En JovenConfundido.com buscamos proveer de información a jóvenes con dudas sobre su orientación sexual, ya sea una mera confusión adolescente o un secreto terrible guardado por mucho tiempo.

No está dirigido a activistas, ni a investigadores, ni a quienes dicten cátedra porque tengan todo resuelto. Ver más

Samuel, 20 años, Santiago. Chile.

Daniel KesslerEstoy escribiendo estas letras luego de pasar un rato leyendo testimonios… ¡¿Por qué no me enteré antes?!

En este instante puedo decir que no estoy confundido (aunque sí me cuesta un poco definirme, pero probablemente soy Bisexual) y la intención tras este testimonio es de empatía, quiero compartir mi historia que quizás pueda ser útil para otros.

Crecí en un colegio católico de hombres. Creo que esa es una de las razones por las que demoré tanto en ‘pegarme la cachá’. A diferencia de muchos testimonios que he leído, a mí me encanta jugar a la pelota, forcejear, hacer deporte y lo que sea. Por otro lado, tengo gustos no tan masculinos también… cuando tenía 15 y Justin Bieber saltó a la fama yo era su seguidor número 1 (era tan lindo…)

Volviendo a lo que nos concierne, nunca pude darme cuenta de que me gustaban los hombres cuando era chico. Mis compañeros eran mis partners, no podía mirarlos como algo más. Excepto a 1… En 1ero medio comencé algo así como una relación (hipersecreta) con uno de mis compañeros, que llegó a un punto de mutua dependencia emocional (e incluso física) por un tiempo. Luego, y hasta el día de hoy, él anda con niñas. No sé qué pasó ahí, yo estuve bastante feliz durante ese período, pero él insiste en que ‘no recuerda’ lo que pasaba.

En fin, por ahí por tercero medio ya tenía claro que me gustaban los hombres, aunque igual me negaba un poco. Era como mi placer culpable. Le conté a mi círculo cercano de amigos una noche de tragos, algo fría al comenzar la primavera y mi ‘salida de closet’ duró 5 minutos. Las reacciones incluyeron un par de preguntas, un par de bromas, y cambio de tema. Nada por lo que exaltarse.

Entrando a la universidad comencé a conocer gente, mujeres incluidas, donde tuve el despertar completo de mi orientación sexual. Me sentía tan bien porque me gustaran los hombres. O sea… solo hay que mirar alrededor!!!

Hace poco tiempo le conté a mis padres, tratando de no convertir la situación en algo ‘demasiado importante’, ya que para mí realmente no lo es. Obviamente me hicieron notar sus inquietudes, pero el lema es ‘sé feliz’.

Este último tiempo me he sentido completamente abierto, salgo con hombres en público (sin demostraciones de afecto demasiado grandes) y si bien he vivido experiencias negativas menores (sí, la gente mira), en general siento un nivel de tolerancia suficiente. Y sinceramente, si a alguien no le gusta el problema no es mío.

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Carta abierta de una persona arromántica a la comunidad sexual y romántica

the most human colorHola, soy arromántica.

            No, no soy una planta.

            Tampoco soy un robot.

            Esta no es una broma.

            Soy arromántica.

Esto significa que no siento atracción romántica hacia las personas. No me enamoro, nunca lo he hecho, y la verdad es que el tema tampoco me interesa. Es decir, aunque pudiese estar en una relación amorosa – porque no tengo ningún trauma ni impedimento al formar lazos, no quiero estarlo. Estoy feliz soltera.

También, estoy segura que no tienen idea de lo que estoy hablando. Dentro del espectro de la orientación sexual – que se considera más bien fluida que binaria, se puede ser heterosexual (atracción a un género único distinto del mío), homosexual (atracción hacia mi mismo género), bisexual (atracción hacia mi mismo género y otro(s) distinto(s) del mío) pansexual (atracción sin importar el género con que la persona se identifique), o asexual, que es la no experimentación de atracción sexual.

Ser asexual no significa que no puedas tener sexo, o que no puedas reconocer atractivo o belleza física en la gente. Tampoco tiene que ver con la libido, sino que tiene que ver únicamente con la atracción, con la inclinación a. Y no, las personas asexuales no son heterosexuales, no son necesariamente célibes, y no tiene nada que ver con los votos de castidad. Simplemente no sientes atracción sexual, no tienes necesidad de un “buen beso” así por el puro hecho de la hormona, o no quieres tener sexo ni ninguna actividad de ese tipo porque no te llama la atención.

