Javier, 25 años, Ñuñoa

El día que intuitivamente empujé a Joaquín mientras jugábamos fútbol en la cancha del estadio del colegio nunca pensé que tantas cosas iban a cambiar en tan poco tiempo. Cuando caímos al suelo, mientras entrenábamos los dos para un partido que teníamos que jugar por la selección, no imaginé que tener su cuerpo tan cerca del mío me iba a provocar algo tan denso, tan definitorio y concreto. Teníamos 17, estábamos ya en tercero medio y habíamos sido amigos bastante tiempo. Así que teníamos mucha confianza, por lo mismo es que cuando yo me caí sobre él esa tarde no pareció raro que nos quedáramos acostados uno encima del otro. Dejé mi cabeza apoyada en su pecho; nos quedamos un rato jadeando del cansancio. Pero pasados ya unos minutos nos quedamos callados; él me puso la mano en la cabeza y no dijimos nada. Quizás pasaron quince
minutos; para mí fueron años.
De repente, nos levantamos agitados: un compañero había llegado a la cancha y nos estaba gritando para molestarnos. Ese momento que había sido silenciosamente significativo se cubrió de pudor. Ser dos amigos muy unidos en un colegio de hombres como el nuestro era ya bastante complicado. Siempre nos molestaban, a pesar de que nunca habíamos cuestionado nuestra amistad en términos de plantearla de otra forma. Éramos amigos y punto. Pero esa tarde, camino a mi casa en el auto de mi vieja, me fui pensando: ¿y si no fuéramos solo amigos?
Era ya julio, habíamos salido de vacaciones de invierno y, como de costumbre hacía tres años, me fui con él y su familia a pasar algunos días en su casa de Maitencillo. Todo fue bastante rutinario: mañanas andando en bici y tardes saliendo de paseo y yendo a tomar cerveza con más amigos. Excepto que una noche nos tuvimos que quedar solos. Nos pusimos a jugar cartas y a tomar un vino de su papá. Allí, después de un rato y yo ya ebrio, me atreví a decirle lo que estaba sintiendo hacía meses. Le dije “te quiero mucho”.
Hubo un rato de silencio, no dijo nada, seguimos jugando, se paró, me dijo que fuéramos a la playa a jugar un rato a la pelota; yo sentía un poco de miedo. Allí, luego de un rato de juegos, nos sentamos a descansar y a conversar. Entonces, recibí una respuesta inesperada: “yo también te quiero mucho, pero no sé si está bien; a veces me siento como confundido”. Después de un rato de confesiones, allí estaba la inconfundible sensación de culpa y agitación: la cosa era que nos gustábamos. Pero el vértigo del momento, de la edad, de las condiciones en que nos encontrábamos, nos abrumó. Esa noche de todas formas no todo fue miedo, también fue concreción. Pensando que él estaba enojado o con miedo, yo en mi miedo y afecto le di un beso. Y así nos dimos cuenta de lo fuerte que era nuestra atracción. Fueron días irreemplazables.
Cuando volvimos al colegio, todo parecía peligroso: no podíamos mirarnos mucho ni estar tan cerca. Yo me angustiaba; él estaba nervioso. ¿Estaba realmente mal lo que nos pasaba? Pasamos así un año en silencio, pero juntos. Recuerdo la tarde en que después de clases de preuniversitario todo se complico. Él me dijo que mejor no nos viéramos por un tiempo, porque su mamá estaba sospechando algo extraño. Yo accedí; estaba enamorado. Pasó un mes en que no hablamos; él se alejó más y más. Un día, cuando abrí mi mochila para sacar mis cuadernos en la casa, encontré un papel: era una carta de Joaquín. A su manera, era una despedida.
Me sentí muy solo, muy enojado, muy impotente. Enjuicié todo lo que pude: a mí, a él, al colegio, a mis compañeros homofóbicos, a nuestras familias “bien”. Nunca más volvimos a hablar.
Hoy escribo esta suerte de memoria porque hace algunos días pasó algo aún misterioso para mí. Nos encontramos en una cafetería, yo buscando un descanso de mi práctica y él saliendo de su trabajo. Nos saludamos y hablamos un buen rato. En esa conversación, me di cuenta de cuánto lo quería. Hay muchas cosas que ya no puedo cambiar: él está a punto de irse a estudiar al extranjero y yo con mi vida ya hecha, llena de proyectos. Pero sentí que algo como esto no podía quedarse sin ser compartido, porque la actualidad del sentimiento que experimentamos en este encuentro se sintió casi tan vívida como la primera vez. Me pregunto así ¿puede ser el amor entre dos hombres menos real, menos sólido o menos profundo como irreflexivamente piensan algunas personas? ¿Acaso el miedo o la distancia que se generó entre nosotros por las circunstancias logró aniquilar del todo eso que a tan temprana edad descubrimos?
Yo no lo creo. Más bien, por el contrario, sé que a pesar de toda la confusión y angustia que vivimos, lo que sentimos fue real. Tan real como la tarde en que, con diecisiete años y acostado en su pecho, escuché en mi oreja su corazón palpitar rápido, fuera de cansancio por el juego, fuera por los nervios de intuir un primer amor.

