir que era sólo una confusión.

De igual forma, mis padres se dedicaron a espiarme, sentía que todos los profesores me observaban, las inspectoras, viendo cada paso que daba y a quién me acercaba. Hasta segundo medio sólo quería desaparecer, sentí que no merecía vivir y esto no era bueno, no entendía por qué. Caí en una depresión, que se sumaba a la pena de un amor que no era correspondido.

Pero no todo era malo, ya que todas las personas que supieron, sobre mi condición, nunca me dieron la espalda, de hecho lo asumían mejor que yo. En eso he tenido mucha suerte, aún no me he topado con alguien que me discrimine por quién soy.

El mal tiempo pasó y mis intentos fallidos con hombres también, las cosas comenzaron a ser mejores y fue porque yo me empecé aceptar.  Tuve la suerte de hablar con un cura que me dijo que no era pecado y con eso me tranquilicé, aunque sepa que quizás es sólo su postura, pero necesitaba escucharlo.

En mi colegio tuve mis primeras pololas, pero fueron igual situaciones sufridas, ya que me tocaban parejas heteros, confundidas. Pero era de esperarse, era la primera en decir que era gay y siempre hay gente que por sólo escucharte decir eso  se confunde y uno cae.  De igual forma, tengo los mejores y peores recuerdo s de mi vida, crecí un montón y los más importante, fui conociendo de muy chica los sentimientos, las personas y la capacidad del ser humano.

A mis padres el tiempo los ha ayudado a aceptar más mi situación, cada vez que hablamos es llanto seguro de mi parte, es un tema sensible, pero les he aclarado que es un tema que yo no escogí y que si bien intente evitarlo para no causar daño, llegó un momento en que decidí vivir y amar libremente como todos. Además, existe el instante  en que la gente aprende aceptar a las personas por lo que vale, por lo menos quienes te merecen.

Hoy, que terminé mi carrera, estoy pololiando, llevamos casi dos años y siento que he conocido a la mujer de mi vida, con la cual he compartido y he aprendido demasiado y sobre todo he crecido mucho. Mis padres, saben y la aceptan, nos ha costado, pero créanme, cuando logras amar de verdad o por lo menos eso intentas, todo se puede, es la clave de muchas cosas. Dos personas libres, que se aceptan, que comparten su mundo y se acompañan.

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Una respuesta a “Javiera, 23 años, Santiago”

  1. Diana 17 junio 2012 1:59 am #

    Hola :) Solo quería comentar que cuando era chica me pasaba lo mismo de imaginarme con alguien, pero alguien muy difuso que no tenia caracteristicas masculinas, pero no se me pasaba por la cabeza una mujer tampoco porque la homosexualidad femenina era muy lejana para mi.
    Gracias por compartir tu experiencia, es muy esperanzadora. Y me gusto mucho la ultima frase: “Dos personas libres, que se aceptan, que comparten su mundo y se acompañan.”

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