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Josefa, 24 años, Santiago. Chile

myriha 019 editedYa no recuerdo cómo llegué a esta página, pero fue justo el día después de tener  una “seudocrisisdeamor”, unos recuerdos y algo más. Nunca me he atrevido a contarle a nadie mi historia y creo que esta es una buena oportunidad.

Mi nombre es Josefa y vivo en Santiago. Les cuento: cuando era muy chica, de aproximadamente unos 8 años, mi mamá trabajaba en una casa, hacía aseo y esas cosas. La casa quedaba re cerca de la nuestra y yo, después del colegio, me iba para allá. En esa casa había una niña, chica, casi de mi edad, asumo que 2 años más grande que yo, nada más.

Con ella tuvimos un extraño juego para ser tan chicas: jugábamos a que ella “llegaba del trabajo” y “yo la esperaba” como a la mamá y el papá ¿se entiende? La cosa es que ahí fue cuando “la mamá” y “el papá” tuvieron su primer beso. Me sentí extrañísima, y obvio, mi mamá, que estaba trabajando, no cacho nada. Después de eso creo que atiné a no ir más, mi mamá se salió de ese trabajo y nunca más nos vimos.

Creo que después de eso tuve un mini beso con otra niña. No sé qué pasaba por mi cabeza en ese entonces, no tengo idea cómo me atrevía.

Luego de eso, en el colegio tenía algunos problemitas, me molestaban porque se suponía… insisto, se suponía que yo tenía más plata que ellos, mis compañeros. Me molestaban porque tenía zapatillas “caras” (soy hija única, así que puede entenderse por qué tenía algunas cosas que ellos, que tenían más hermanos, no), me decían que tenía el pelo feo, me decían que era fea, que era inteligente, pero fea.

Luego de eso, en 6to me cambié a un liceo de niñas. Entré feliz porque era un colegio bacán, ahora los compañeritos del otro colegio me preguntaban cómo me estaba yendo, cómo era el colegio, cómo eran mis compañeras, etc. La verdad es que me habían hecho tanto daño que poco me importaban sus preguntas pendejas y sus “preocupaciones”. Los olvidé y me concentré en mis notas, en el promedio y en la vida nueva que estaba llevando.

Llegar a ese colegio en pleno centro de Santiago desde mi comuna “vulnerable”, como le dicen, fue una gran experiencia. Comencé a ver cómo era la gente, cómo eran las niñas más grandes en el colegio, cómo se vestían, cómo se teñían el pelo, en fin… fue como una apertura de mente. Y en ese colegio fue dónde se forjó mi mentalidad, mis ideas y mis seudoamores.

Primero tuve una historia-trauma con un tipo de un colegio de por allá, cerquita de donde quedaba el mío. La historia con él partió normal, no me movía el piso así que bruto que movimiento, pero como venía con la autoestima por el piso, creí que era lo máximo a aspirar.

Así fue como mi grupo de amigas me dijeron que era mejor dejarlo, que no estaba siendo bueno para mí. Y luego de pensarlo lo dejé. Él no se lo tomó tan bien y comenzó a seguirme. Filo, la cosa es que dije “tontos weones los odio”. Luego de eso entramos, con mis amigas, a un grupo x que se formaba entre los niños de ese colegio de hombres con el de nosotras… para ellas era la gloria, para mí, pasar un rato divertido, conocer gente, en fin, era algo que necesita toda joven.

Así fue que en ese grupo conocí a varios niños que NO ENTIENDO CÓMO se fijaron en mí. Decían que me encontraban diferente a las demás y blsblabla esas cosas que dicen los niños para engrupirnos jajaja

La cosa es que el otro gil me dejó media traumada y yo, en mi mente adolescente, dije no pienso pololear nunca. Y al parecer fui bien fuerte de pensamiento y nada. Nada con nadie.

Después de mi cerramiento mental en mi mismo colegio conocí  a una niña. Era amiga de mi amiga, así que siempre nos topábamos en su casa y nos empezamos a conocer. Ella iba en 4to yo en 3ro. Ella estaba pololeando con una compañera de curso, la verdad es que se notaba que la quería mucho, y de verdad hacían muy linda pareja. Yo en realidad, ni un atado.

La cosa es que esta chiquilla empezó a mirarme más, me coqueteaba, y yo en mi corazoncito adolescente no hacía nada por resistirme. La cosa es que con ella nunca pasó nada, solo fueron un par de miradas y esas cositas en la guatita, porque ella seguía, al parecer, muy enganchada de su polola, luego ex, y luego polola de nuevo y ahora ex.

A fines de 3ro medio tuvimos la gira de estudios, en la que una no va a estudiar precisamente… y para ese entonces yo estaba muy en la volá de escuchar Miranda/KatyPerry/JavieraMena, muy con la cosa del open mind… Pero por dentro, no me reconocía como bi, ni como hetero, ni como homo… era una especie de masa viviente y pensante, nada más.

Esa gira de estudio tuvo la culpa del amor más lindo-corto-eterno que podría haber tenido. No correspondido, claro, pero amor al fin y al cabo. De mi curso pocas pudieron ir a la gira y por motivos de capacidad del bus nos unieron con otro curso. Y fue así como por cosas del destino la conocí. Siempre nuestros cursos estuvieron cerca en el colegio, pero yo jamás la había visto hasta ese entonces… visto así de ver y observar con atención, sus movimientos, su sonrisa, su risa, sus ojos… bueno. El punto fue que mi amiga la conocía y nos presentó.

