Lesbianita sureña llega a la ciudad
Desde que me salieron pechugas me llamó la atención mi cuerpo. Solía mirarme desnuda en el espejo todo el tiempo. Viendo como poco a poco cambiaba y me volvía más femenina. Sentía curiosidad y placer al hacerlo. Me sentía atraída. Sin que nunca hubiera escuchado la palabra homosexual, mis Barbies sabían perfectamente lo que hacían en la piscina…
Así, tal como empieza un Testimonio, quiero comenzar mi primera columna, presentándome de a poco.
Mi historia es más convencional de lo que pensaba y sólo confirma que en la diversidad de cada uno hay también puntos de convergencia. En cada uno de nosotros hay un universo completo, con infinitas posibilidades, estamos menos condicionados de lo que queremos creer y eso da miedo. Miedo a ser lo que somos, las personas que somos.
No recuerdo la primera vez que escuché la palabra homosexual. Me imagino que debe haber sido en mis primeros años de pubertad con personajes como Elton John, Freddy Mercury o Sinead O’Connor. Sólo sé que desde chica sentí curiosidad con respecto a un concepto que otros utilizaban como ofensa y que a mí me sonaba a algo fascinante.
Traté de esconder mi atracción hacia las mujeres, pero no me resultaba mcuho y eso me trajo momentos incómodos. Pero cuando vives en un pueblo chico y conservador, ser distinto es sinónimo de ser apuntado con el dedo, y no sólo tú, tu familia y tus amigos también.
Tuve mis primeros amigos gays pasados los 19 años, a esa edad ya le había contado a mi mamá de mi lesbianismo, quien le contó a mis hermanas y a mis tías, que le contaron a sus maridos y a mis primos. Siete años después, es muy raro que cualquiera de ellos me pregunte por mi polola.
A veces me pregunto si espero mucho…
Mi mamá me dijo una vez que siendo gay me iba a costar mucho más ser feliz. Yo le respondí que asumirme como soy es lo que me hace más feliz; que cada vez que le cuento a alguien, siento un alivio tremendo; que no hay nada que me haga sentir más orgullosa que pasear con mi novia de la mano; que ser gay no me define como persona, que ser gay es un pequeño accidente y que, por suerte, no estoy sola en el mundo.
Porque eso es lo que sentía cuando era chica. Que estaba totalmente sola. No había en esos años ningún referente homosexual positivo en mi familia, en mi comunidad, en la televisión.
Otro cuento conocido
Años de terapia después, aquí estoy. Aún no me siento totalmente aceptada por mi familia, pero es un trabajo que toma mucho tiempo, de alguna forma hay que demostrarles que eres feliz. Además, tengo muchos amigos de infancia con los que tengo muy poco en común, pero sigue existiendo nostalgia. Estudié una carrera, tengo trabajo y la mayoría de mis colegas saben que soy gay.
Nunca me han pegado en la calle, aunque sí me han gritado cosas y me han echado de lugares. No entiendo de fútbol, me gustan los zapatos y las carteras, siempre prendo los cigarros





































“pueblo chico, infierno grande”.Me imagino lo dificil que resulta contarle a la familia bajo esas condiciones…
Aún así, se te lee muy resuelta y en paz al haber transparentado la situación incluso con tus compañeros de trabajo. Eso no es tan frecuente como uno piensa.
Valiente total!
lo mas difícil de ser homosexual es asumirlo uno mismo, parte de aceptarse como un ser humano cualquiera… el resto solo es lo que queda por disfrutar y descubrir…
Difícil el tema, yo también vengo de un pueblo chico, donde todo el mundo te apunta, seas gay o no. Es complicado el tema de la aceptación, en mi todo se fue dando de una manera muy extraña, no sabía lo que pasaba, no sabía y no entendía lo que sentía. Finalmente descubrí que era gay, más bien lo acepté. Y si, es un alivio cada vez que lo dices, por que de cierto modo, decirlo es aceptarlo.
Saludos!
Excelente, te agradezco por adelantado, porque tu columna ayudará a alguien.