Ahora, lo común es que asumamos que la orientación sexual es la misma que la orientación romántica, es decir, que nos sentimos dispuestos/capaces de formar lazos románticos con las mismas personas que nos atraen sexualmente. Esto no es sólo un problema de sobre-sexualización de los afectos y de la sociedad, sino también un error.

La orientación romántica no es necesariamente la misma que tu orientación sexual. La división de ellas, sin embargo, son más o menos las mismas, sólo que quienes no experimentamos atracción romántica, que es la sensación en las personas que genera deseo de una relación romántica, nos denominamos arrománticos.

Para nosotros no hay necesidad alguna de emparejarse con alguien por razones románticas, aunque podamos hacerlo. Lo que sentimos es amor afectivo – como el amor fraternal, el que se siente entre padres e hijos, o como el amor platónico, siempre y cuando no se considere este en su acepción popular, y errónea, de ‘amor imposible’.

Tenemos sentimientos, como cualquier persona, porque somos personas. Ser arromántico no significa que seas frío o que no tengas corazón. No significa que no seas una persona apasionada – a mí, en lo personal, me consideran y me considero una persona terriblemente intensa, apasionada, amiga de mis amigos, un poco enojona. Soy entregada a lo que estudio, a mis relaciones de amistad, amo a mis amigos, a mi patria, amo a mi gato.

Simplemente no tengo ningún deseo exclusivamente romántico hacia alguien. No me interesa estar en una relación, y no es porque no he encontrado a la persona indicada, o porque no se me ha dado la oportunidad. Entonces, ¿no tengo relaciones de ningún tipo?

No. Los arrománticos tenemos un término para ejemplificar el deseo fuerte de estar en una relación íntima con alguien, pero que no tenga romance – ni, opcionalmente, sexo, de por medio. Es una atracción afectiva intensa, algo así como un “enamoramiento” sin el romance: se llama arrobamiento. Es algo más fuerte que una mera amistad, aunque te arrobes de las personas que son también amigos tuyos.

Incluso constituimos relaciones en torno a eso, relaciones platónicas, que en inglés se llaman Queerplatonic Relationships. Yo estoy en una, con dos amigas, una de ellas es asexual, y la otra demisexual, sin orientación romántica definida (aún). Demisexual significa que sólo siente atracción sexual respecto de las personas con las cuales ya tiene un vínculo. No estamos enamoradas, no hay sexo de por medio, y no por eso cualquiera de las tres – hablo aquí también a su nombre, y les agradezco el apoyo que me han dado mientras escribo esto, dudaría en afirmar que somos “los amores de nuestras vidas”.

He estado en varias relaciones amorosas que terminaron siendo bastante desafortunadas. Tengo 21 años y he pasado la mayor parte de mi vida sintiéndome incómoda hacia las relaciones romántico-sexuales tal y como las tiene el común de la gente. Cada vez que estuve en un pololeo, o “andando” con alguien, fue porque decía que ‘si’ al asumir erróneamente que eso era lo que tenía que hacer, lo que se esperaba de mí, aunque nunca haya querido estar realmente en cualquiera de esas relaciones.

Cuando era niña – estamos hablando de tres o cuatro años, mi mejor amigo era mi vecino. Él tenía un hermano mayor, y les dije a mis padres que me “gustaba”. Hasta el día de hoy me lo recuerdan porque, cuando me preguntaron, entre carcajadas, si es que sentía mariposas en la guata, o si quería que me regalara flores, yo dije que no. Respondí que no, que simplemente me gustaba porque eso era lo que se suponía que tenía que pasar. Obviamente, esto lo formulé en términos mucho más infantiles.

La primera vez que fui consciente de sentir un afecto fuerte hacia alguien fue hacia mi mejor amiga, quien hoy es como mi hermana. Tenía 10 años, y no me imaginaba pasar el resto de mi vida – dentro de lo que significa “para el resto de la vida” a una persona de 10 años, con alguien que no fuese ella, porque no me entraba en la cabeza que no pudieses querer pasar tu vida con tus amigos. Ella me dijo que no, que así no se suponía que tenían que ser las cosas. Que claro que seríamos amigas, pero que tendríamos pololos, saldríamos a fiestas, quizás tendríamos hijos, una casa, una carrera, una mascota. Pero no, que no se suponía que pasaras la vida con tus amigos, se suponía que te enamorabas. Yo no entendía por qué.