A ella, al parecer, también le caí bien y luego de la gira seguimos conversando. Chateamos en las vacaciones hasta que nos volvimos a ver a inicios de 4to medio. Y así fue como en uno de los primeros meses del año, me pidió que pololeáramos. Yo, la verdad, explotaba de felicidad.

Así fue como fue creciendo nuestra historia, nos regalábamos cartas y éramos muy felices a pesar de no poder contárselo al mundo. Porque ella era muy re piola y yo también. Éramos felices en verdad, porque nadie sabía nada.

Hasta que un día mi mamá lo supo, me pidió el teléfono de la mamá de ella y (la verdad no recuerdo muy bien con detalles lo que pasó porque fue muy brígido todo para mí) y la llamó. Se juntaron y mi mamá le dijo que no podía aguantar una cosa así, que éramos chicas y que no, que no se podía. Su mamá era mucho más tolerante y la apoyó, pero mi mamá no.

Duramos cerca de 8 meses a escondidas, y finalmente decidió o decidimos separarnos, no recuerdo bien.

Luego de eso me vino una crisis, sabía que quería estar con ella, pero mi mamá es importante para mí, somos las dos solas. No sabía qué hacer, mi mamá era capaz de echarme a la calle si yo “no volvía a ser como antes”. Conversé con ella, me acobardé y le dije que no lo volvería a hacer más, que había sido un error, que no era posible que me gustaran las niñas, que yo era una niña de bien… que me iba a “recuperar” de esa “enfermedad”.

Se quedó tranquila (al modo mamá… siguió estando pendiente de mí a cada segundo del día), pero el tema no volvió a tocarse más.

Luego entré a la universidad. Conocí a Felipe, así le vamos a llamar.

Felipe me miraba, pero yo en mi modo chaotodotodos no pesqué. Felipe de cierta forma me hacía recordar a esta niña, sus manos, su pelo, algo tenía que se me hacía familiar. Al final me conquistó y pololeamos.

Felipe empezó a ir a mi casa, a conocer a mi mamá. Se llevan bien. Y ella obviamente saltaba de felicidad por al fin tener una hija “normal”.  Mi mamá me dijo que “ese tema” ella lo iba a olvidar, que era secreto y que nadie se iba a enterar nunca, ni Felipe.

Y Felipe nunca se enteró. Yo le digo a él que soy muy abierta de mente, que apoyo a los homosexuales porque sienten y viven como todos, se enamoran, etc. Y él también cree eso, así que está todo ok.

Pero mientras estaba en la universidad y estaba con Felipe, ella volvió a hablarme. Salimos, conversamos, etc. No entiendo por qué, si ella me había dejado, seguía hablando conmigo. Me hacía mal y yo creo que ella lo sabía. Pero ahí seguía. No la podía agregar a Facebook porque tengo ahí a mi mamá, y ella en la locura de madre se supo su nombre y quizás hasta su rut… así que mejor evito problemas.

Ahora, luego de terminar la universidad, sigo con Felipe. Me hace muy feliz, somos bien amigos, somos cercanos, somos uno los dos como la canción de  Miranda.

Ella ya dejó de hablarme, de pedirme consejos sobre cómo durar tanto con alguien, etc. No sé si aún se acuerda de mí, no tengo idea. Pero lo de nosotras fue tan lindo-caótico que no puedo no pensar en ella todavía… sí, a estas alturas de la vida.

Amo a Felipe, a ella la recuerdo con cariño.

Quiero hacer mi vida con Felipe, pero ella seguirá siempre en un lugarcito oculto de mi corazón. Ya no la recuerdo con esas ganas que tenía de volver a estar juntas.  Ahora quien se ganó esa parte de mi corazón fue Felipe.

Pero la verdad, si me enamorara de otra persona que fuese mujer, no me acobardaría tanto como aquella vez, le diría a mi mamá que así es su hija, que soy feliz con una mujer o con un hombre. Lo importante es la persona en sí, sus sentimientos, su carácter, y la capacidad -que quizás a estas alturas pocas personas tienen- de entregar amor verdadero.

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Edward, 18 años, Bogotá. Colombia

black-white-boy-confused-depressed-man-Favim.com-339143-300x300Hola, un saludo desde Colombia a todos los que empezarán a leer mi historia.

Quiero agradecer a esta página por permitirme contar mi historia, esto es realmente importante para mí, he estado leyendo las demás historias y son muy profundas y conmovedoras, me he identificado con muchas.

Bueno, tengo 18 años, mi historia comienza a los 11 años, mi infancia fue buena aunque pasé por situaciones difíciles. He vivido mis 18 años sin un padre, el mío nunca lo conocí, aunque mi madre lo ha sido todo para mí, es lo que más amo en la vida.

También viví la separación de mi familia que era muy unida, eso me empezó a cambiar, empecé a ser un chico solitario, antisocial y amargado, ya no tenía amigos, etc.

Durante toda mi vida escolar cambié de colegio al menos unas 9 veces ya que mi familia se mudaba de ciudad constantemente.

Siempre conviví más con mujeres que con hombres, ya que en mis largas vacaciones me quedaba en casa de unas tías a las cuales adoro, el caso es que entre más tiempo pasaba tenía más amigas pero menos amigos, eso me ponía triste pues deseaba poder tener un amigo y hacer todo lo que suelen hacer los amigos, veía a los demás compartiendo y yo no tenía un amigo con el cual compartir las cosas de chicos.

A mis 12 años me mudé a otra ciudad, recién llegamos y tuve una depresión intensa, todo debido a que sentía miedo de la sociedad, de que me criticarán y lo peor es que no existía una razón para ello, pues para esa época todo iba bien con mi orientación sexual,  quizás era inseguridad y desconfianza de mí mismo.

