Sin apurar la etiqueta
Existen muchas personas que, luego de un período de confusión juvenil, dejan de estar confundidos y se dan cuenta de lo que verdaderamente son o, al menos, de lo que creen que son. Esto puede ser visto como el fin de un proceso, pero no necesariamente es así. Pues ocurre que muchos que ya se sienten parte de este nuevo estatus no se sienten aún cómodos con él, o que han tenido primeras experiencias tan poco felices que vuelven a confundirse; esta vez, en la dirección opuesta. La única lección que podemos sacar de este episodio tan común es la de no ponernos etiquetas anticipadamente. No hay para qué decir “soy gay”, “soy heterocurioso”, “soy lesbiana”, “soy bi”, “soy heterosexual”… Esa etiqueta anticipada lo único que nos produce es mayor ansiedad. Nadie impone plazos para definirla. Cada uno debería vivir la vida según las ganas y los intereses que tenga en ese minuto, sin presión alguna y tomándose todo el tiempo que necesite. Solo el tiempo nos dará la respuesta.





































Yo creo que es una necesidad humana identificarse con ciertas cosas, más aún cuando hablamos de nuestra “tendencia sexual”, por lo que veo difícil pensar en no “apurar la etiqueta”.
En mi caso, desde chico miraba a los niñitos como yo, los encontraba “lindos”, pero cuando me gustó por primera vez un hombre, a los 12 años, por ahí por el año 2003, ese mismo día dije: Soy Gay! apresurado o no, así fue… estaba en lo correcto, aunque también podría haberme equivocado.
Por eso soy más de la idea de estar abierto a los cambios, y tener claro en la adolescencia que uno puede optar por un camino, pero no sabremos si es el correcto hasta que nos lleve a destino.
Javier, completamente de acuerdo contigo. Creo que los jóvenes confundidos sobre su etiqueta no existen, existen los que temen aceptarlo cuando la etiqueta dice gay.
No apurar las cosas, solo disfrutar, a medida que avanza la historia, sola tendrá un desenlace