En sexto básico, y principios de séptimo, entre mis compañeros de curso se impuso la moda de jugar al “Semáforo”. Es una especie de policías y ladrones, pero con besos: verde en la mejilla, amarillo en la mano, rojo en los labios, y nos turnábamos entre unos y otros para perseguir y ser perseguidos. Yo lo odiaba, pero no jugarlo, era pasar el recreo sola. Lo odiaba porque no lo entendía, lo creía un juego un tanto estúpido, y no lograba comprender cómo mis compañeras estaban tan interesadas en los besos y en llamar la atención de mis compañeros. Sabía que la gente se besaba y salía, y qué sé yo, pero para mí eso no pasaba en la vida real, ¿quién lo querría?

Eso pasaba en la televisión, con clichés sobre fuegos artificiales y música Billboard, con parafernalia y drama de secundaria gringa, sólo para darme cuenta de que era la única que pensaba así. Le llamaron pubertad tardía, me dijeron que algún día me interesaría, que llegaría la persona correcta. Hasta el día de hoy no me interesa, nunca quise a mi media naranja, porque puede ser que siempre fui una naranja completa que buscaba otras naranjas para hacer amigos. Buscaba al árbol, no a media fruta.

Pero, entre los 12 y los 21 hubo pololeos que llegaron con un sí desesperado ante la posibilidad espeluznante de no encajar, de saberte el bicho raro. Entre los 12 y los 21 hubo un primer beso en una fiesta del Colegio Verbo Divino, con un tipo que no había visto antes en mi vida, ya que la curiosidad fue más grande. Quería saber qué era lo que les llamaba tanto la atención a mis amigas, y quizás si lo intentaba descubriría el porqué.

No lo hice. No lo hice, y di pie a la lucha conmigo misma de adaptarme a un molde que no me correspondía. A la lucha ante la noción de crecer y quedarme sola, porque al igual que muchas otras personas, tenía erróneamente asumido que estar soltera era estar sola.

Con esos años entre los 12 y los 21 vinieron los llantos explosivos ante la posibilidad de que mi pololo de aquel entonces terminara conmigo, porque si bien no estaba enamorada de él, estar soltera era estar sola. Ante un grupo de amigas donde todas pololeaban, era quedarme fuera de algo que parecía no estar destinada a participar. Era consumarme como paria terminal, porque cuando tienes 16 el rechazo de tus pares te liquida. Que quieras ir en contracorriente del mundo no significa que quieras hacer lo mismo con tus pares.

Dentro de esos nueve años tuve un pololo a quien consideraba mi amigo, y pensé, ilusamente que si yo lo consideraba así, no había ningún problema. Claro que lo había, yo no era su amiga, era su polola, y soy un asco de polola porque el romance es un idioma que no hablo, es un idioma que no entiendo. Claro que lo quería, pero yo no estaba enamorada de él, cuando él sí de mí. Fue un desenlace desastroso. Con él hice mis primeras formulaciones sobre mi orientación, y a él más que a nadie le debo una disculpa por el daño colateral que causo mi negación.

La primera vez que identifiqué una atracción como arrobamiento tenía 18 para 19, y me dijeron que no era suficiente, que alguien más lo estaba esperando y había decidido salir con esa persona, aunque yo fuese su polola. Es decir, ¡hombre al agua! Ahora eres la ex. Fue la primera vez que sentí que mis esfuerzos eran insuficientes, y quizás cuando realmente comencé a comprender que no lo serían, porque eran esfuerzos para calzar en algo que no era mío.

Pasaron dos años, y puede haber estado en una relación con alguien a quien yo le gustaba, pero formulé mi orientación en voz alta por primera vez: soy arromántica, soy asexual. Creí que podría funcionar si era sincera, si dejaba claro que enamoramiento no era algo que se podía esperar de mí. Fue la primera vez que alguien me dijo, a la cara y sin decoro alguno, directa y confrontacionalmente que era inhumana, que si no consideraba el sexo una necesidad básica, entonces era como una planta, que como podía vivir si enamorarse era lo “normal”.