Después de un par de semanas decidí ir a mi nuevo colegio. Yo estaba en sexto grado, allí conocí a un chico de mi edad, él estaba en mi clase, fuimos muy buenos amigos, pero después de dos años se fue a vivir a otra ciudad y nuevamente me quedé solo. Desde ahí empezaron los problemas mayores, después de que él se fuera todos me empezaron a hacerme bullying, me trataban mal, me quitaban mis cosas y un chico de mi clase me amenazaba.

Empecé a sentir temor de ir a clases, mi excelente rendimiento académico se fue al piso, desde ahí mi vida cambió por completo, ese solo era el comienzo. Así como fumar te va matando lentamente, así mismo desde mis 12 años mi alma, mi felicidad y mi libertad fueron desapareciendo.

Después de dos años nos mudamos a otra ciudad y allí entré a cursar el grado 9. Entré a un nuevo colegio, tuve miedo, inseguridad, desconfianza y algo de tristeza en mi primer día de clases, todo esto debido a lo que ya había vivido en el otro colegio; parecía una hormiga perdida en el desierto, el lugar era enorme.

En ese colegio había un chico que vivía en mi barrio, pero él estaba en otro grado. Yo lo veía casi a diario, me atraía y mucho, realmente no sé si desde ahí o desde antes estaba empezando a ver a los chicos de otra forma, el caso es que mi manera de pensar cambió y mi vida también, más de lo que ya había cambiado. En fin, a ese chico yo no le agradaba, me miraba mal, con su mirada me hacía sentir como un bicho y sin siquiera conocerme.

Después de dos años y medio, nuevamente nos mudamos a otra ciudad que es donde actualmente vivo, en esta ciudad pude aprender muchas cosas sobre la vida, sobre las clases de personas que me rodean, allí aprendí que uno también puede amar a un amigo, pero amarlo como amigo o como un hermano, no como algo más pero esa parte de la historia la verán más adelante.

En mi nuevo colegio y salón de clases sólo me la pasaba con chicas, los chicos rumoraban cosas sobre mí, esto se debe a que normalmente un hombre común es grosero y despreocupado de su vestimenta y sus actitudes, en cambio yo soy educado, respetuoso y me preocupo por mi forma de vestir y el cómo me verán los demás. En resumen, soy un chico con valores, esto en un hombre es raro y se presta para malos entendidos, que en mi caso eran una realidad que yo ocultaba.

Antes pensaba que mis actitudes y pensamientos solo eran algo pasajero, una etapa de la pubertad, pero poco a poco fui madurando y me quité la venda, y me di cuenta de que la realidad era que sí me estaban gustando los chicos. En mi salón habían tres chicos muy atractivos, al menos para mí y un acercamiento a ellos era como un sueño cumplido para. Pero ellos eran o son muy machistas;  aunque había uno que se acercaba a veces, al menos no me rechazaba tanto como los otros dos.

Un día hablé con una compañera y le dije que deseaba trabajar, así que le pedí ayuda para encontrar algo y unas dos semanas después me dijo que había un club de golf donde podía trabajar. El día de la entrevista estaba muerto de nervios, también sentía inseguridad y desconfianza, todo por pensar en el qué dirán los demás chicos que trabajaban en ese lugar. Al final pasé la prueba y empecé a trabajar a la siguiente semana. En ese lugar aprendí más cosas fundamentales de la vida, el trabajo deja grandes lecciones. En ese lugar tampoco se hicieron esperar las críticas y rumores sobre mi orientación sexualidad, que siempre trataba de ocultar, yo solamente tenía vergüenza, temor y mucha más desconfianza de mí mismo.

Pasaron casi 10 meses y recién habían llegado unos 8 chicos nuevos a trabajar allí, yo trabajaba los fines de semana, días festivos y en vacaciones, porque en ese tiempo yo estaba haciendo grado 10°. Recuerdo que el 1 de Junio de ese año estaba en el trabajo y uno de los chicos nuevos preguntaba por mi nombre, me buscaba sin conocerme, pero ya sabía mi nombre y de repente me pregunto a mí mismo y pues yo le dije que la persona a la que busca era yo. Resultó ser que es el hijo de una ex-amiga de mi mamá, charlamos y desde ahí nos comenzamos a conocer, nos hicimos lo mejores amigos. Era maravilloso estar con él, hacíamos muchas cosas juntos, como salir, reír, discutir y muchas cosas más, ya saben, la clase de cosas que suelen hacer los buenos amigos.

Puedo jurar que nunca tuve malos pensamientos sobre él, era como un símbolo de respeto para mí. Fue además la única persona que supo lo que me sucedía, nunca se lo había dicho a nadie, él lo tomo muy normal, yo le dije que con su presencia y su amistad mis pensamientos estaban cambiando a la normalidad, les aseguro que esa era la verdad,  ya no pensaba en chicos,  no los veía en la calle con otros ojos, etc.

Después de un tiempo empezó a cambiar conmigo, me fallaba, me dejaba plantado cuando planeábamos salir y yo era de esos tontos que le perdonaba todo, hasta que me cansé y decidí terminar con mucho dolor esa gran amistad que se estaba debilitando.

El mismo día que esa amistad murió, un chico de un país vecino me agregó en mi cuenta de Facebook y me habló, él sinceramente era o es muy apuesto, atractivo y todo lo demás. Nos empezamos a conocer por el chat y nos hicimos muy buenos amigos, teníamos gustos similares y muchas cosas más. Después de un tiempo, me propuso ser su pareja y sin siquiera saber nada sobre mi orientación sexualidad, eso fue como si me echaran agua fría por sorpresa, no sabía qué decir, pero al final charlamos sobre eso.