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12 Respuestas a “Javier, 25 años, Ñuñoa”

  1. Ignacio 4 junio 2011 20:30 pm #

    Tremendo, me sucede algo parecido actualmente
    muy conmovedora tu historia
    y un ejemplo de que el amor entre dos personas
    del mismo sexo si existe !

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  2. GK 4 junio 2011 20:53 pm #

    Guau, qué bonita historia, me gustó mucho y me hizo sentir tristeza e impotencia, impotencia porque son las reglas sociales las que generan que muchos chicos no quieran vivir su primer amor por miedo al qué diran.

    Creo que las etiquetas sobre orientación sexual salen sobrando, que incluso algunas personas que hoy se autodenominan “heterosexuales” pudieron haber sentido un enamoramiento con algún amigo de la adolescencia, un enamoramiento que uno se nega a vivir porque se es “heterosexual” y eso está prohibido.

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  3. Diego 4 junio 2011 22:21 pm #

    Muchas gracias Javier por lo que nos cuentas. Realmente me lleva a reflexionar sobre muchos puntos que hoy están siendo discutidos por la sociedad. Principalmente porque lo que está apareciendo, o que debiese aparecer, en el debate público es que no sólo se trata de dos personas que quieren estar juntas, sino que además de un juego de valores asociados que no pueden pasarse por alto, el amor es uno de ellos. Me alegra mucho que hayas tenido la oportunidad de rencontrarte con tu primer amor y que hayas sacado conclusiones tan potentes.
    Realmente tu testimonio me conmueve.
    muchas gracias

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  4. Felipe 5 junio 2011 13:47 pm #

    Es increíble, saber cuantas personas le sucede lo mismo, y lamentablemente por esas “reglas sociales” les impiden poder hacer lo que sus corazones y vidas indican.
    Creo haberme pasado eso, sentir que tienes un amigo y que lo quieres… y que tienes una relación más allá de la amistad, pero sin besos ni sexo. Pero en el fondo lo sientes como tuyo, como tu compañero… quizá una manera distinta de vivir un “pololeo”.
    Pasa a muchos actuales homosexuales y actuales heterosexuales.
    Muy buena la historia, triste a la vez. Lamentablemente, derepente la sociedad nos llega a ser más fuerte que nosotros mismos, y que nuestro coraje de aceptar y jugarnos por lo que sentimos.

    Saludos.

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  5. Cristian 5 junio 2011 20:53 pm #

    Al leer la historia me pregunte, Si lo que sentistes a los 17 años fue tan fuerte que hasta el día de hoy todavía lo sientes, entonces por que no luchar? ( Creo que irse al extranjero no es un impedimento para que estén juntos y que tu tengas tu vida ya “hecha” tampoco).

    Entiendo que a los 17 años uno no sabe lo que quiere en la vida el miedo de tomar una decisión como está no es facíl, pero hoy ya tienes la madurez y más o menos sabes lo que quieres ( y tu compañero o amigo también tiene esa madurez).