También fue la primera vez que en lugar de bajar la cabeza, di la pelea y dije “no me toques”. La primera vez que me permití renunciar a la presencia de alguien en mi vida, porque la guerra conmigo misma se había empezado a terminar: ser feliz conmigo, aceptarme y quererme como soy era, es, más importante que esconderme.

Cuando te han repetido toda tu vida que te tienes que enamorar, pololear, y casar; cuando vives escuchando bromas sobre mujeres solteronas o que se les fue el tren, cuando tus propios familiares te preguntan si no te asusta quedarte sola, porque las mujeres con tu personalidad, las mujeres tan intensas, espantan, como si estar soltera fuese lo mismo que estar en el desamparo máximo. Cuando te lo han repetido toda tu vida, llega un punto en que no puedes hacer más que explotar.

Enamorarse no es lo normal, es lo más común. El sexo no es una necesidad básica, porque si lo fuera – como sí lo es comer-, ya me hubiese muerto hace años por falta del mismo. ¿Y yo? Yo no estoy muerta.

¿Por qué, entonces, hacer una carta anónima si estoy tan segura y orgullosa de mi orientación? Por varias razones: en primer lugar, porque lo importante es el mensaje, no el mensajero. En segundo lugar, porque no pretendo que todo el mundo me crea, hay quienes dirán que esta carta abierta es la cúspide del relativismo, hay quienes dirán que estoy amargada, que se me fue el tren, o que soy una Sexual-Romántica traumatizada.

Mi carta no es para ellos, mi existencia no necesita de explicaciones ni analogías para ser más válida, mi vida y mi orientación es válida independientemente de lo que ellos digan.

Mi carta es para esas personas de la comunidad LGTBQIA que no creen en una sexualidad ni en una afectividad binaria. Mi carta es para aquellas personas que sabemos que la A en el acrónimo no debería otorgársele a los aliados – por muy importantes que sean-, sino a los Asexuales y a los Arrománticos. Mi carta es para esa persona que le pudo haber pasado lo mismo que a mí, que le puede estar pasado lo mismo que me pasó a mí.

Mi carta es porque la Aromantic Awareness Week – Semana de difusión del Arromanticismo, es del 10 al 17 de noviembre, y es la semana de mi cumpleaños. Pararme hoy, frente a la comunidad y decir sin miedo que soy arromántica es el mejor regalo de cumpleaños que me podría haber hecho.

No estoy muerta, dicen que la peor guerra es con la discriminación externa, el miedo a que te descubran con alguien de tu mismo sexo; miedo que, si bien viví, no se compara con el campo minado que se vuelve tu autoestima, amor propio y tu propia mente. Ahora, después de dos años de feliz soltería, amigos que adoro, y una queerplatonic relationship encima, por la cual trabajo día a día, codo a codo junto a dos personas más para que funcione, para mantenerla, por fin dije: “No más.”

No más angustia, no más mentirme a mí misma, no más sentimientos de inadecuación. Soy arromántica, no siento atracción romántica en grado alguno, y ni siquiera entiendo el romance, no me gusta coquetear, no me interesa el sexo, y ya no me da miedo quedarme sola, porque por fin me di cuenta que no estaba rota, porque nunca hubo nada que necesitaba repararse. Por fin entendí que soy distinta, pero no anormal.

En una sociedad donde las primeras preguntas que nos hacemos es si “estamos pinchando” con alguien, en una sociedad donde el amor se volvió un bien de mercado, donde seguimos haciendo bromas retrogradas sobre que se nos vaya el tren, las personas como yo, no deberíamos existir, olvidando que somos mucho más que nuestra orientación, o nuestro relacionarnos en el plano romántico.

En una sociedad donde tu validez está dictada por tu participación en el romance, la lógica del sistema dicta que las personas como yo no deberían existir. Sin embargo, existo, y el mundo debería aprender a lidiar con eso. Además, ¿qué es precisamente “lo normal” en un mundo de existencias únicas e irrepetibles?

Una arromántica-asexual.

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Sergio, 17 años, Viña del Mar. Chile.

Daniel 2Bueno, no sé por dónde empezar. En primera instancia quiero agradecerles por este espacio, apenas lo vi sentí la necesidad de compartir mi experiencia, quizá algunos se sientan identificados, a otros quizá les ayude, etcétera.