Él me decía muchas cosas bonitas que nunca nadie me había dicho, en las fotos que yo publicaba comentaba cosas muy agradables, pero con disimulo, puesto que nadie sabía de nuestros gustos por los chicos, aunque a él también le gustan las chicas. Finalmente, decidí aceptar ser su pareja, me trataba muy bien, yo me sentía casi completo, por fin había llegado a mi vida esa persona que por mucho tiempo deseaba tener conmigo, me sentía perfecto. Tener a esa persona que en las mañanas te escriba un bonito mensaje de buenos días y demás, eso era lo mejor que me podía pasar, aunque era triste saber que él estaba en un país vecino al mío, pero a miles de kilómetros.

Su voz era hermosa, muy seductora y atractiva, sus fotos eran como las de un modelo, lo juro que parecía ser el chico perfecto. Desafortunadamente, las cosas perfectas no existen y la felicidad no dura mucho, unos meses después todo acabó por las constantes discusiones que teníamos por sus celos. Él era muy celoso y quería tener posesión sobre mí y yo no podía aceptar eso, así que se acabó esa relación. Yo no dejaba de llorar en silencio, me dolía mucho perder a esa única persona que a distancia me amaba tanto y que me dio tantas alegrías después de muchos años de soledad y tristeza, tuve crisis depresivas y soledad absoluta.

Termino mi historia con lo que hoy siento, con lo que he resumido y concluido en mi vida. Hoy en día ya estoy graduado de la secundaria, estoy estudiando idiomas, trabajo 12 horas diarias, mi vida es una rutina constante, tengo algunas amigas, pero cada una anda pendiente de su vida y hasta ya se olvidaron de mí o están ocupadas. No salgo con nadie, me siento solo, triste, a cada rato me dan crisis depresivas que debo superar yo solo, mi madre no sabe nada de el mundo en el que yo ando encerrado, ya que yo siempre le demuestro lo feliz que vivo “supuestamente”. No le cuento mis cosas, no por desconfianza, sino más bien por vergüenza. A veces me pregunto cómo tengo la gran capacidad y el valor para fingir que estoy bien, todos creen que soy un chico feliz y con pocos problemas (si supieran mi realidad).

En los últimos meses me he preocupado más por mi físico, mi forma de vestir, de actuar, etc. Poco a poco estoy cambiando, pero esto es difícil, mi autoestima va como una montaña rusa, solo que sube poco y baja demasiado. También he estado investigando obsesivamente sobre todo esto que me está pasando para saber qué tan normal o tan anormal es que a un chico le gusten los chicos, siempre encuentro lo mismo y nada responde mis dudas.

Durante todos estos años me he negado a mí mismo ser homosexual y últimamente he sido más tolerante conmigo mismo y a veces logro aceptarme, pero me siento como si estuviera cometiendo un crimen, es horrible sentir culpa. He decidido seguir mi vida y simplemente esperar a ver si llega esa persona con la que cada día sueño, solo deseo que en realidad exista.

Últimamente, a diario pienso que no soy nadie, que no valgo nada, que no hay nadie para mí, que soy un asco y que todos me ignoran y me rechazan, pero a la vez me siento observado como un extraterrestre, me siento más solo que nunca y todos los días mi mundo es un mar de nostalgia, casi todas las noches no puedo evitar llorar con una almohada para que nadie me escuche, oigo música que me tortura pero a la vez me permite desahogarme por un instante.

Mi paz, mi libertad y mi plenitud sólo las logro tener cuando estoy solo, me distraigo cantando y escribiéndole poemas a mi soledad.

Finalmente, solo desearía poder encontrar a esa persona que esté conmigo, que me ame, me respete y me de su todo así como yo estoy dispuesto al darle mi todo. Mi mayor deseo seria tomar un avión, irme lejos muy lejos a un lugar hermoso y aislado de todos y estar feliz con la persona que espero tener conmigo por el resto de mi vida.

Gracias por leer mi historia y a la página por permitirme darla a conocer.

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Renzo 21 años, Valparaíso

Q' eh lo q eh!Mis queridos amigos de Joven Confundido:

Como cada año llega la hora de enviar mi testimonio de vida, extrañamente he avanzado demasiado en este año.

En mi último testimonio les conté que tenía una pareja, bueno después de un año eso llegó a su fin.

A pesar de eso, saqué muchas cosas buenas, incluido el gran hecho que a muchos de nosotros nos tiene pendientes… SALIR DEL CLOSET.

Ese día que acabé mí relación salí del closet con mi mamá. No tuvo la mejor reacción esperada, pero me dio su apoyo y quiero quedarme con esto, es raro que cuando no hay esperanzas de nada la vida te sorprende con nuevos atisbos de oportunidad para hacer algo de nuestra vida.

Como estudiante de Psicología logro comprender algunas cosas de estos periodos y siento que me encantará ayudar a la gente en procesos como este.

Quiero cerrar dándoles gracias como siempre al maravilloso equipo que tienen, que con paciencia responden a todas las dudas que podamos tener y postean estos post lateros y llenos de dramas a veces que solo sirven para ayudarnos entre nosotros.

Quédate con quien te quiere, con quien te apoya, con quien quiere verte florecer feliz con lo que tú elijas.

Un abrazo para todos

Renzo

 

Lee los testimonios anteriores:

Renzo, 18 años, Valparaíso

Renzo, 19 años, Valparaíso

Renzo, 20 años, Valparaíso

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Diego, 17 años, La Serena. Chile.