    Creo que la debes preguntarte es ¿ Si no hago nada, a futuro me voy a lamentar de esta decisión?. Si tu respusta es que si, entonces voy la peleo, por que así por lo menos tengo un “lo intente”.

    Hoy todo el mundo o la gran mayoría maneja su vida de acuerdo a “lo que los demás piensan o hacen”, pero puedes controlar lo que los otros hacen o piensan?? No verdad, entonces mi punto de vista es que no podemos basar nuestras vidas en cosas que no podemos controlar, Pero puedes tu controlar el sentirte mal por no haber intentado algo?? Claro que sí.

    Claro está que es un consejo, tu manejas más información, suerte y ánimo.

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    • Carlos 20 diciembre 2013 11:55 am #

      Qué respuesta más buena Cristian. Definitivamente todas las decisiones están en nuestras manos. Una amiga dijo hace muy poco algo muy cierto: “Los seres humanos somos los más huevones, porque nos hacemos daños a nosotros mismos”. A veces hay que tomar una decisión y aceptar los riesgos que ello conlleve, pero mientras nos haga felices hay que seguir hasta el final. Todo está en nosotros.

      :)

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  6. Tomas 6 junio 2011 10:18 am #

    Javier, tu historia fue parecida a la mía.
    Mi mejor amigo se transformó en mi pareja, estudiamos siempre juntos, las vacaciones, teníamos nuestros códigos propios, hasta que su madre se dio cuenta y comenzó el doloroso proceso de distanciamiento. Hoy está casado y yo incluso fui invitado a su matrimonio.

    Tienes la oportunidad de que esta experiencia te haga crecer, aprovechala para ser una persona mejor, más completa, así estarás más tranquilo contigo mismo y con tu vida, pues aunque uno no puede elegir su opción sexual si puedes optar como asumirla.
    Saludos

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  7. Nico, 21a 20 junio 2011 22:43 pm #

    muy conmovedora, d verdad

    si aun sientes ese amor deberias luchar por el

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  8. manu 37 años 29 junio 2011 22:56 pm #

    dejan muchas enseñanzas estas historias

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  9. Ignacio, 22 años. 1 octubre 2011 16:13 pm #

    Javier, juégatela! Trata de compatibilizar tus proyectos con los de él. Quizás puedas trabajar allá…

    Pololeo a distancia, y entre Europa y Chile hay mucha distancia. Pero viajando más o menos seguido, trazando líneas a futuros, la cosa puede ser compatible, puede resultar…

    Piensa que, por lo menos es lo que creo, a uno no le gusta el riesgo. Y si ahora no te la juegas (bajo el supuesto que hay reciprocidad), es difícil que uno se atreva después.

    Todo lo mejor y, más que suerte, éxito.

    Saludos!

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  10. Andrés 29 agosto 2012 19:56 pm #

    Me encantó la historia, me encantó que tuviera “esa” magia, y que tu tuvieras “ese” algo en las palabras que las hilvana como si fueran una sola cosa, como un espejo de tus emociones verdaderas. Me sentí como en un cuento de Simonetti.
    Lo más curioso e irónico es que cosas como esta pasan a diario y la forma pesa mucho más que el fondo, en esta sociedad. Lo bueno es que, lentamente el paradigma está cambiando y el fondo parece que timidamente empieza a demandar su lugar en nuestra sociedad. Saludos y éxito en tus proyectos.

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  11. Mauricio 13 junio 2013 19:38 pm #

    Muy linda tu historia, te felicito por el valor que tuviste para publicarla. Te aconsejo que no te rindas amigo, si sabes que es un amor real y honesto, LUCHA POR ÉL! no dejes que la vida los separe, él tendrá estudios en el extranjero y tú proyectos, pero… de qué vale estudiar y trabajar sin tener a esa persona que tanto amas a tu lado? De qué sirve vivir sin amor? Amigo piénsalo, y si hay amor pues lucha por él, yo creo que con muchas ganas y por amor, todo se puede. Que te valga el qué dirán, pues tú no vivirás toda tu vida con esa gente malintencionada y homofóbica, sino con otro, con el amor de tu vida.

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