Todo comenzó el año pasado, no voy a decir que siempre fui gay porque recuerdo perfectamente que me gustaron minas, pero en el 2013 sucedió algo que hizo que mi vida diera un giro en 360 grados.

Resulta que me gusta salir con mi vieja, pero me molesta cuando entra al supermercado. Yo vendía preventas para ciertas discos y eventos, entonces la típica historia era que entrara mi vieja a hacer sus compras al super y yo me encontraba con alguien y mataba el rato, no sé por qué ese día no fue así y entré con ella.

Después de 30 minutos desde que dije que estaba aburrido nos fuimos y recuerdo que me sentí extraño con uno de los empaques (evidentemente era gay, no sé por qué lo sabía, tenía ese letrero invisible que solo nosotros podemos leer). Algo me sucedió que me descolocó. Nunca antes me había pasado el rollo con un mino, no por tabú, ni porque me diera cosa, sino que nunca se me pasó por la mente.

Tiempo después recuerdo que me agregó a face, su apellido era de un emperador Romano y su nombre, bueno, su nombre lo censuraré y le llamaré “Esteban”. Teníamos buena onda, hablábamos con regularidad y no sé, me hacía sentir extraño, era como una sensación de estar completo.

Después de un tiempo concretamos una cita, recuerdo que fue el 25 de Julio del año pasado, nos juntaríamos a las 18:00 horas. Yo estaba súper nervioso porque no sabía lo que estaba haciendo, tuve un conflicto conmigo mismo y encendí un cigarro, llegó a las 18:17 (Sí, con él recuerdo todo perfectamente) y al verlo a los ojos sentí que me robó todo el aliento, sentí que el mundo se detuvo cuando miré sus ojos de terciopelo negro. Dimos un paseo y conversamos, conversamos muchas cosas, me hacía reír, me miraba a los ojos, yo estaba encantado.

Él era introvertido en algunos aspectos, era de closet, tenía algunos problemas familiares, pero el hecho de que sonriera con tanta naturalidad a pesar de eso me contagiaba. Llegó un momento en que nos quedamos en silencio y de una forma u otra nos besamos. Me confirmé a mi mismo que era diferente a mis amigos, a los demás huevones, pero no me importaba, en ese momento fuimos solo él y yo en un eterno segundo esa noche de invierno.

El tiempo pasó y conoció a mis amigos, yo era más mateo que él así que lo ayudaba a estudiar, salíamos, comíamos pizza, vivimos también muchas aventuras. Para mí fueron aventuras tan grandes que no tengo palabras para narrarlas, solo las noches frías y las botellas vacías de vodka fueron testigo de lo que vivimos. Sus problemas familiares a veces lo tenían mal, pero ahí llegaba yo, a donde sea que él estuviera iba a llegar yo, así sea que hubiera tenido que atravesar el mundo entero lo hubiera hecho (escribo esto y sin querer se me caen algunas lágrimas), y cagué po, me enamoré.

Resulta que comenzó a ir a una disco gay que hacen en Valparaíso para menores de edad, yo no soy celoso así que me daba lo mismo, confiaba mucho en él. Un día lo convidé a un café de nombre italiano al que voy seguido. Él estaba con la mirada distraída y comprendí que algo andaba mal, le dije que al terminarnos el café fuéramos a hablar a otro lado, más tranquilos. Me tomé el Mokaccino al seco.

Al frente divagó y me dijo “creo que necesitas a alguien mejor que yo”, lo encontré tierno y lo miré a los ojos diciéndole “quizá hay muchos mejores que tú, pero yo solo te quiero a ti”, agachó la cabeza y me dijo que quería dejar lo nuestro hasta ahí, no comprendí y le pregunté si es que a caso no me quería más, lo negó y me besó, le insistí tanto que me dijera lo que sucedía y me dijo “Es que, hace unas semanas… Te fui infiel”. Mi mundo se detuvo, vi pasar todos los recuerdos de él, las promesas que nos hicimos, todo. No lloré, pero le dije que para mí ya no existía.

Me fui y caminé hasta que no pude más, me senté y lloré. Lloré poco más de 3 meses, cerré el año por mis buenas notas y cambié a mis amigos por profesionales (psicólogos, psicoanalistas, etc.) y así me sumí en una depresión terrible.