MatthewHola, me atrevo a escribir después de mucho tiempo visitando la página, la cual considero un gran aporte hacia las personas que se sienten confundidas o en algún tipo de problema con su sexualidad.

Bueno, mi nombre es Diego y soy gay, nada afeminado ni nada que diga en un cartel soy gay. Estudie en un colegio de monjas (salí este año del colegio), bastante conservador, en el cual más de un 60% de los alumnos es mujer. En mi curso éramos 6 hombres. Desde chico siempre tuve atracción hacia mis compañeros en todo sentido, física y emocionalmente, pero nunca tuve nada con alguien, hasta como a los 12-13 años con un vecino, lo que fue sólo una aventura, nada serio. Al final, él se fue a vivir a otro lado y nunca más nos vimos.

No me gusta el fútbol, en realidad ningún deporte con pelotas, a veces me molestaban porque no jugaba y todo lo que conlleva eso, pero nunca nadie sospechó nada, porque había compañeros a los que tampoco les gustaba jugar.

Avanzando mi enseñanza media algo tenía que hacer para que nadie sospechara que era gay y empecé a tener relaciones pasajeras, ultra pasajeras con niñas, para que mis amigos no sospecharan nada, pero igual venían las tallas que porqué no tenía polola.

Debo decir que soy bastante carretero y que según mis amigos soy el alma de la  fiesta, el que tira las tallas y el que molesta por todo. Entonces nadie se da cuenta de mi homosexualidad, porque siempre hago cosas de hombres, porque para mí ser homosexual no significa convertirse en mujer o querer serlo.

En el año 2013 agregué a alguien a facebook de casualidad y empecé a conversar con este individuo, nada serio, siempre conversábamos cosas que nos interesaban a los dos. Un día X de este año lo invité a servirnos algo a lo cual el individuo accedió. Todo bien, nos juntamos y conversamos, todo hasta que él me pregunta ¿eres gay? Y como nadie sabía de mi homosexualidad, lo negué hasta lo último, pero al final igual le conté que sí, que era homosexual. Esta persona me dijo que no le iba a contar a nadie, que a él no le interesaba y yo igual me quedé tranquilo, si al final el no conocía a nadie de mi círculo.

Nunca he tenido una relación homosexual con nadie, por lo cual visito frecuentemente páginas gay en Internet. Es ahí donde traté de conocer gente, pero nada, debido a que las personas no buscan amistad sino más bien sexo, masturbaciones y cosas de tipo más eróticas.

Pasó el tiempo, pero el mundo es tan chico que un día X a las 21 hrs en punto una amiga me llama y va directo al grano y me dice ¿eres gay? Y yo como fuck!! ¿Qué onda? (mi corazón estaba a mil por hora) yo le dije no como se te ocurre  y ella me dijo “mañana conversamos en el colegio” y me cortó.

Al día siguiente después de una noche eterna en que no dormí pensando en qué decirle a mi mejor amiga, llegué a mi sala y ella estaba ahí, yo creo que estaba más destrozada que yo, me mira y me dice nuevamente ¿eres gay? Y me da el nombre de la persona X (la llamaremos Felipe) y yo me quedé para dentro. Se habían conocido en el preu, más encima se sentaban juntos.

Se produjo un silencio y yo la miré y le dije “sí, soy gay”. A lo cual ella estalla en llanto. No sé por qué,  yo creo que de pena, ella me dijo que por qué no le había dado algún indicio de que yo era gay, y es ahí donde yo le dije que yo seguía siendo la misma persona de siempre y que solo cambiaba que me gustaban los hombres y no las mujeres.

Paso este episodio en el cual mi amiga me dijo que a ella no le interesaba que yo fuera gay porque siempre ella iba a ser mi amiga pasara lo que pasara, me sentí demasiado apoyado por ella. Inmediatamente tomé mi celular e insulté hasta más no poder a Felipe, y este se hizo el desentendido. Nunca más supe de esta persona.

El que mi amiga se haya enterado fue un alivio, fue como sacarse un peso de encima. Pero esto está recién comenzando, mis padres aún no lo saben, pero se lo tomarán bien creo yo, por todo lo que hablan y dicen. El otro día estábamos viendo la TV y mostraron algo del gay parade y mi hermana chica dijo: mamá habían dos hombres dándose besos, mi mamá la mira y le dice son dos personas que se quieren y aman como yo con tu padre (mis padres son muy open mind, aparte los dos son muy jóvenes).

Lo único que me complica es que yo soy el único hijo varón, les romperé su esquema mental que tienen para mi futuro, pero nada que no se pueda solucionar. Sobre mis amigos(as),  ellos son muy liberales y no creo que esto rompa mi amistad con ellos, pero el tiempo dirá si realmente eran mis verdaderos amigos.

Disculpen me fui por las ramas, lo que yo quería decirles es que no hay que confiar en nadie que conozcan en Internet, ya que el mundo es demasiado chico y lo que tú le cuentes a alguien al poco tiempo lo va saber el viejo de la esquina y así sucesivamente.

Al final, las únicas personas en el mundo que saben que soy gay son mi amiga y Felipe. Ahora que se me abre un nuevo camino, la universidad, pienso contarles a mis padres y a mis amigos, a los cuales no les quiero seguir mintiendo y  por otro lado el miedo que me genera que esa persona X sepa de mi orientación. Preferiría decirles yo, que nuevamente él.

Para terminar yo les aconsejaría que ustedes mismos les cuenten a sus padres y amigos su situación y no a alguien desconocido como lo hice yo, debido a que les puede traer consecuencias un poco desagradables. Confíen en ustedes, si se sienten confundidos hay mucho material en Internet y aquí en joven confundido, también hay demasiados psicólogos que los pueden guiar, sean ustedes mismos no lo que la sociedad quiere sean.

