Paula, 28 años, Iquique

¿Acaso una niña de 18 años, sin saber de la vida, podría enamorarse a primera vista? ¿Sería este el amor de su vida? ¿Sería realmente amor? El pasar de los años explicaría, negaría o confirmaría todas esas inquietudes. Miles de dudas que se anidaban en esa cabeza para quedarse ahí un par de años.
Era marzo de 2000, plena época mechona universitaria. A esas alturas, ya sabíamos que el mundo no se había acabado, así que iríamos por una segunda chance. Una especie de subrevolución hormonal y social comenzaba.
Cuando la vi por primera vez, me pareció una chica extrañamente guapa y atrayente. Siendo siempre tímida, algo en ese momento me empujaba a hablarle: lo que fuera solo para saber como sería esa voz, aunque yo ya sabía como era, pues estaba en mis sueños. La invitación no se hizo esperar: ella, un año mayor y cursando segundo año de Derecho, me invitaba a unirme a su grupo, me invitaba a seguir soñando, a seguir caminando hacia ese lugar nunca explorado.
La primera noche que pude hablar más cosas me contó que pololeaba con un chico desaliñado muy grunge, quien la acompañaba siempre, y no la dejaba ni a sol ni a sombra. Pese a ese detalle, siempre encontramos formas para escapar: de él, de todos, de la realidad.
Pasaba el tiempo y nos dábamos cuenta del deseo que nos rodeaba, que necesitábamos estar la una con la otra. Decidí escribirle una carta, donde le contaba desesperadamente lo que sentía por ella, que no podía dejar de pensar en ella y que cada noche aparecía en mis sueños. Cada palabra que nacía de mi puño hacía que latiera mi corazón a mil por hora. Esa carta estaba llena de deseo, ansiedad, nervio y miedo. No sabía cómo reaccionaría, solo me aventuré a expresarle todo lo que sentía. Y no me equivoqué. Luego de entregarle la carta, llegó a la puerta de mi casa, muy exaltada y nerviosa. Solo me miró con sus ojos cafés, tomó mi mano y me dijo que no tuviera miedo, que ella me cuidaría.
Fue así como fui a dar a la clínica. La gastritis aguda me atacaba, mis miedos me habían pasado la cuenta y no lo había podido evitar. De noche, mientras dormía, llegó a mi cama; sin saber cómo, se arrodilló frente a mí y me besó largamente. Sus manos temblaban, sus labios eran los más cálidos que había sentido. Ese beso fue la cura de todos mis males; nunca volví a sentirme así.
Definitivamente ella sabía cómo manejarme; mi mundo giraba en torno a ella. Cuando me sentía angustiada, sabía que algo le pasaba y corría a la hora que fuese a su puerta. Soñábamos lo mismo. Poco a poco me fue absorbiendo.
Recuerdo que, un día, su propia madre fue quien me advirtió de lo peligrosa que era ella, de lo manipuladora que podría llegar a ser. Su madre intuía lo que pasaba entre nosotras; siempre lo supo. No hice caso jamás a quienes trataron de advertirme. Comencé a dejar mis estudios, estaba demasiado delgada, casi enferma. No comía, solo pensaba en ella, me alimentaba de ella, mi felicidad solo dependía de ella. Mi vida estaba en sus manos, y era enfermizo. Psicótico. Me contaba historias, me llevaba de viaje a mundos paralelos, mundos de fantasía, donde ella era mi príncipe y yo su princesa.
Ese cuento de hadas duró 2 años, hasta que me di cuenta que había jugado conmigo, que nunca me amó, que siempre prefirió a su pareja oficial, un hombre, con el cual nunca traté de competir. El mundo se me vino abajo. Aquel castillo que ella me había construido se vino abajo repentinamente, dejándome desnuda frente a la vida. Era solo una niña que recién había salido de su nido para parar en manos de una persona que nunca supo quién era.
Nunca se atreverá a decir la verdad, nunca se atreverá a reconocer lo que es, los monstruos de su mente siempre fueron más grandes que los míos y terminaron devorándola. Son muchos los prejuicios con los que los homosexuales debemos lidiar día a día: familia, sociedad, compañeros, trabajo, amigos, etc.
Yo volví nuevamente a ser feliz, ella… aún no.

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Una respuesta a “Paula, 28 años, Iquique”

  1. romi 18 junio 2011 23:10 pm #

    que difícil.. . pero leerlo fue como si contaras mi propia primera experiencia. es bueno saber desde un principio se puede salir adelante a pesar de alguna vez haber sido tratadas con tanta crueldad.
    saludo =)

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