Me costó mucho salir de eso, pero ahora aprendí a apreciar ese amor efímero, porque no todos tienen la oportunidad de decir con certeza que han amado. Yo sí, aunque fue un amor corto, fue el sentimiento más hermoso que he experimentado. No teníamos nada, pero lo tuvimos todo.

Ahora lo recuerdo con cariño, he madurado en muchos aspectos, salí de cuarto medio y entraré a la Universidad el próximo año, he tenido otras relaciones aunque me ha costado, este secreto lo he guardado muy cuidadosamente pero creo que quizá a alguien le sirva de ejemplo, un ejemplo de que todo se supera.

Creo que el mejor consejo que puedo darles es que tengan cuidado con las personas, aprendan a conocerlas. Vean el lado positivo de las cosas. El día de mañana probablemente nuestros recuerdos sean un gran tesoro para nosotros.

Muchas gracias.

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León, 21 años, Valparaíso. Chile.

boy horizonHola, mi nombre real lo mantendré reservado, pero me apodo León. Vivo en Valparaíso desde pequeño, estudio en una tradicional privada y vivo con mis padres. Me motivó escribir en este sitio porque a pesar de que soy inmensamente feliz con mi vida, siento que me falta cumplir con el deseo de tener un amigo gay, con quien poder sentir complementariedad y complicidad; una amistad de verdad.

Antes de seguir con el tema, quiero compartir el momento en que salí del closet. El tema de mi orientación sexual es un tema superado, afortunadamente. Sin embargo estimo necesario contarla, para quienes aún no se sientan seguros de dar el paso sepan que habemos muchos que ya lo hicimos y la vida se torna mucho menos problemática.

Lo hice a los quince años. Finalizando el año anterior, experimenté mi primer acercamiento sexual con un compañero de curso, pero bastante ingenuo. Éramos bien amigos, quizás sin conversarlo cachábamos que éramos del mismo equipo. Luego él se fue del colegio y no lo volví a ver, aunque eso no fue problemático para mí, si recuerdo que lo fue todo el proceso de hacerme consciente de lo que había hecho con él.

El año que cursé primero medio lo recuerdo marcado por toda la información que leía en internet respecto a la homosexualidad. Yo nunca sentí que el hecho de ser homosexual era malo, porque yo estaba muy seguro que mis sentimientos no eran enfermizos, sentía que era normal sentirse así. Sin embargo, no desconocía que socialmente el ser gay era algo indeseable y motivo de burlas y chistes. Quizás mi convicción personal me hacía sentir que el resto estaba muy equivocado. Cuento corto, finalizando el año 2008, mi papá escuchó una pelea por teléfono que tuve con una amiga. Él pensaba que ella y yo teníamos algo. Luego de acabar la conversación con ella, mi papá me dice- ¿te gusta mucho ella, verdad?- a lo que yo le respondo que no. Ese momento sentí que era el adecuado, y así lo hice. Le dije -soy gay-. Le cayó una lágrima y me abrazó, diciéndome que siempre me ayudaría. Luego se lo contó a mi mamá, quien no reaccionó bien. Ella pensaba que lo que sentía sería transitorio, se lo negó a ella misma por mucho tiempo, y le cargaba hablar del tema.

Cuando entré a la universidad ingresé a una organización de diversidad sexual, y ahí fue cuando adquirí mayor confianza conmigo mismo y empecé a defender abiertamente mi orientación sexual y la visibilizarían entorno a estos temas. A mi mamá le costó, pero finalmente logró comprender lo que ella sentía eran prejuicios sociales. Actualmente nos llevamos súper bien, ambos me respetan muchísimo. Siempre que escuchan comentarios discriminadores salen a defender la homosexualidad. Fue un proceso ultra largo, que tuvo una evolución de mis padres gracias a mi postura frente al tema, en el que me vieron seguro y con argumentos consistentes. Aunque respecto a lo último, es súper odioso siempre contar con argumentos para defender quién eres, pero es necesario en el contexto social en el que vivimos.

Bueno, siguiendo.. mi primer año de universidad de caracterizó por conocer a muchas personas gay y conocer los antros nocturnos. Estaba muy dispuesto a conocer. Fue súper positivo para mí explorar un ambiente que me llamaba mucho la atención en ese momento, las personas gays y los locales nocturnos, sin embargo terminé por alejarme de todas esas personas que conocí por roces causados por mi incompatibilidad con ellos. Sentí que no compartía muchas cosas en común con mis nuevos amigos, además de vivir experiencias no muy gratas durante la amistad.