Me encantaría conocer su punto de vista.

Muy buena la página un saludo a todos y en especial a joven confundido.

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Samuel, 20 años, Santiago. Chile.

Daniel KesslerEstoy escribiendo estas letras luego de pasar un rato leyendo testimonios… ¡¿Por qué no me enteré antes?!

En este instante puedo decir que no estoy confundido (aunque sí me cuesta un poco definirme, pero probablemente soy Bisexual) y la intención tras este testimonio es de empatía, quiero compartir mi historia que quizás pueda ser útil para otros.

Crecí en un colegio católico de hombres. Creo que esa es una de las razones por las que demoré tanto en ‘pegarme la cachá’. A diferencia de muchos testimonios que he leído, a mí me encanta jugar a la pelota, forcejear, hacer deporte y lo que sea. Por otro lado, tengo gustos no tan masculinos también… cuando tenía 15 y Justin Bieber saltó a la fama yo era su seguidor número 1 (era tan lindo…)

Volviendo a lo que nos concierne, nunca pude darme cuenta de que me gustaban los hombres cuando era chico. Mis compañeros eran mis partners, no podía mirarlos como algo más. Excepto a 1… En 1ero medio comencé algo así como una relación (hipersecreta) con uno de mis compañeros, que llegó a un punto de mutua dependencia emocional (e incluso física) por un tiempo. Luego, y hasta el día de hoy, él anda con niñas. No sé qué pasó ahí, yo estuve bastante feliz durante ese período, pero él insiste en que ‘no recuerda’ lo que pasaba.

En fin, por ahí por tercero medio ya tenía claro que me gustaban los hombres, aunque igual me negaba un poco. Era como mi placer culpable. Le conté a mi círculo cercano de amigos una noche de tragos, algo fría al comenzar la primavera y mi ‘salida de closet’ duró 5 minutos. Las reacciones incluyeron un par de preguntas, un par de bromas, y cambio de tema. Nada por lo que exaltarse.

Entrando a la universidad comencé a conocer gente, mujeres incluidas, donde tuve el despertar completo de mi orientación sexual. Me sentía tan bien porque me gustaran los hombres. O sea… solo hay que mirar alrededor!!!

Hace poco tiempo le conté a mis padres, tratando de no convertir la situación en algo ‘demasiado importante’, ya que para mí realmente no lo es. Obviamente me hicieron notar sus inquietudes, pero el lema es ‘sé feliz’.

Este último tiempo me he sentido completamente abierto, salgo con hombres en público (sin demostraciones de afecto demasiado grandes) y si bien he vivido experiencias negativas menores (sí, la gente mira), en general siento un nivel de tolerancia suficiente. Y sinceramente, si a alguien no le gusta el problema no es mío.

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Carta abierta de una persona arromántica a la comunidad sexual y romántica

the most human colorHola, soy arromántica.

            No, no soy una planta.

            Tampoco soy un robot.

            Esta no es una broma.

            Soy arromántica.

Esto significa que no siento atracción romántica hacia las personas. No me enamoro, nunca lo he hecho, y la verdad es que el tema tampoco me interesa. Es decir, aunque pudiese estar en una relación amorosa – porque no tengo ningún trauma ni impedimento al formar lazos, no quiero estarlo. Estoy feliz soltera.

También, estoy segura que no tienen idea de lo que estoy hablando. Dentro del espectro de la orientación sexual – que se considera más bien fluida que binaria, se puede ser heterosexual (atracción a un género único distinto del mío), homosexual (atracción hacia mi mismo género), bisexual (atracción hacia mi mismo género y otro(s) distinto(s) del mío) pansexual (atracción sin importar el género con que la persona se identifique), o asexual, que es la no experimentación de atracción sexual.

Ser asexual no significa que no puedas tener sexo, o que no puedas reconocer atractivo o belleza física en la gente. Tampoco tiene que ver con la libido, sino que tiene que ver únicamente con la atracción, con la inclinación a. Y no, las personas asexuales no son heterosexuales, no son necesariamente célibes, y no tiene nada que ver con los votos de castidad. Simplemente no sientes atracción sexual, no tienes necesidad de un “buen beso” así por el puro hecho de la hormona, o no quieres tener sexo ni ninguna actividad de ese tipo porque no te llama la atención.

Ahora, lo común es que asumamos que la orientación sexual es la misma que la orientación romántica, es decir, que nos sentimos dispuestos/capaces de formar lazos románticos con las mismas personas que nos atraen sexualmente. Esto no es sólo un problema de sobre-sexualización de los afectos y de la sociedad, sino también un error.

La orientación romántica no es necesariamente la misma que tu orientación sexual. La división de ellas, sin embargo, son más o menos las mismas, sólo que quienes no experimentamos atracción romántica, que es la sensación en las personas que genera deseo de una relación romántica, nos denominamos arrománticos.

Para nosotros no hay necesidad alguna de emparejarse con alguien por razones románticas, aunque podamos hacerlo. Lo que sentimos es amor afectivo – como el amor fraternal, el que se siente entre padres e hijos, o como el amor platónico, siempre y cuando no se considere este en su acepción popular, y errónea, de ‘amor imposible’.

Tenemos sentimientos, como cualquier persona, porque somos personas. Ser arromántico no significa que seas frío o que no tengas corazón. No significa que no seas una persona apasionada – a mí, en lo personal, me consideran y me considero una persona terriblemente intensa, apasionada, amiga de mis amigos, un poco enojona. Soy entregada a lo que estudio, a mis relaciones de amistad, amo a mis amigos, a mi patria, amo a mi gato.