Después conocí intermitentemente personas por internet, con las cuales no logré encontrar amistad. Me ha sido súper difícil la búsqueda de un amigo con el que sienta afinidad, hasta el punto en que ya dejé la búsqueda. Y ojo, que no busco ni a un pololo ni amigo con cover, sólo a un buen amigo. Me encantaría tener a un amigo con quien conversar temas que me apasionan, compartir hobbies, viajar e invitarlo a mi casa, por ejemplo. Aún así tengo a mi mejor amiga de la vida, y con ella me siento súper feliz, la quiero mucho, pero me gustaría también ampliar más mi círculo social. ¿En qué lugares o contextos puedo encontrar a ese amigo, que no sea ni en discos ni por internet? No busco una respuesta, sino compartir puntos de vista.

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Gustavo, 24 años, Providencia. Chile.

Lost Lonley LuggagePrimero que todo, debo agradecer a quienes tuvieron esta magnífica idea y también a quienes se preocupan de actualizar las historias de la página, etc. Ya que desde hace mucho tiempo que realmente puedo leer las historias y más de alguna tiene similitud con la mía. Ahora decidí escribir un poco de mí.

Mi nombre es Gustavo, tengo 24 años y vivo en Providencia, estoy en Santiago por motivos de estudio (y por arrancar en verdad) de mi ciudad de origen en el sur. La verdad es que de chico tuve un interés por los hombres, desde que tengo noción supe que era homosexual y lo digo así porque claramente me siento atraído sexual y emocionalmente por los hombres.

En esta ciudad en donde yo viví todo el mundo se conoce con todos, por lo tanto sabías la vida de todos, y si tenías la oportunidad de salir a fiestas y conocer más gente, era peor aún. Sufría de bullying en el colegio porque no era como mis compañeros, entiéndase hablar puras estupideces, de mujeres, jugar fútbol o ser buenos en los deportes en general. Por ser más llamativo, siempre fui grande, entonces era fácil de reconocer.

Entré a la enseñanza media y me cambié de colegio y pronto todo el mundo en este colegio sabía, quizás yo tampoco lo ocultaba (Salir con mujeres, tirar comentarios de mujeres, autos, fútbol o qué sé yo, etc), a tal punto que me encontraba con algunos tipos que eran amigos de mis ex compañeros de colegio y a unos cuantos metros, me gritaban palabras descalificatorias hacia los homosexuales, que creo que todos sabemos cuáles  son y de qué tipo, yo seguía caminando, destruido por dentro. Pensando estas últimas líneas, a uno le duelen tanto ese tipo de palabras, porque uno aun no lo acepta, y de cierta forma, no quiere dar en el gusto a las otras personas.

Pasé por distintos colegios durante la enseñanza media y pasó lo mismo. Creo que todo el mundo sabía, pero me hice de un grupo y el bullying no existía, nada más que tallas típicas de compañeros, hasta que uno comenzó a comportarse raro. ¿A qué me refiero con esto? ustedes deben haber conocido a más de alguno que es el típico gallo que le va bien con las mujeres, el “mino”, y este tipo comenzó a portarse de manera diferente conmigo. No había que ser un genio para saber que estaba tratando de probar algo, porque simplemente un tipo que es hetero no se comporta de esa forma, y ahí experimenté algo que me deja hasta hoy pensando (y que me ha pasado en otras situaciones también y peor, con gente con la que ni siquiera he hablado). Algunas veces cuando nos mirábamos, desde lejos, sentía un apretón en el pecho, como una descarga eléctrica (Tsss) jaja nunca supe que significaba, si él también lo sentía o era solo mío, así que si alguien más ha experimentado eso, que me comparta su opinión jaja.

Luego quedó la embarrada cuando me separé de ese grupo porque hicieron algo que me molestó, y a mí se me ocurrió preguntarle a ese chico si yo le gustaba y se enojó y todo el tema. Al año siguiente ni siquiera nos mirábamos,  les prometo que en todos los días de clases no nos miramos, ni hablamos, NADA.