Simplemente no tengo ningún deseo exclusivamente romántico hacia alguien. No me interesa estar en una relación, y no es porque no he encontrado a la persona indicada, o porque no se me ha dado la oportunidad. Entonces, ¿no tengo relaciones de ningún tipo?

No. Los arrománticos tenemos un término para ejemplificar el deseo fuerte de estar en una relación íntima con alguien, pero que no tenga romance – ni, opcionalmente, sexo, de por medio. Es una atracción afectiva intensa, algo así como un “enamoramiento” sin el romance: se llama arrobamiento. Es algo más fuerte que una mera amistad, aunque te arrobes de las personas que son también amigos tuyos.

Incluso constituimos relaciones en torno a eso, relaciones platónicas, que en inglés se llaman Queerplatonic Relationships. Yo estoy en una, con dos amigas, una de ellas es asexual, y la otra demisexual, sin orientación romántica definida (aún). Demisexual significa que sólo siente atracción sexual respecto de las personas con las cuales ya tiene un vínculo. No estamos enamoradas, no hay sexo de por medio, y no por eso cualquiera de las tres – hablo aquí también a su nombre, y les agradezco el apoyo que me han dado mientras escribo esto, dudaría en afirmar que somos “los amores de nuestras vidas”.

He estado en varias relaciones amorosas que terminaron siendo bastante desafortunadas. Tengo 21 años y he pasado la mayor parte de mi vida sintiéndome incómoda hacia las relaciones romántico-sexuales tal y como las tiene el común de la gente. Cada vez que estuve en un pololeo, o “andando” con alguien, fue porque decía que ‘si’ al asumir erróneamente que eso era lo que tenía que hacer, lo que se esperaba de mí, aunque nunca haya querido estar realmente en cualquiera de esas relaciones.

Cuando era niña – estamos hablando de tres o cuatro años, mi mejor amigo era mi vecino. Él tenía un hermano mayor, y les dije a mis padres que me “gustaba”. Hasta el día de hoy me lo recuerdan porque, cuando me preguntaron, entre carcajadas, si es que sentía mariposas en la guata, o si quería que me regalara flores, yo dije que no. Respondí que no, que simplemente me gustaba porque eso era lo que se suponía que tenía que pasar. Obviamente, esto lo formulé en términos mucho más infantiles.

La primera vez que fui consciente de sentir un afecto fuerte hacia alguien fue hacia mi mejor amiga, quien hoy es como mi hermana. Tenía 10 años, y no me imaginaba pasar el resto de mi vida – dentro de lo que significa “para el resto de la vida” a una persona de 10 años, con alguien que no fuese ella, porque no me entraba en la cabeza que no pudieses querer pasar tu vida con tus amigos. Ella me dijo que no, que así no se suponía que tenían que ser las cosas. Que claro que seríamos amigas, pero que tendríamos pololos, saldríamos a fiestas, quizás tendríamos hijos, una casa, una carrera, una mascota. Pero no, que no se suponía que pasaras la vida con tus amigos, se suponía que te enamorabas. Yo no entendía por qué.

En sexto básico, y principios de séptimo, entre mis compañeros de curso se impuso la moda de jugar al “Semáforo”. Es una especie de policías y ladrones, pero con besos: verde en la mejilla, amarillo en la mano, rojo en los labios, y nos turnábamos entre unos y otros para perseguir y ser perseguidos. Yo lo odiaba, pero no jugarlo, era pasar el recreo sola. Lo odiaba porque no lo entendía, lo creía un juego un tanto estúpido, y no lograba comprender cómo mis compañeras estaban tan interesadas en los besos y en llamar la atención de mis compañeros. Sabía que la gente se besaba y salía, y qué sé yo, pero para mí eso no pasaba en la vida real, ¿quién lo querría?

Eso pasaba en la televisión, con clichés sobre fuegos artificiales y música Billboard, con parafernalia y drama de secundaria gringa, sólo para darme cuenta de que era la única que pensaba así. Le llamaron pubertad tardía, me dijeron que algún día me interesaría, que llegaría la persona correcta. Hasta el día de hoy no me interesa, nunca quise a mi media naranja, porque puede ser que siempre fui una naranja completa que buscaba otras naranjas para hacer amigos. Buscaba al árbol, no a media fruta.

Pero, entre los 12 y los 21 hubo pololeos que llegaron con un sí desesperado ante la posibilidad espeluznante de no encajar, de saberte el bicho raro. Entre los 12 y los 21 hubo un primer beso en una fiesta del Colegio Verbo Divino, con un tipo que no había visto antes en mi vida, ya que la curiosidad fue más grande. Quería saber qué era lo que les llamaba tanto la atención a mis amigas, y quizás si lo intentaba descubriría el porqué.

No lo hice. No lo hice, y di pie a la lucha conmigo misma de adaptarme a un molde que no me correspondía. A la lucha ante la noción de crecer y quedarme sola, porque al igual que muchas otras personas, tenía erróneamente asumido que estar soltera era estar sola.

Con esos años entre los 12 y los 21 vinieron los llantos explosivos ante la posibilidad de que mi pololo de aquel entonces terminara conmigo, porque si bien no estaba enamorada de él, estar soltera era estar sola. Ante un grupo de amigas donde todas pololeaban, era quedarme fuera de algo que parecía no estar destinada a participar. Era consumarme como paria terminal, porque cuando tienes 16 el rechazo de tus pares te liquida. Que quieras ir en contracorriente del mundo no significa que quieras hacer lo mismo con tus pares.

Dentro de esos nueve años tuve un pololo a quien consideraba mi amigo, y pensé, ilusamente que si yo lo consideraba así, no había ningún problema. Claro que lo había, yo no era su amiga, era su polola, y soy un asco de polola porque el romance es un idioma que no hablo, es un idioma que no entiendo. Claro que lo quería, pero yo no estaba enamorada de él, cuando él sí de mí. Fue un desenlace desastroso. Con él hice mis primeras formulaciones sobre mi orientación, y a él más que a nadie le debo una disculpa por el daño colateral que causo mi negación.

La primera vez que identifiqué una atracción como arrobamiento tenía 18 para 19, y me dijeron que no era suficiente, que alguien más lo estaba esperando y había decidido salir con esa persona, aunque yo fuese su polola. Es decir, ¡hombre al agua! Ahora eres la ex. Fue la primera vez que sentí que mis esfuerzos eran insuficientes, y quizás cuando realmente comencé a comprender que no lo serían, porque eran esfuerzos para calzar en algo que no era mío.

Pasaron dos años, y puede haber estado en una relación con alguien a quien yo le gustaba, pero formulé mi orientación en voz alta por primera vez: soy arromántica, soy asexual. Creí que podría funcionar si era sincera, si dejaba claro que enamoramiento no era algo que se podía esperar de mí. Fue la primera vez que alguien me dijo, a la cara y sin decoro alguno, directa y confrontacionalmente que era inhumana, que si no consideraba el sexo una necesidad básica, entonces era como una planta, que como podía vivir si enamorarse era lo “normal”.

También fue la primera vez que en lugar de bajar la cabeza, di la pelea y dije “no me toques”. La primera vez que me permití renunciar a la presencia de alguien en mi vida, porque la guerra conmigo misma se había empezado a terminar: ser feliz conmigo, aceptarme y quererme como soy era, es, más importante que esconderme.

Cuando te han repetido toda tu vida que te tienes que enamorar, pololear, y casar; cuando vives escuchando bromas sobre mujeres solteronas o que se les fue el tren, cuando tus propios familiares te preguntan si no te asusta quedarte sola, porque las mujeres con tu personalidad, las mujeres tan intensas, espantan, como si estar soltera fuese lo mismo que estar en el desamparo máximo. Cuando te lo han repetido toda tu vida, llega un punto en que no puedes hacer más que explotar.

Enamorarse no es lo normal, es lo más común. El sexo no es una necesidad básica, porque si lo fuera – como sí lo es comer-, ya me hubiese muerto hace años por falta del mismo. ¿Y yo? Yo no estoy muerta.

¿Por qué, entonces, hacer una carta anónima si estoy tan segura y orgullosa de mi orientación? Por varias razones: en primer lugar, porque lo importante es el mensaje, no el mensajero. En segundo lugar, porque no pretendo que todo el mundo me crea, hay quienes dirán que esta carta abierta es la cúspide del relativismo, hay quienes dirán que estoy amargada, que se me fue el tren, o que soy una Sexual-Romántica traumatizada.

Mi carta no es para ellos, mi existencia no necesita de explicaciones ni analogías para ser más válida, mi vida y mi orientación es válida independientemente de lo que ellos digan.

Mi carta es para esas personas de la comunidad LGTBQIA que no creen en una sexualidad ni en una afectividad binaria. Mi carta es para aquellas personas que sabemos que la A en el acrónimo no debería otorgársele a los aliados – por muy importantes que sean-, sino a los Asexuales y a los Arrománticos. Mi carta es para esa persona que le pudo haber pasado lo mismo que a mí, que le puede estar pasado lo mismo que me pasó a mí.

Mi carta es porque la Aromantic Awareness Week – Semana de difusión del Arromanticismo, es del 10 al 17 de noviembre, y es la semana de mi cumpleaños. Pararme hoy, frente a la comunidad y decir sin miedo que soy arromántica es el mejor regalo de cumpleaños que me podría haber hecho.

No estoy muerta, dicen que la peor guerra es con la discriminación externa, el miedo a que te descubran con alguien de tu mismo sexo; miedo que, si bien viví, no se compara con el campo minado que se vuelve tu autoestima, amor propio y tu propia mente. Ahora, después de dos años de feliz soltería, amigos que adoro, y una queerplatonic relationship encima, por la cual trabajo día a día, codo a codo junto a dos personas más para que funcione, para mantenerla, por fin dije: “No más.”

No más angustia, no más mentirme a mí misma, no más sentimientos de inadecuación. Soy arromántica, no siento atracción romántica en grado alguno, y ni siquiera entiendo el romance, no me gusta coquetear, no me interesa el sexo, y ya no me da miedo quedarme sola, porque por fin me di cuenta que no estaba rota, porque nunca hubo nada que necesitaba repararse. Por fin entendí que soy distinta, pero no anormal.

En una sociedad donde las primeras preguntas que nos hacemos es si “estamos pinchando” con alguien, en una sociedad donde el amor se volvió un bien de mercado, donde seguimos haciendo bromas retrogradas sobre que se nos vaya el tren, las personas como yo, no deberíamos existir, olvidando que somos mucho más que nuestra orientación, o nuestro relacionarnos en el plano romántico.

En una sociedad donde tu validez está dictada por tu participación en el romance, la lógica del sistema dicta que las personas como yo no deberían existir. Sin embargo, existo, y el mundo debería aprender a lidiar con eso. Además, ¿qué es precisamente “lo normal” en un mundo de existencias únicas e irrepetibles?

Una arromántica-asexual.

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