Hasta que llegó la hora de ir a Santiago, yo feliz de poder comenzar una nueva vida, alejado de todo lo que “odiaba”, tuve muchas oportunidades de conocer o salir con chicos, pero siento que de todo lo que viví, lo que escribí no es ni siquiera 1/5. Todo esto me hizo ver la vida desde dos puntos diferentes, de ser fiel, honesto, noble, ser todo lo que no fueron conmigo y a veces, ver la vida como si nada me importara, creo que desarrollé dos personalidades jaja, pero al final del día predominan las primeras características. Además de quizás, por todo lo que sufrí, creo que puedo ver mas allá de lo que muestran las personas, diría que tengo una buena percepción (o algunos podrían llamarlo paranoia) jajaj.

Siguiendo en donde quedé, esas experiencias malas me rompieron la personalidad. Creo que aun tengo la autoestima tan baja que a pesar de haber tenido oportunidades para tener una relación o algo más físico, el miedo no me ha dejado superar los escollos.

Hace poco me reuní con una amiga de la infancia, fue como si no nos hubiéramos dejado de ver jamás. Conversando me preguntó si yo era Gay, y sabiendo lo open mind que es ella, y pensando que no conoce a ninguna de mis amistades acá en Santiago, le dije que sí, que si era Gay, y en verdad se sintió muy bien. Me ha hecho estar un poco más calmado con respecto a contárselo a mis papás y mis hermanos, que creo que ya saben (Hola! 24 años ¿y nunca una novia?), pero el temor a que te rechacen está presente siempre.

Ahora, tengo algunas preguntas, específicamente para personas con más experiencia, que han pasado por algo similar,
1.- ¿Voy a superar un día este miedo y esas trancas del pasado, para finalmente darme la oportunidad de ser feliz?
2.- ¿Qué métodos puedo ir haciendo a corto plazo para poder superar el miedo y digamos… ser Libre?
3.- Salí de mi ciudad de origen para “buscar” algo y ser más feliz, actualmente en “Santiago” no ha pasado y no soy tan feliz como pensaba, ¿Algún día podré encontrar mi lugar en este mundo o pasaré siempre arrancando de un lugar a otro?

Tengo el plan de irme una vez que finalice mis estudios a un país que sea más open mind que acá, creo que por el mismo hecho de ser del sur, aunque yo no quiera ser inflexible, a veces lo soy. Tengo la esperanza de que al menos allá voy a poder encontrar el amor que me hace falta y que mis miedos desaparecerán. Algunos pueden llamarme patético, iluso, romántico o como sea, pero, así lo creo. Quienes vieron alguna vez la Pelicula “Las Horas” me estoy sintiendo en este momento como sus personajes principales jaja, en fin, basta de dramas.

Muchas gracias por este espacio, les deseo lo mejor a todos.
“Muchas personas no viven sus sueños por estar viviendo sus MIEDOS”, la pregunta es, ¿cómo revertir esa situación?

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Alejandro, 27 años, Concepción. Chile

Soy un joven confundido, he tenido 2 pololos, 2 pololas. (polola-pololo-polola-pololo) y siempre he terminado con  mis pololas porque me atrae un chicho, y con mis pololos, por causa de mi familia, a quienes no puedo contarles nada y siento que no puedo estar con ellos mientras yo no ni siquiera  pueda hablar con mi padres.

Estuve harto tiempo solo para despejarme y así conocí a mi segunda polola. Todo bien, incluso le conté todo a ella. Luego conocí a un chico, por el que me jugué todo. A pesar de todas mis inquietudes. Por él me sentía capaz de todo, a modo de ejemplo: un día me pidió un beso en público. Me negué, pero al final se lo di. Me encanta él y me daba la confianza de hacerlo porque me hace sentir único y especial.

Lo triste es que nos separa la distancia y yo no podía seguir con eso, con no tener tiempo para él. Es tierno, atento, lindo, preocupado y lo único que él quería era estar conmigo y yo apenas podía darle eso, así que terminé, porque sentí que él debía estar con alguien mejor que yo.

Yo no me siento capaz de estar con nadie realmente. No sé qué hacer. Mi vida a veces no tiene sentido en verdad.

Soy una máscara en la vida.

Saludos,

PD: Lo extraño, no sé si me perdone, no sé si hablarle de nuevo, todos los días pienso en el. Hasta hoy todo me recuerda a él.

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